Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Ana Milena López de Vélez

Creo firmemente que, aunque hoy no lo parezca, la marca Juan Valdez retornará a sus legítimos dueños. Ellos no pasarán. El bien general privará sobre el bien particular. ¿Cuándo? Hagan sus apuestas.


¡Ay, Diana Uribe! Estuve media hora esperando que terminara su espectacular programa por Caracol —"La Historia del Café y el Brasil"— para salir corriendo a escribir este artículo. Este domingo por la mañana ya se me había atravesado una espina en la garganta cuando escuché al actual gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Genaro Muñoz, celebrar a través de Noticias Caracol de las 8 a.m., repito, celebrar los diez mil millones de pesos de utilidades de la marca Juan Valdez.

¿Con quién celebraba? Pues con los accionistas de la empresa APROCAFE —léase exfuncionarios de la Federación Nacional de Cafeteros, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Cerveza Saab— Miller, algunos Pombo de Bogotá y los pocos miles de accionistas del sector consiguieron vincularse tardíamente con la venia de los primeros nueve iniciados. Este paño tibio sucedió después de que se alzaran voces de protesta ante el atropello y la ilegalidad con que le arrebataron al gremio sus derechos sobre la marca Juan Valdez. Y ese paño tibio hoy les sirve para decir que ellos son unas blancas palomas de paz.

El club de las palomas blancas es vencedor desde el año 2006, cuando crearon APROCAFE. ¡Qué tremendos empresarios! Desmontaron el mayor agro negocio de Colombia. Atacaron al gremio de los caficultores de Colombia y lo cogieron sin quien lo defendiera. Y se apoderaron de la marca Juan Valdez construida después de 60 años de esfuerzo y ahorro por cada libra de café cosechado en nuestros campos.

Al que le guste hacer cuentas —las hacemos en el paisaje cultural cafetero— que las haga. Diez mil millones divididos por 500 mil cédulas cafeteras que con su ahorro y el del gobierno hasta antes de Ernesto Samper, construyeron la marca dan... $20.000 pesitos.

Aunque simbólicamente esta es una excelente noticia para los caficultores, al menos nosotros preferimos continuar reinvirtiendo las utilidades y sólo recibirlas cuando lleguen al primer billón. Ahí nos tocará a cada familia excedulada de a dos millones: un millón para invertir en otras iniciativas empresariales y un millón para la fritanga y el regalito de fin de año, cuando compartimos con los trabajadores, sus familias y los de las fincas vecinas.

¿Qué dirá Pepita Pombo de nuestras celebraciones? Hemos visto por la televisión que ellos en Bogotá hoy pasean por Ibiza y mañana tendrán aviones ó yates parecidos al "Cristina de Onassis" por cuenta nuestra. Por aquí también hemos aprendido que esos grandes cerebros financieros sólo atienden a cifras que lleven el punto decimal en los mil millones. Todos los que sumemos de mil en mil, de millón en millón y hasta de cien en cien millones, no existimos, no tenemos voz. Escasamente votos fantasmas.

¿Recuerdan que en el artículo "Los dueños de Juan Valdez" les pedíamos a nuestras viejecitas oraciones diarias y una veladora encendida para ver si algún hijo abogado —o un bufete de abogados de renombre por ganar sus casos— comenzaban el proceso para devolver a los caficultores la marca Juan Valdés? Pues todavía nada. Por eso el buen humor de Genaro y sus amigos.

Porque no han valido las tutelas, las acciones populares, las demandas. Muy por el contrario, eso se ha devuelto en contra de los que tomaron la decisión de interponerlas, creyendo en la justicia colombiana. Con la correspondiente hecatombe en las familias de los demandantes.

Yo creo firmemente que, aunque hoy no lo parezca, la marca Juan Valdez retornará a sus legítimos dueños. Ellos no pasarán. Ellos no pasarán. El bien general privará sobre el bien particular. ¿Cuándo? Hagan sus apuestas.

Y llegará el día en que, como colombianos y como miembros reingresados a la agroindustria del café, podremos celebrar los éxitos de esta marca comercial tan querida en el planeta.

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