Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

La lógica hexavalente admite tres modalidades de desconocimiento. Aquel que es simple y llano, el que encuentra en verdad un atractor y el que encuentra en falsedad un atractor.


Un mundo con varios o amplios o plurales valores es un mundo complejo; no cabe la menor duda. El derecho, por ejemplo, en su faceta Romana, Anglosajona o Napoleónica tan solo sabe de dos valores. Y así maneja el mundo entero, a su manera. Precisamente en este sentido cabe recordar el problema que una cosa es que algo sea justo y otra que se ajuste a derecho. Justicia y derecho no se corresponden necesariamente. Una amplia bibliografía y discusiones existen al respecto. Es como hablar en economía de crecimiento y desarrollo: es igual.

Análogamente al derecho, la política, todos los sistemas de seguridad y defensa, y buena parte de las ciencias sociales —en el sentido más amplio de la palabra, que incluye entonces también a la economía y la administración—, han manejado y definen el mundo en términos de la lógica bivalente clásica. El hegemón.

El siglo XX y hasta la fecha, hace el descubrimiento, perfectamente anodino e insospechado, cuando se lo mira con los ojos del pasado, que existen varios, numerosos valores. “Valor” es el término abstracto aquí que comprende: dimensiones, historias, pasados y futuros, acciones y demás. Las lógicas polivalentes se ocupan de escenarios semejantes.

Uno de los capítulos más apasionantes y desconocidos de las lógicas polivalentes es la lógica hexavalente: la lógica de seis valores. Estos son:

  • Verdad
  • Falsedad
  • Desconocido
  • Desconocido – nivel intermedio de verdad entre desconocido y verdadero
  • Desconocido – nivel intermedio de verdad entre desconocido y falso
  • Contradicción

Una observación puntual: cuando se lee “valor intermedio” en absoluto, hay que pensar en términos aristotélicos, algo así como un “justo medio”. Por el contrario, la expresión hace referencia a un umbral que en un caso oscila entre los desconocido y lo verdadero (en algún lugar), y en otro caso, entre los desconocido y lo falso (en alguna parte entre ambos extremos).

Cuando se observa el panorama desde la lógica trivalente hasta la hexavalente, atendiendo a cada una de las intermediarias, se hace evidente que el desarrollo no es, en manera alguna, acumulativo o lineal. Existe un desarrollo ramificado de las lógicas polivalentes, si cabe, o en bifurcaciones, en el que cada dimensión adquiere un corpus propio, una dimensión particular.

La novedad aparece en los cuatro niveles inferiores, más que en los dos primeros. Existen valores de verdad que son perfectamente desconocidos; frente a los cuales no hay incertidumbre ni tampoco abstención del juicio. Sencillamente no cabe ninguna expresión epistémica o cognitiva acerca de verdad o falsedad. Por su parte, los dos valores siguientes admiten el desconocimiento, pero en un caso pareciera haber una cierta inclinación hacia la verdad, sin que jamás se llegue a consumar un juicio de verdad, y en el otro caso sigue habiendo desconocimiento (que, hay que decirlo de pasada, siempre es distinto, filosóficamente, a la ignorancia), pero el referente o el polo atractor es la falsedad sin que tampoco llegue a consumarse ningún tipo de enunciado definitorio.

El sexto valor posee por sí mismo, sin ambages alguno, un peso propio: la contradicción; esto es, el gran negador del principio más importante de toda la lógica clásica desde Aristóteles: el principio de tercero excluido. Aquí encontramos el motivo para un auténtico artículo científico —paper—, a saber: una compuerta que desde la lógica hexavalente conduce hacia las lógicas paraconsistentes. Sin embargo, ese puente debe quedar aquí apenas enunciado, por razones de espacio y de calibre.

Tenemos así un conjunto singular y único en todo el panorama de las lógicas no clásicas. La lógica hexavalente trabaja, de forma lineal, con seis valores al mismo tiempo, poniendo de manifiesto que la complejidad tiene más de un rostro y que una de sus faces es aquella que posee seis valores. Una auténtica contribución para comprender la complejidad del mundo y de la vida.

Lo cierto es que no son muchas las ocasiones en la vida en las que nos enfrentamos con seis valores. Acaso, en política, entre seis candidatos, o en el mercado de bienes, ante seis productos similares con seis diseños distintos. Pero la verdad es que, consciente o inconscientemente, tendemos a simplificar los seis valores a menos, y que el reduccionismo resulta ser una estrategia convincente: reducir seis a cinco, o cuatro, o al menor número posible.

Para quien conoce o recuerda algunas de las lógicas polivalentes de valores inferiores, en este caso no hay espacio ni se trata de incertidumbre, tampoco de abstención del juicio, ni tampoco de indefinición. El desconocimiento constituye por sí mismo un valor. Y la lógica hexavalente admite tres modalidades de desconocimiento. Aquel que es simple y llano, el que encuentra en verdad un atractor y el que encuentra en falsedad un atractor. Pero que, en ningún caso, acaba de definirse o determinarse: permanece en el desconocimiento.

Esto implica que la lógica hexavalente admite los valores básicos, exactamente al mismo nivel que los cuatro siguientes, incluida la contradicción; esto es, que algo sea al mismo tiempo verdadero y falso. Un auténtico escándalo para la lógica y el pensamiento tradicional y ortodoxo.

La complejidad del mundo y la naturaleza no depende única ni principalmente del sujeto cognoscente u observador. Es posible un mundo de seis valores, algo anodino para quien piensa y vive en el mundo del modo del indicativo; esto es, el mundo del ser–ahí, el mundo del ser–a–la–mano, el mundo del ser arrojado allí (geworfen). Esto es, ese mundo que estudia Heidegger en Ser y tiempo y que es una apología a un régimen bien determinado. Pues bien, ese régimen fue derrotado militarmente, pero triunfó, al cabo, cultural y socialmente. Frente a ese mundo, las lógicas polivalentes, una parte fundamental de las lógicas no clásicas, se ocupan de pensar en mundos posibles. Mundos con mayores grados de libertad.

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