Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Crónicas y relatos

Andrés, al salir de su casa, hacia las cinco de la mañana, ya debe diez mil pesos de la entrega del día y la lavada y tanqueada de la moto para poder trabajar. También debe el arriendo, los servicios, la leche para su hija y el mercado.


Andrés sale todos los días a trabajar. Tiene una rutina sagrada. Levantarse a las 4:30 de la mañana, bañarse, limpiar cuidadosamente sus dientes, besar a su hija, tomarse un pocillo de agua de panela con una tostada y encender su moto. Sale de la casa con ella encendida para evitar que, de pronto, nunca se sabe, se la roben. Sería una catástrofe, porque la moto no es suya. Le pertenece a un empresario que tiene varias al servicio del "motorratoneo" de la ciudad.

—De más que él la recupera, pero yo quedo con la deuda, exclama con un puchero en sus labios.

Al salir de su casa, hacia las cinco de la mañana, ya debe diez mil pesos de la entrega del día y la lavada y tanqueada de la moto para poder trabajar. También debe el arriendo, los servicios, la leche para su hija y el mercado. Tiene clientes que le solucionan ese problema. Lleva cuatro niños al colegio, una secretaria, una vendedora y una señora que sirve tintos en una entidad oficial. Como es un contrato fijo, cobra menos que un pasaje corriente, pero está más asegurada su entrada. En vacaciones de los niños, su situación se vuelve crítica.

Dado que lleva a siete pasajeros en hora y media, le pregunto cómo hace, ya que ellos están distribuidos por la ciudad y los sitios de arribo también son lejanos unos de otros. Me explica que a los niños los lleva de a dos. Y eso le economiza mucho tiempo. Y que él se calibra en los semáforos para que le rinda.

—Es que usted no puede estar pendiente de que su semáforo se ponga en verde, sino de que el del cruce se ponga en rojo. Usted arranca de una y como uno se ubica adelante, los carros no le hacen estorbo. Así se ahorra minutos valiosísimos. Además, uno le dice al pasajero, sobre todo a los pelados, que se bajen rapidito, y uno ya puede irse.

Tal vez, con un rostro que denota mi rechazo a sus palabras, le pregunto si no le parece que con todo eso está agrediendo a la ciudad y su movilidad. Y de paso poniendo en peligro la vida de los demás. Además, le explico, muy pedagógicamente, que su transporte es ilegal y que debería tener más cuidado. Su carcajada me saca de mi ideal de ciudadano, su risa tiene un tono de crítica, casi de sarcasmo. "De verdad, ¿usted cree eso? ¿Y quién me protege a mí y a mi hija? ¿Y quién me va a pagar el arriendo y la entrega de la moto? ¿Cuál movilidad? ¿En qué vías? ¿Ilegal? ¿Y por qué entonces todos los políticos se reúnen con nosotros a hablar de mejoras para nuestra actividad? Yo le digo una cosa, yo he trabajado en esto hace años, empecé a poquitos, porque no tenía trabajo cuando terminé bachillerato. Esto era un 'mientras tanto' y luego ya se volvió mi fuente de ingresos. Ya nació mi hija y este asunto es serio. Yo no me voy a poner a hacer pendejadas, a arriesgar la vida por ahí. En todo el tiempo que yo llevo trabajando en esto, he participado como en cuatro manifestaciones contra alcaldes. Ni sé cuáles, pero allá he estado, porque nos han mentido siempre, diciendo que nos van a facilitar las cosas, que van a hablar con el gobierno nacional para que seamos un transporte como el de los taxistas o algo así. Pero apenas suben a la Alcaldía o al Concejo, ahí mismo sacan decretos y leyes contra los 'motorratones'. No ve ahora, uno tiene que andar mirando el WhatsApp para saber dónde hay retenes y dar la vuelta por otro lado. No sé por qué usted dice que somos ilegales, no estamos robando a nadie ni estamos matando, ni estafando. Al contrario, deberían hacernos una estatua porque sin nosotros ¿cómo llegaría la gente a sus trabajos y estudios? Y encima somos los 'paganinis' de todo. Usted no me lo está preguntando, pero uno tiene que ser muy pilo para ser 'motorratón'. Usted tiene que conseguir el cliente, recogerlo, llevarlo y si puede volver por él. Pero hay mil personas más haciendo lo mismo. Es duro. Y encima, aquí hay gente de otros pueblos que vienen porque, usted sabe, aquí si uno le da billetito a alguien, lo dejan trabajar. En otros pueblos, no. Usted que es periodista, pregúntele a la gente qué prefiere: ¿montársele a un 'motorratón' o a una buseta? Y a las busetas por qué no les dicen que son ilegales si llevan sobrecupo, contaminan, exceden la velocidad, los choferes maltratan a la gente, pasan a hora que les da la gana, tanquean con la gente adentro, y ahí sí, ¡nadie dice nada! A mí me contaron, no me consta, que hay una señora que tiene como 200 motos alquiladas a 'motorratones', que las compró con platita que está lavando ¿y eso sí es legal? Ah, no, ella es una empresaria, ¡nadie le dice nada!".

"A mí no preocupa ser ilegal, porque eso es como estar en las mayorías y ahí uno está protegido. ¡No somos machos, pero somos muchos! Un día de estos sacan un decreto y ¡pum!, somos legales. ¿No ve cómo han ido legalizando a todo el mundo? Primero a los paramilitares, luego, a los 'guerrillos', más tarde a las bacrim, hasta las casas de pique van a terminar legales. Algún día nos tocará a nosotros que, por lo menos, no le hacemos mal a nadie".

Comentarios  

+1 #9 Pedro I 17-03-2015 11:57
Los motorratones es el resultado de una ciudad mal planeada que deja muchos espacios a la ilegalidad. Si hubiera buses con buenas rutas y vías adecuadas para que ellos transiten y trabajo y educación para los jóvenes y educacion a los ciudadanos, no habria motorratones. Pero como la plata de los impuestos que pueden solucionar todos los problemas se va a los bolsillos de particulares, no hay como remediar este mal. Y mientras tanto aumentan los muertos y lesionados en accidentes de transito y no hay hospital en donde atenderlos. Es una larga cadena de males que comienzan con el robo al erario publico.
+1 #8 Marcela 17-03-2015 09:53
La ilegalidad o la legalidad la inventamos los humanos en acuerdos que hacemos. Delegamos en unas personas la responsabilidad de decidir lo que es bueno o malo, es decir lo que es legal o no. Y delegamos en otros el cumplimiento de las decisiones. El problema empieza con que delegamos muy mal y quienes toman la primera dcisión lo hacen en razón de los intereses de las minorías. Ese es el problema.
+4 #7 Camilo 16-03-2015 12:19
Las unas y mil facetas del desarraigo, la exclusión, la marginalidad social en las que el crimen organizado neoliberal de siempre sumergió a esta sociedad. Jóvenes hombre y mujeres por millones en plena edad productiva condenados a la postración y la inamovilidad social, a no ser dignos trabajadores en esferas económicas que nos conviertan en un país decente y desarrollado, no en la republiqueta del rebusque que somos.
0 #6 Andrea Mancuilla 16-03-2015 09:20
en algo tiene razón obvio cuando tienes hijos intentas hacer lo mejor por ellos pero esto es un problema social y digo problema por que el que no halla trabajo y tengan que recurrir a estos empleos "ilegales" es un problema, los accidentes no solo en palmira si no en colombia por andar en moto son muchos y a eso suma le que algunas personas son muy imprudentes para manejar
+1 #5 Víctor Raúl Nuñez 16-03-2015 09:19
LA ACTIVIDAD DEL MOTORRATONEO ES UN AMORTIGUADOR PARA QUE NO SE DE UNA GRAN EXPLOSIÓN SOCIAL DE CONSECUENCIAS IMPREDECIBLES,e s un transporte agil,barato,dec ente ,en un pais desencuadernado totalmente.