Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

Las lógicas no clásicas han emergido y, sin embargo, sorpresivamente, no constituyen un motivo explícito y directo de trabajo, ni en la academia, en ciencia, o en la gran base de la sociedad. Una explicación parcial seguramente tiene que ver con un cierto desprecio hacia el pensamiento abstracto.


Desde mediados del siglo XX y hasta la fecha, emergen las lógicas no clásicas. El panorama es amplio y sugestivo. Entre otras, se encuentran la lógica modal, la lógica multimodal, la lógica de la relevancia, la lógica del tiempo, la lógica difusa, las lógicas polivalentes, la lógica de la demostración, la lógica libre, la lógica probabilística, la lógica epistémica, la lógica dinámica, la lógica cuántica, la lógica paraconsistente, la lógica erotética, la lógica de la ficción, la lógica de fibra, la lógica híbrida, la lógica intuicionista, la lógica de la interpretación, la lógica condicional, la lógica alética, la lógica doxástica.

Y continúan naciendo hasta la fecha. Dicho de forma negativa de acuerdo con un gran lógico del siglo X, se trata, en todos los casos, en contraste con la lógica formal clásica, de “lógicas sin metafísica”.

Pues bien, las lógicas no clásicas (LNC) tienen varios nombres. Y ello nos sitúa en el centro de sus alcances, posibilidades, significación.

  • De un lado, cabe legítimamente hablar de las LNC como sistemas alternativos de notación. La lógica formal clásica se formaliza y nace al mismo tiempo como un sistema de notación bivalente; esto es, centrada en dos valores: verdad y falsedad. Este sistema de notación es conocido igualmente como lógica simbólica o lógica matemática. Pues bien, las LNC son sistemas alternativos de notación en cuanto que crean otros cuantificadores, otros signos de negación y de inferencia, y otras formas de formalizar los lenguajes naturales y los artificiales.

  • De otra parte, las LNC son igualmente conocidas como lógicas alternativas. Esto es, alternativas a la lógica formal clásica. En este sentido, las LNC se erigen como alternativas al pensamiento normal que ha imperado en Occidente en los últimos veinticinco siglos, y son, por tanto, alternativas a la canónica de pensamiento habida, al modo de entender el mundo y la realidad. Consiguientemente, sin ambages, las LNC son lógicas revolucionarias.

  • Asimismo, las LNC son conocidas en tanto que lógicas filosóficas. En este sentido, se ocupan de los problemas filosóficos que la lógica clásica es incapaz de resolver y en muchas ocasiones ni siquiera de abordar. En cuanto lógicas filosóficas, instauran otras formas perfectamente diferentes de pensar y, por lo tanto, de vivir. Con una salvedad fundamental: y es que las LNC, en absoluto, no deben ser consideradas como organon del conocimiento, como creyera Aristóteles. Las LNC son lógicas del mundo, de cualquier fenómeno que se considere, en fin, de las diferentes formas de comprender y de decir el mundo.

  • Finalmente, el cuarto modo como son conocidas las LNC, es como lógicas divergentes. En este sentido, las LNC no convergen ni son estrictamente extensiones de las lógica formal clásica, sino, por el contrario, formas diferentes que implican manifiestamente bifurcaciones en las relaciones y, muy significativamente, en las inferencias reales o posibles acerca del mundo y de la realidad. No hay convergencia, por consiguiente, unanimidad, mayoría, consenso. Por el contrario, se trata, a todas luces, de matices, gradientes, variaciones acerca de la vida y el universo.

La verdad es que hay algunas lógicas que sí son extensiones de la lógica formal clásica. Sin embargo, la mayoría sí son, manifiestamente, alternativas, divergentes, revolucionarias, con respecto a la lógica habida desde la Grecia antigua hasta su formalización como lógica de predicados o lógica proposicional.

Los nombres son importantes. Designan una actitud ante el mundo, determinan posiciones y juicios acerca de la realidad. Una consecuencia fantástica del hecho de la existencia de un pluralismo lógico es que, lógicamente hablando, son posibles otros mundos —otros mundos que el que atávica o tradicionalmente se cree que es el único existente o el único posible—. Un error fatal. Que existan y sean efectivamente posibles otros mundos, lógicamente hablando, significa que no es inevitable que estemos atados o condenados a “este” mundo existente, allí, delante de nosotros. Un mundo que, para decirlo sociológicamente, consiste en el statu quo.

Las LNC han emergido y, sin embargo, sorpresivamente, no constituyen un motivo explícito y directo de trabajo, ni en la academia, en ciencia, o en la gran base de la sociedad. Una explicación parcial seguramente tiene que ver con un cierto desprecio hacia el pensamiento abstracto. Porque no sirve de mucho, en el sentido utilitarista o pragmático de la palabra. Una idea que no dice en realidad gran cosa, pero se dice y se repite y se entiende sin dificultad.

De manera desprevenida, cabe, por consiguiente, decir que son posibles cuatro autopistas, por así decirlo, para trabajar las LNC, para introducirse en ellas o bien para presentarlas ante la sociedad y la comunidad académica y científica. Sólo que si bien, aparentemente son muy parecidas y no habría muchas diferencias de fondo entre ellas, sí implican cuatro aproximaciones y comprensiones distintas.

Las LNC constituyen en general una expresión de lo mejor de la ciencia de punta. Y más radicalmente, cada una de las lógicas no clásicas se erige como un capítulo propio de lo mejor del conocimiento de punta en el mundo. Buena ciencia, ciencia radicalmente diferente.

Asistimos, globalmente visto, a un pluralismo de sistemas de verdad. Una idea incómoda para quienes están acostumbrados a una única verdad, a una verdad hegemónica, en fin, a una canónica del pensamiento y de la vida (“piense así”, “diga así”, “no diga...”, etc.).

Pero, ante todo, integralmente vistas, las LNC —filosóficas, alternativas, en tanto sistemas de notación o bien como divergentes— comportan el reconocimiento explícito de que es posible pensar de un modo no algorítmico. Exactamente como la vida misma.

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