Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

El más importante significado de una novela total es que cada una es diferente a las demás, cada una es un universo propio, no existe una canónica de lo que es una novela total, y cada una está autocontenida, pero nos lanza más allá de nosotros mismos.


No es el comienzo, sino la consagración de una carrera personal y literaria. Escribir una novela total es el sueño callado, inconfeso, de todo gran escritor; y el sueño compartido en veladas secretas u oscuras, de todo buen lector. La novela total.

Si bien existen antecedentes de lado y lado de la geografía, como el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell o el propio Quijote de Cervantes, hasta el nunca bien ponderado La historia de Genji de Murasaki Shikibu, puede decirse que los orígenes modernos de la novela total es ese sueño largo y sistemático de Balzac: La comedia humana —en varios volúmenes.

También en el siglo XIX encontramos de M. Proust En búsqueda del tiempo perdido, y el infaltable La guerra y la paz de L. Tolstoi. Obras en las que los autores dejan su alma, su corazón y su vida, como en toda novela total. O esa cumbre singular que es Madame Bovary, de Flaubert, sin olvidar, inaugurando el siglo XX, jamás, el Ulises de J. Joyce, un libro infaltable en la memoria de todo buen lector.

Se trata de obras colosales, de cientos y cientos de páginas, aunque no siempre tiene que ser así. De volúmenes algo más pequeños, encontramos Pedro Páramo de J. Rulfo —la más pequeña de todas las novelas totales—, Cien años de soledad de G. García Márquez o acaso también La guerra del fin del mundo de M. Vargas Llosa. Y para completar el panorama en América Latina, esa joya que es 2666 de R. Bolaño.

Sin embargo, mi propósito aquí no es elaborar una lista (incompleta) de las novelas totales, y menos un estado del arte. Para ello hay otros espacios y tiempos. (Los filósofos, a su manera, tienen una estupenda novela total: La fenomenología del espíritu, de Hegel, la mejor novela de toda la historia de la filosofía occidental).

Hace tiempo los psicólogos y pedagogos han dejado establecido que sólo cuatro cosas enseñan a pensar: la música, las matemáticas, la filosofía y los idiomas clásicos o algunos idiomas modernos. La idea de base es que pensar significa pensar al mismo tiempo en el todo y en los detalles, algo que se puede ilustrar sin dificultad en cada uno de estos cuatro campos. Pues bien, quiero sostener que la novela total también enseña a pensar —pero sólo a los adultos; esto es, a aquellos que al mismo tiempo pueden jugar y establecer diferencias entre la ficción y la realidad (algo que no es ni evidente ni fácil en el caso de los niños).

No hay una canónica de lo que se sea una novela total. Sin embargo, sí hay varios rasgos generales que son infaltables en una novela para que lo sea. Algunas carecen de comienzo y de final, pero hay otras que sí lo poseen y son totalizantes. En cualquier caso, como la vida misma, está compuesta de varios relatos, muchos de los cuales se cruzan, mientras que hay otros que acontecen en paralelo, sin contacto directo entre ellos. La realidad y la fantasía se cruzan, se entrometen, se alimentan mutuamente y se diferencian: pero nunca es enteramente claro cómo ni en dónde.

Existen, por tanto, historias reales e historias ficticias, humor y odio, ironía y sarcasmo, verdad e imaginación, y nos vemos arrastrados por ellos, pero no sabemos muy bien dónde comienza el uno o el otro; o dónde terminan.

La literatura juega con los datos, las evidencias y los hechos. Pero es libre con respecto a ellos. La libertad de la literatura no es otra cosa que la libertad de la existencia misma, pues hay que reconocer que los seres humanos verdaderamente libres o auténticos, no saben de planos, contextos, marcos, perímetros o categorías. Además, saben de flujos, movimientos, cruces, procesos, dinámicas y tropos.

Una novela total se incuba a lo largo de muchas, muchas lecturas, anotaciones y reflexiones, trasnochadas y largas jornadas de mucho trabajo. En varias ocasiones una novela total ha sido póstuma o ha quedado inacabada —una ironía de la vida (una ironía, como la vida misma)—. Detrás de una novela total hay mucha investigación, combinada con magníficas dosis de erudición e inteligencia. Sin ambages, se trata de la obra de un genio o de una obra genial —esa categoría que está más allá de las categorías—. En una época de banalidades, al genio lo descubrimos sólo cuando lo/la vemos.

Desde luego que existen grandes, magníficas novelas. La lista es tan amplia como se prefiera. Pero están, además, en una dimensión propia, aquellas que son novela total. Una manta que contiene todos los tejidos imaginables, todos los estilos, y hebras que pueden estar disponibles o que son imaginables. La novela total es aquella que de entrada nos captura, y de la cual, a lo largo de cientos y cientos de páginas, no podemos sustraernos. Algo complicado en una época de literatura fácil, de noticias planas, de canciones de tres minutos y de películas y series con risas pregrabadas e ingenieradas.

La novela total nos ofrece una visión prismática del mundo, de la realidad, del alma humana. El manejo de la cotidianeidad es una sinfonía muy bien tejida con la biografía, el análisis social y la perspectiva histórica. La novela total es la novela imposible con la que sueña —de día o de noche, despierto o entre imágenes cambiantes— el escritor —luego de haberlo intentado todo y de haberse ensayado a sí mismo.

La novela total nos permite una comprensión total del mundo, de la vida, de los seres humanos —más allá de la geografía, o con ella precisamente—. La condición humana (lo que remite a ese libro esencial de Malraux, por lo demás). Cada novela total es una verdadera inflexión en la literatura, y luego, nada vuelve a ser lo mismo. Hasta la siguiente gran inflexión. Mientras tanto, colinas, altas montañas, picos de diversa estética y tamaño, y algún valle y abismo, cuando no alguna zona costera.

Si Hegel sostenía que la filosofía es una época elevada a concepto, la novela total es un haz del mundo elevado a relato —a bastante más que a relato, pues también hay mucho concepto, muchas intuiciones, mucha reflexión y antojos y caprichos. Todos muy bien tejidos, brillantes.

El más importante significado de una novela total es que cada una es diferente a las demás, cada una es un universo propio, no existe una canónica de lo que es una novela total, y cada una está autocontenida, pero nos lanza más allá de nosotros mismos al mismo tiempo.

Es apasionante el concepto. Los físicos, los biólogos o los matemáticos jamás han pensado ni se han acercado a una idea semejante. La ciencia permanece prisionera de los hechos y los datos. La literatura, por el contrario, posee una libertad infinitamente mayor que la ciencia, aunque en el imaginario del pensamiento sea algo desconocido, o que va de suyo. (Acaso la única excepción en las ciencias se encuentre en las matemáticas, en ese capítulo singular que es el Programa Langlands —algo que será el objeto de otro texto aparte—. El Programa Langlands, la búsqueda de la gran síntesis en matemáticas).

La novela total es ficción, pero que desborda ampliamente la división de los géneros literarios, el trabajo con categorías, el plano de delimitación de conceptos y de figuras literarias, en fin, que desconoce abierta y deliberadamente los límites del pensamiento —en cualquier acepción o gama de la palabra—. La más alta libertad del espíritu humano en el plano de la creación cruzada, la mejor expresión de la verdadera interdisciplinariedad —una fruición leerla— cuando amamos esas obras monumentales que son novela total.

Comentarios

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Comentarios  

0 #1 Pablo Emilio 23-01-2017 18:46
interesante articulo

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