Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Carlos Eduardo Maldonado

Para bien o para mal, lo de Venezuela es un proceso revolucionario. Pero, eso hay que tomarlo al pie de la letra, no a la manera de los procesos acontecidos en el siglo XX.


La complejidad de las agitaciones, las protestas y las marchas y contra–marchas en Venezuela constituyen un motivo serio de reflexión; o de preocupación; o de estudio —para politólogos, internacionalistas, políticos, economistas, analistas de medios y para la sociedad civil, por decir lo menos, en América Latina.

La "situación" no es simple. Desde el seguimiento y el recuento de los acontecimientos en Mérida o en Caracas, en Maracaibo o Lara, por ejemplo, lo cierto es que la sociedad entera se encuentra fuertemente polarizada. Las elecciones pasadas presidenciales, de gobernadores y municipales así lo permitían anticipar. Algo serio sucede en la "Revolución Socialista del Siglo XXI", como solía denominarla Hugo Chávez.

Pues bien, si hay que creerles a los dirigentes, lo de Venezuela —desde la llegada al poder del socialismo con el golpe, primero, y la victoria, después, de Chávez— no es una situación. Es un proceso revolucionario. Un proceso que estuvo alimentado por el incremento vertiginoso y milagroso de los precios internacionales del petróleo. Un proceso al que lo más trágico que le pudo haber sucedido fue la desaparición temprana de su más destacado dirigente, el ciudadano–presidente Chávez.

Lo que vemos hoy en las noticias y los twitters, en la información oficial y en la no oficial, es el resultado de un proceso que se venía incubando desde cuando Chávez estaba al frente del poder. Él lo previó y lo vio venir. Hasta cuando se le atravesó, como se dice correctamente, esa "enfermedad larga y penosa".

Para bien o para mal, lo de Venezuela es un proceso revolucionario. Pero —eso hay que tomarlo al pie de la letra— no a la manera de los procesos acontecidos en el siglo XX. Exactamente en ese sentido quiere llamarse "socialismo del siglo XXI". Esto es, un socialismo que no depende para su victoria ya de un bloque internacional fuerte y consolidado, sino un gobierno socialista que emerge en un mundo multipolar, en crisis sistemática y radical del capitalismo, el cual, sin embargo, está lejos de ser derrotado; en fin, de la emergencia de diversos centros estratégicos alrededor del mundo. Un socialismo que exige reformularse a sí mismo de manera constante.

La principal fortaleza del proceso venezolano consiste en las bases populares que las diversas Misiones venezolanas han implementado de manera sistemática. Con la ayuda decisiva de La Habana, y en el proceso de construcción de las defensas todas —sociales y políticas, militares e ideológicas— de la revolución bolivariana que se inicia en 1999 y a la fecha lleva 15 años. Un abrir y cerrar de ojos en perspectiva histórica.

En ese proceso se han cometido graves errores —siendo quizás el más serio la falta de comprensión y de decisiones del gobierno con respecto al capitalismo venezolano—. Como resultado, los capitales que se han fugado son inmensos, y continúan saliendo de Venezuela, y esta es, con seguridad, una de las principales razones del desabastecimiento, la devaluación y la inflación. Según algunos cálculos, se han fugado de Venezuela más de 400 mil millones de dólares en los últimos meses. En fin, al cabo no son tanto las ideas las que mueven a los hombres y pueblos, sino razones más básicas, como hambre, injusticia, violencia.

A lo que hay que agregar el más sensible de cualquier proceso político o revolucionario en cualquier país, a saber la existencia —más fuertes o débiles, más tarde o temprano— de divisiones al interior de los círculos de poder. Con nombre propio: Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Elías Jaua, para nombrar los tres nombres más destacados de cada una de las fuerzas constitutivas y articuladoras del proceso venezolano.

Y en medio de todo, qué duda cabe negarlo, serias acusaciones de corrupción y desvío de fondos, de enriquecimiento ilícito y alianzas dudosas con fuerzas y poderes poco claros; en fin, la prevalencia de actitudes típicamente astutas y maquiavélicas, jugando todas en los entresijos entre lo público y lo oculto.

La suerte de Venezuela depende en el futuro inmediato de las acciones y decisiones de Nicolás Maduro. Y de quienes lo asesoran, claro. Pero, como en todas las revoluciones, si Maduro resulta incapaz de sostener el control del poder y apaciguar las protestas, el protagonismo pasará a D. Cabello o a E. Jaua; y a quienes ellos representan. Venezuela es sujeto de sus propias acciones y decisiones.

Pero, al mismo tiempo, Venezuela es objeto de intereses, presiones y fuerzas externas. Las miradas no siempre se han concentrado con sensibilidad sobre éstas fuerzas. Asimétricas y desiguales, Venezuela es el objeto de interés por parte de Washington, La Habana, Pekín, Teherán y la propia comunidad latinoamericana. Todo, en primer lugar, gracias al histórico poder natural del hermano país: el petróleo.

La revolución bolivariana, como cualquier revolución, puede radicalizarse. En cualquier acepción de la palabra. Si ello sucede así, los costos no serán pocos. Pero puede también acaso retroceder y perder el control. En cuyo caso los costos también serían onerosos. En cualquier caso, todo parece depender de un balance de costos–beneficios, una expresión que se dice fácil pero que tiene consecuencias del más alto calibre para muchos: los venezolanos mismos, América Latina, los Estados Unidos, La Habana, y en alguna menor medida, también sobre Pekín y Teherán.

Algunas expresiones de esta radicalización son los controles a los medios masivos de comunicación: nacionales e internacionales, por ejemplo. La más seria de todas las consideraciones resulta, por tanto, ¿son los procesos revolucionarios reversibles o irreversibles? La respuesta a esta pregunta no se mide en la noticia del día a día, sino en escalas de tiempo más amplio.

La historia del control del poder entre adecos y copeyanos fue la historia de profundas desigualdades e inequidades de un Estado que siempre estuvo sirviéndose de las rentas petroleras en desmedro de la construcción real de un sector industrial más amplio. Por una razón primaria: la perdurabilidad del petróleo en el mundo tiene un límite histórico en el futuro inmediato o a mediano plazo de la humanidad, como ha sido reconocido por todo el mundo.

El desangre humano, intelectual, social y económico de Venezuela es un factor que no cabe desconocer ni menospreciar en manera alguna. Y la construcción del capital humano, social e intelectual correspondientes que logren remplazar a aquellos no está, a la fecha, garantizado para nada.

Precisamente por ello el título de un problema que cabe tomar en toda su complejidad: "El socialismo del siglo XXI". Inventar la revolución para el mundo actual, o reconvertir las ideas revolucionarias en consignas carentes de contenido real.

Y hablando de procesos de radicalización: en el panorama latinoamericano, la mayoría de países son o tienen gobiernos socialistas, con la excepción de cinco gobiernos de derecha: Perú, Colombia, Panamá, México y el próximo ganador (cualquiera que sea) en Costa Rica. Pero a los grandes capitales no les preocupan los gobiernos socialistas de la región, puesto que la función de producción, las estructuras de poder y las tendencias históricas no han sido alteradas de manera estructural para nada en Argentina, Bolivia y demás. De manera puntual, todos aquellos gobiernos no han cortado para nada las asesorías y pactos militares con los Estados Unidos. Con la notable excepción de Venezuela: una de las primeras medidas que hizo Chávez fue cortar todo vínculo de asesoría militar y demás con Washington.

Y dos hechos reales: a Estados Unidos le duele el petróleo venezolano; tanto a La Habana. Ni uno ni otro pueden permitirse la pérdida del preciado recurso energético. Y mientras tanto, los actores sociales y políticos en Venezuela juegan los papeles de guiones que parecen escritos por fuera de Caracas.

En cualquier acepción de la palabra, Venezuela no ha tocado aún fondo. Y entonces seguiremos siendo testigos de numerosas "situaciones". Todo, mientras se dirimen los procesos.

Comentarios

Los comentarios aquí registrados pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de Palmiguía. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos comentarios que se consideren impertinentes.

Código de seguridad
Refrescar

Lo más visto de Carlos Eduardo Maldonado

Sociedad

Parásitos sociales

Podemos identificar cinco clases principales de parásitos o depredadores en la economía contemporánea: gente que no produce nada, sino que...

Ciencia

¿Qué es la lógica cuántica?

La lógica cuántica, formulada al comienzo en 1936, no son muchos los desarrollos que ha tenido aunque altamente significativos. Un...

Ciencia

¿Qué dice el concepto “grados de libertad”?

El concepto de grados de libertad fue originalmente introducido por el neurofisiólogo soviético Nikolai Bernstein (1896–1966) en el estudio del...