Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Alberto Franco

En 1980, el presidente Turbay Ayala sostuvo que había que reducir la corrupción a sus justas proporciones, mientras Lleras Restrepo, Galán y Mockus intentaron impedirla del todo. Estos últimos perdieron la batalla.


Jorge O. Melo, columnista de El Tiempo, en su artículo "La corrupción útil" (marzo 26 de 2014) expresa que «en la revista The Atlantic, Jonathan Rauch escribió el mes pasado "En defensa de la corrupción". En su opinión, lo que se ha logrado en Estados Unidos, al impedir que el presupuesto se distribuya con criterios políticos, es debilitar la democracia: en vez de políticos hábiles, capaces de negociar el presupuesto considerando las ventajas de todos, la obsesión ética llevó el sistema al caos y paralizó el gobierno federal».

Todo parece indicar que George Washington distinguía entre chanchulleros honestos y deshonestos, estos últimos no consideran el interés público y el dinero es para beneficio propio. Los honestos, en cambio, "defienden sus intereses, los del partido y los de la ciudad al mismo tiempo". Nuestros dirigentes necesitan favorecer a sus electores, llevar obras a las regiones (¡cómo se parecen los colombianos a los gringos!) e imponer disciplina a sus partidos, lo cual se consigue con dinero. Por allá en 1980, el presidente Turbay Ayala sostuvo que había que reducir la corrupción a sus justas proporciones, mientras Lleras Restrepo, Galán y Mockus intentaron impedirla del todo. Considero que estos últimos perdieron la batalla.

En la actualidad, la corrupción puede llegar a detrimentos patrimoniales por veinte billones al año, más del tres por ciento del PIB. ¿Cuándo se jodió Colombia? La elección popular de alcaldes (desde 1987) prendió los motores del robo descarado y sin escrúpulos chanchulleros y de cuello blanco, que ni procuradores, fiscales, jueces y tribunales han podido parar.

Muchos de nuestros analistas sociales culpan al mal ejemplo que nos dejó el narcotráfico. Una sociedad permisiva y conciliadora con esa cultura "traqueta" del "todo vale" se plegó a la codicia y la arrogancia mafiosa y, por los laditos, aprendió muy fácil a lucrarse sin escrúpulos, cómo cumplir la ley de la "omertà" (ley del silencio bajo la cual los delatores o "sapos" pasan a mejor vida) y cómo perpetuar el perverso y antisocial "mandato" de la mamá del sicario: "mijo, traiga platica cómo sea... pero no llegue limpio"; todo ello reforzado con la oración a la virgen (de los sicarios, en la novela de Fernando Vallejo).

Hoy, el gobierno santista (Unidad Nacional) utiliza los "cupos indicativos del presupuesto nacional" para que senadores y representantes se comprometan en sus regiones con obras de infraestructura o inversión social. Los congresistas consiguen con qué favorecer a sus electores, el gobernador o alcalde recibe los auxilios disfrazados y señalados por el presidente y/o el ministro, y direccionan las licitaciones y la adjudicación de los contratos a contratistas, previamente convenidos con el congresista. Resultado: se construyen elefantes blancos u obras de mala calidad, se genera empleo para los electores del senador y la obtención de la curul queda así asegurada. Los "Musa" y "Ñoños" (senadores por el departamento de Córdoba) son un buen ejemplo de la mermelada corrupta del gobierno: con dos cupos indicativos por 300 mil millones de pesos obtuvieron casi 300 mil votos, y el muso–ñoñismo de la "U" obtiene una de las votaciones más altas del país, después de Robledo (Polo). ¿No es corrupción esta inveterada práctica, que arruina nuestra democracia?

Fernando Cepeda Ulloa, en su artículo "¿Clientelismo = corrupción?" (Diario El País, marzo 28 de 2014), establece una diferencia entre lo uno y lo otro. Dice Cepeda Ulloa, por ejemplo, que «el clientelismo no es corrupción, pero puede llevar a la corrupción». Expresa, además, que «la corrupción en Colombia encontró terreno abonado por la deformación del clientelismo que fue evolucionando hacia formas de corrupción que han ido adquiriendo una dimensión, en ocasiones, descomunal». Bueno, parece que Cepeda Ulloa descubrió que el agua moja.

Pero donde sí es contundente Cepeda Ulloa, es cuando manifiesta que «el afán de enriquecimiento que se desató a partir de olas de criminalidad que no fueron atacadas a tiempo y con la contundencia debida: los esmeralderos, el tráfico de drogas ilícitas, el contrabando, el lavado de dinero; el debilitamiento de los valores tradicionales como consecuencia del reducido papel de la religión, del sector educativo y de la familia; la exaltación mediática de la ostentación y de la riqueza, sin reparar en su origen; la pérdida de la vergüenza en el comportamiento familiar y social: el corrupto ya no existe, lo que tenemos son organizaciones criminales en las que participan el padre, los tíos, los hermanos, la empleada, el chofer, algunos funcionarios etcétera. Al no existir sanción social ni familiar, ni religiosa, el comportamiento se relaja hasta extremos impensables. Y la sanción judicial no opera en este ambiente tan carente de valores y de otros factores». Y cuando dice que «el clientelismo (la influencia en la asignación de puestos y partidas presupuestales para obras públicas) ha sido algo que ha acompañado la vida política aquí y en Cafarnaúm. Su deformación, su desviación hacia el beneficio personal y de parentela lo transforma en corrupción. Y en un ambiente como el colombiano va derivando en crimen organizado y en la captura de gobiernos regionales y municipales o de agencias gubernamentales por organizaciones de naturaleza criminal».

Pero todas estas crudas y descarnadas verdades expresadas por Jorge O. Melo y Fernando Cepeda Ulloa caen en el vacío, pues en este país hasta su presidente, quien no ha enfrentado con firmeza a la corrupción, da mal ejemplo. Es indubitable que al presidente Santos muchos problemas le han estallado en las manos y son indubitables también sus fracasos en las reformas que intentó realizar a la salud, la educación, la justicia y al régimen penitenciario. A lo que se suma la carencia de control en la intervención de Interbolsa, la total incapacidad en la adopción de una política agraria y de tierras, la crisis ambiental aguda generada por la perversa locomotora minera, el fallo adverso de la Haya y tantos otros fracasos que desnudan al hoy candidato–presidente, quien, se presume, puede ser derrotado en la segunda vuelta.

Comentarios

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Comentarios  

0 #2 Jorge Londoño Ariza 09-04-2014 07:06
Primera vez que le leo algo a Franco que me deja alguna utilidad. Me deja rabia, me abre aún más los ojos, los apoyos de Fernando Cepeda me construyen. Es un buen artículo que deja conocimiento, aporte para uno sacar sus propias conclusiones y enseñanza en un tema tan difícil; y nos deja una realidad, en la que se quedó por fuera la corrupción del elector, que al final es el culpable de todo esto. La masa electoral que nos involucra a todos en la desfachatez, que nos hiere y nos hace sentir culpables por no poder escapar a un sistema permisivo y mordaz. Una comunidad vendida, corrupta, envidiosa, criminal, defensora de su propios yugos, masoquista, muertos de hambre en una gran mayoría, que provoca todos nuestros males, se dejaron meter en la ignorancia y no ha querido salir adelante con su propio esfuerzo. Pueblo codicioso, cómplice, alcahueta que justifica todo lo que produzca dinero no importa la sangre que corra y la violencia que genere. Los colombianos somos un pueblo de mierda...
0 #1 Raúl Ospina Giraldo 05-04-2014 07:47
El Pueblo ya no traga entero, en su última calificación a la gestión del actual presidente lo rajo en Salud, seguridad y lucha contra la corrupción. Esperamos que se vea traducido este rechazo en las urnas el próximo 25 de mayo.

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