Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Alberto Franco

El fiscal general, el contralor y el procurador son los encargados de atacar a ese monstruo que se ha apoderado de las instituciones del Estado y que amenaza a nuestro remedo de democracia.


Colombia cuenta con tres espadachines que hoy enfrentan a la corrupción: Néstor Humberto Martínez, fiscal general; Fernando Carrillo, procurador; y Edgardo Maya, contralor general. Elegidos por ternas presentadas al Congreso, con el lobby necesario para sumar lealtades que les permitieran ser escogidos por los representantes del pueblo (así es aquí y en todo régimen democrático) y con “cero” propuestas para amarrar adhesiones a cambio de favores non sanctos. Néstor Humberto Martínez Neira, uno de los abogados más prestigiosos del país y con una abultada hoja de vida plena de realizaciones, tendrá entre sus retos más visibles que desenredar esa tupida telaraña tejida por Saludcoop y Palacino, que el exfiscal Montealegre no pudo, o no quiso aplastar. El exfiscal fue contratista de Saludcoop... y esas asesorías poco sirvieron ante la debacle ya conocida, su liquidación y el fatal desempeño por quien recibió ese entuerto envenenado: Cafesalud, hoy en vía de desaparecer y con seis millones de usuarios afiliados.

¿Y en qué quedó el pleito del exfiscal Montealegre con la excontralora Sandra Morelli, que sí le pisó los callos a Saludcoop? “Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé y Bernabé le cascó a Muchilanga”. Acusaciones y escándalos por doquier, pero nada de resultados, fallos ejecutoriados ni culpables. Hoy nadie sabe nada con certeza.

Al fiscal Martínez Neira le reventó en sus manos los sobornos de Odebrecht en las campañas políticas de Santos en 2010 y 2014 (reelección de Santos frente a Óscar Iván Zuluaga, para ambos hubo dineros para publicidad por parte de esa trasnacional de la corrupción). Y habrá que esperar cuántas triangulaciones se hicieron en el exterior por los directivos de las campañas del Partido de la U y del Centro Democrático y dónde fueron a parar las contribuciones.

Está aún en investigación de la Fiscalía el contrato con el consorcio Navelena, en el cual Odebrecht es socio mayoritario, que se presume recibió un crédito de 120 mil millones del Banco Agrario y 1.2 billones de pesos de un crédito de Findeter, recursos del Estado que entrarán en pleitos que nunca terminarán. Ojalá nuestro fiscal salga avante desenredando esa madeja, en medio de un laberinto donde hay más hipótesis, indicios y evidencias que no dejan dormir a muchos.

¿Y de Reficar qué? Ese voluminoso expediente fiscal promete sorpresas: ministros, gerentes de Ecopetrol, miembros de juntas directivas, contratistas, subcontratistas, interventores, banca de inversión, etcétera, están en el radar del contralor general, Edgardo Maya. Como buenos espadachines, también el contralor y el procurador nos dirán cómo fueron los sobrecostos y obras adicionales, entre otros, de esa refinería en Cartagena que terminó costando el doble. Centenares de presuntas coimas y sobornos, hoy en investigación, saldrán a la luz cuando prendan motores las campañas políticas de varios aspirantes a la presidencia.

Si la infraestructura de Vías 4G equivale a cuarenta billones de pesos, nos preguntamos si algunas estuvieron permeadas o infectadas por sobornos. Eso lo dirán en su momento los tres espadachines. Si Odebrecht, según los gringos, pagó once millones de dólares por corruptelas en Colombia, en este monto, presuntamente, estarían involucradas la Ruta del Sol y el proyecto del río Magdalena, y otras más aparecerán, sin duda.

¿Hemos tocado fondo como una democracia fallida, hoy untada de mermelada que alimenta a casi toda la clase política, el Gobierno y un amplio sector de contratistas? La contratación regional, menos voluminosa que la nacional, es tan perversa y cuantiosa como la adelantada en escenarios deportivos (juegos nacionales en Ibagué) y en casi todos los departamentos de la Costa Atlántica. Hoy la corrupción desborda a Colombia, con alcaldes populares que invierten fortunas inmensas para llegar al poder, “colinchados” en sus campañas con contratistas de tres en conducta.

No soy optimista sobre lo que viene, parece que nuestro ADN corrupto se ha sofisticado tanto que mañana (las elecciones para Congreso y Presidente están encima), o nunca, pasará nada, o los pájaros terminen tirándole a las escopetas.

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