Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

La historia alternativa constituye una de las vertientes adicionales para pensar sin categorías, o más allá de las categorías. Se trata simple y llanamente de la más apasionante y difícil de las tareas: pensar, pensar libremente. Y narrar entonces, muy bien, lo que se piensa.


El más grande peligro para entender la sociedad, el mundo y la historia en general es el determinismo histórico. Según éste, la historia —por tanto, por extensión la economía, la política y demás— no es otra cosa que lo que sucedió y no hubiera sido posible que hubiera tenido de otra forma que como aconteció. Es exactamente por el determinismo histórico que existe la creencia, subsecuente, pero errónea, de que la historia acontece por vía acumulativa.

El positivismo histórico es emblemático, institucionalista y aboga por el realismo (Realpolitik) cumpliendo así una función política bien determinada. Es el tipo de historicidad que gira en torno a fechas, acontecimientos, nombres y monumentos. Punto. Ya Nietzsche se pronunció contra la historia monumental.

La historia, sostenía con acierto un historiador del siglo XX (H. White), no es otra cosa que lo que el historiador dice que es. Por ejemplo, que sucedió. De aquí la importancia de narrar muy bien lo que sucede o lo que aconteció. Pero, al mismo tiempo, esto explica también la importancia estratégica de esta ciencia, y el hecho de que, al mismo tiempo, sea políticamente incorrecta.

Pues bien, como es sabido, la historia no se hace simple y llanamente con los métodos propios —archivística, distinción entre fuentes primarias y fuentes secundarias, la inferencia estadística, los argumentos mediante analogías, la tradición oral y otros—. Adicionalmente, la historia se hace con base en tropología; esto es, el recurso de figuras literarias (anadiplosis, zeugma, hipérbaton, prótesis, prosopografía y otras). Aunque existen antecedentes, prácticamente se trata de un movimiento interdisciplinario que se gatilla a partir de los años 1950 hasta la fecha.

Las fronteras entre la historia y la literatura son bastante menos rígidas de lo que una mirada académica pudiera hacerlo pensar. De manera general, cualquier buen científico debe, además, ser un buen narrador o contador de historias (story–teller).

Pues bien, la historia alternativa —también conocida como historia alterna (alternative history, alternate history)— es un género que se sitúa más cerca de la literatura —en el mejor de los sentidos— que de la ciencia de Clío (lo que quiera que ello sea). El argumento de base de la historia alternativa consiste en un distanciamiento de la historia “oficial” o “real”, para concentrarse en variaciones de la misma a partir de razonamientos tales como “¿qué hubiera sucedido si? (What if?)”. La lógica de contrafácticos resulta de gran ayuda en este plano.

De manera atávica, la historia alternativa juega con cruces de tiempos y cruces de actores, quiebres de tiempo, en fin, hebras de la historia que pasaron como menores, pero que pudieran haberse hecho mayores, por así decirlo.

Otra manera como se conoce a la historia alternativa es como ucronía —y que designa aquellos acontecimientos y sucesos que no sucedieron en el tiempo real u oficial, sino que quedaron por fuera suyo, pero que, posiblemente, hubieran alterado significativamente el curso de los acontecimientos. Como quiera que sea, es en este punto en donde la literatura y la historia coinciden y se refuerzan mutuamente para brindar más y mejores luces sobre el mundo, la sociedad y el tiempo.

La ficción histórica y la literatura histórica constituyen dos caras de una sola y misma moneda, cuyos perímetros, sin embargo, son móviles y amplios. La ciencia ficción y la literatura fantástica, pero con base histórica, los universos ficticios y el permanente uso de la imaginación permiten tomar distancia con respecto al determinismo.

Lo cierto en cualquier caso es que el presente podría haberse desenvuelto de otra manera que como tuvo lugar. Nada en el pasado determina la historia del presente y ciertamente no de manera absoluta. (Entre paréntesis, la historia alternativa y la buena teoría cuántica coinciden en este plano, un tema que, sin embargo, debe quedar aquí por fuera por motivos de espacio. El tema de base es la idea de la teoría cuántica de la multiplicidad de mundos, una de las interpretaciones de la mecánica cuántica). Las ironías de la interdisciplinariedad en contra de las tradiciones disciplinares rígidas.

De esta suerte, la creación de divergencias históricas constituye un serio motivo de reflexión. Pues bien, lo fantástico es que la lista de libros, autores y trabajos en la dirección de la historia alternativa es amplia, sólida y creciente. Existen trabajos maravillosos que van desde el descubrimiento de América hasta la historia de Inglaterra, desde la segunda guerra mundial hasta la crisis de 1929 en Estados Unidos. Pero también autores del calibre como H. G. Wells hasta Philip K. Dick, Nabokov, Ph. Roth o Asimov, entre muchos otros. Una lista de libros sobre historia alternativa está disponible en List of alternate history fiction (Wikipedia). Una mirada cuidadosa permite ver la variedad, la amplitud y la profundidad de los estudios en el campo. En español la lista de libros es bastante más limitada. Pareciera como si el uso de la libertad y la disposición al cruce de campos del conocimiento en español es aún una cuestión de deseos y propósitos.

El hecho determinante aquí es que la historia alternativa constituye una de las vertientes adicionales para pensar sin categorías, o más allá de las categorías. Se trata simple y llanamente de la más apasionante y difícil de las tareas: pensar, pensar libremente. Y narrar entonces, muy bien, lo que se piensa. Esta es la verdadera esencia o el ABC de la buena ciencia.

Desde el punto de vista epistemológico, el determinismo, que es la filosofía de todo realismo, trabaja y se funda, abierta o tácitamente, con categorías y categorizaciones. Por ejemplo, con la distinción de géneros literarios. Lo que no es sino una forma de convertir a la realidad en un fenómeno rígido. Al fin y al cabo, mantener a la gente en compartimentos aislados es cómodo y fácil. Y evita pensar.

La historia alternativa no es propiamente un campo en la historiografía. Pero por eso mismo constituye un motivo para pensarlo dos, tres veces. Y, sobre todo, para disfrutarlo. En verdad, la lectura de los trabajos sobre historia alternativa son refrescantes y oxigenadores. Una razón para volver la mirada hacia ellos.

Comentarios

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Comentarios  

0 #2 Carlos Eduardo Maldonado 03-12-2016 12:08
Querido Luis Fernando, Muchas gracias por tu amable comentario. Finalmente, creo, se trata de pensar sin categorías. Por ejemplo, sin géneros literarios. Y la historia alternativa es un buen medio para ello. Sin desconocer, claro los propios motivos y contenidos de una serie de muy buenos libros. Un abrazo
+1 #1 Luis Fernando García Núñez 03-12-2016 09:56
Apreciado profesor:

Muy oportuno este texto y más porque son varios los libros de historia alternativa que tenemos para leer en estos días. La novela de Gonzalo España, "Odios fríos", es ocasión propicia para desentrañar la esencia de sucesos como la pérdida de Panamá y, de paso, reconocer la fatídica carga que hemos tenido que sufrir por los odios, las venganzas, las intrigas palaciegas y la mezquindad de cierta dirigencia enferma de poder. En buena hora este análisis.

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