Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

Cuanto más sorpresivo es un acontecimiento, mayor información contiene. La cantidad de la información del mundo es directamente proporcional a la sorpresa, la aleatoriedad, en fin, la baja probabilidad del evento.


Vivimos un mundo crecientemente informado, un mundo en el que la información crece a ritmos descomunales. Sin embargo, contra todas las apariencias, la razones no son culturales, científicas o tecnológicas, por ejemplo. Las razones hay que buscarlas en la física.

En efecto, la base para comprender el tema se encuentra en dos planos distintos, pero paralelos. De un lado, en la termodinámica, y de otra parte en la teoría de la información de C. Shannon.

El contenido de información de un evento depende de cuán sorprendidos estamos por la probabilidad del evento que ocurre. Más exactamente, cuanto más sorprendidos nos encontramos, mayor información contiene el evento. Así, por ejemplo, los eventos predecibles, normales, anticipables; digamos incluso, los eventos aburridos —todos ellos— contienen poca información. Por el contrario, cuanto más sorpresivo es un acontecimiento, mayor información contiene. La cantidad de la información del mundo es directamente proporcional a la sorpresa, la aleatoriedad, en fin, la baja probabilidad del evento.

Pues bien, en un mundo crecientemente interrelacionado, un mundo que, literalmente, se ha vuelto pequeño en virtud de la información cruzada e interdependiente; en otro plano, en un mundo en el que los saberes se implican recíprocamente unos a otros y en el que los planos y los contextos son cada vez menos disyuntos —en un mundo semejante, eventos cada vez más improbables emergen. Y con ello, ganamos en información.

En verdad, cuando el mundo era de suma cero, una cantidad de información no tenía alcances globales y de largo alcance. Por el contrario, una vez que vivimos un mundo diferente de suma cero —ahora que nos encontramos en la cuarta revolución industrial—, eventos cada vez menos probables emergen y contienen información creciente, previamente inesperada e inaudita.

Los sistemas vivos procesan información análogamente a como el universo mismo es un sistema de permanente procesamiento de información. Pues bien, la segunda ley de la termodinámica —el principio de entropía de Boltzmann— sostiene que un sistema evoluciona al estado de máxima información en el que ya no es posible ganar más información, ni más información puede ser ya contenida (almacenada).

Pues bien, la entropía es la medida de aleatoriedad de un sistema. En otras palabras, cuando mayor es la entropía de un sistema, mayor información tiene o lleva el sistema en consideración.

De manera puntual, la segunda ley de la termodinámica afirma que un sistema físico alcanza la muerte cuando alcanza el máximo desorden. Esto es, cuando alcanza tal grado de saturación de información que ya no puede con ella; ya no puede procesarla. Dicho franca y literalmente: el sistema ya es incapaz de aprender más. Entonces llega la muerte.

Un investigador importante sostiene que la vida no termina cuando existe poca o baja energía libre disponible. Por el contrario, más exactamente, la vida termina cuando existe una sobredosis de información que ya no se puede procesar. La información creciente es una sola y misma cosa con la generación de entropía, que implica pérdida, agotamiento, incapacidad de procesamiento de información.

Pues bien, el procesamiento de información es computar. Sólo que en medicina, en biología y en ciencias de la vida, la forma como se entiende la computación es como metabolización. Hay organismos que metabolizan muy lentamente y otros que metabolizan más rápidamente. Hay organismos que necesitan ayudas para metabolizar y hay otros que metabolizan sin dificultades, aprenden, se adaptan, son triunfantes en el entorno.

El universo se encuentra constantemente sometido a cambios bruscos, imprevistos, irreversibles. Y cuanto más improbable es un acontecimiento, mayor información hay. Inversamente, cuando menos improbable es un suceso, menor información existe. Pues bien, las dinámicas del universo, la naturaleza y la realidad se ven muchas veces sometidas a cambios bruscos, que es cuando aparece información creciente. Entonces la naturaleza debe tener la capacidad de procesar dicha información inesperada. En esto consiste la aleatoriedad, la contingencia, el azar.

El motor de la historia como el motor del universo no es la existencia de fenómenos de alta probabilidad. Por el contrario, el motor de la vida y la realidad es la aleatoriedad, no el determinismo, que es cuando existen fenómenos, sistemas y comportamientos de muy baja probabilidad, pero que tiene o llegan a tener lugar.

La ciencia en general se alimenta de sorpresas, y el asombro fue ya reconocido por los griegos antiguos como la madre del conocimiento. Cuando somos capaces de asombrarnos, cuando emerge la exigencia de procesamiento de información nueva. Y en consecuencia, la exigencia de un mejor procesamiento de la información.

Un científico importante sugirió la siguiente fórmula: “It comes from bit comes from qubit”, que significa que las cosas son, en realidad, unidades de información (no entes físicos por sí mismos), y que, a su vez, las unidades de información se fundan en información cuántica (qubit).

La información cuántica no es información de “o una cosa o la otra”, sino “las dos cosas a la vez, así sean diferentes”. Pues bien, a la fecha, el mejor modo de explicar el procesamiento de información es mediante la computación cuántica. Que es, según todo parece indicarlo, la forma como el universo y los sistemas vivos procesan información: desde las células hasta los órganos, desde las interacciones de unos organismos con otros hasta las dinámicas de biomas, nichos ecológicos y ecosistemas. Que son los lugares y formas como la información aumenta, crece, evoluciona.

Y entonces nos enfrentamos al más fabuloso de todos los dilemas: cómo procesar información creciente. En esto consiste exactamente la complejidad del mundo, la naturaleza, la sociedad y la realidad.

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