Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Crónicas y relatos

Crónicas y relatos

"Fue pues en 1611, cuando se habla de una vasta región conocida como Llanogrande, admirada, no sólo por su extensión, sino por la bondad de sus tierras propias para agricultura y ganadería, y que estaba encerrada entre los ríos de Amaime, Bolo y el Cauca, agregándosele después tierras situadas entre Amaime y Aguaclara y las tierras de Potrerillo, la Hacienda el Palmar, donándose ésta última a la Parroquia de Nuestra Señora del Palmar que se funda en 1722, y la cual la componían 167 ranchos pajizos, que fueron ciertamente el origen del nacimiento de nuestra ciudad. Aquí, sin fundador, pero con el espíritu emprendedor de sus moradores, nace Palmira a la luz de la vida civilizada. Aquí se inicia el origen de los palmiranos; nacen nuestros antecesores y forman sus hogares, alrededor de una parroquia iluminada por la fe de Cristo y proyectada con el sabor hipánico que imprime su preciosa lengua. Bajo el límpido cielo del Valle del Cauca, Palmira, todavía conocida como Llanogrande, se va nutriendo con el tezón, el trabajo y la fe de sus hijos; y quienes nos sentimos orgullosos de nuestra tierra, sabemos que nuestros mayores nos legaron sus hábitos de trabajo, su fortaleza, su valor y la honestidad de sus acciones. Somos pues un pueblo que no tiene fundador, pero sí tiene historia".

(Álvaro Raffo Rivera: De Llanogrande a Palmira).


Willy es un chico delgado, con grandes dientes que se asoman curiosos ante cualquier gesto del rostro que los enmarca, un adolescente agricultor que sueña con ser soldado profesional.

"Venga esa mano, país", fue más que un eslogan de campaña. Fue el dibujo de una propuesta política que intentaba romper los odios y juntar las partes. Jaramillo manifestó que no se podía ser consecuente con la patria y permisivo con los abusos de poder.

Andrés, al salir de su casa, hacia las cinco de la mañana, ya debe diez mil pesos de la entrega del día y la lavada y tanqueada de la moto para poder trabajar. También debe el arriendo, los servicios, la leche para su hija y el mercado.

Isabel trata de vender lo suficiente para no perder dinero, porque cada día debe cancelar veinte mil pesos al uno y cinco mil al otro. Esa es su prioridad, con lo que le queda hace milagros para pagar arriendo, servicios, alimentación y salud, suya y de su familia.

Carlos no es un señor mayor, tal como aparenta. Es un personaje apacible que habita tras las rejas de su propio negocio: es un tendero de barrio.

Una mujer que puede transcribir en una línea lo que la vida le ha dado, es capaz de transformar el mundo, al menos el suyo.