Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Crónicas y relatos

Bajo el límpido cielo del Valle del Cauca, Palmira, todavía conocida como Llanogrande, se va nutriendo con el tezón, el trabajo y la fe de sus hijos; y quienes nos sentimos orgullosos de nuestra tierra, sabemos que nuestros mayores nos legaron sus hábitos de trabajo, su fortaleza, su valor y la honestidad de sus acciones. Somos pues un pueblo que no tiene fundador, pero sí tiene historia.

(Álvaro Raffo Rivera: De Llanogrande a Palmira)

La evolución histórica de Palmira puede observarse como una extensión de las tiendas en sus barrios; los tenderos y el generoso servicio que prestan a la comunidad son una pauta social que merece estudio.

En Palmira, las peluquerías fueron escenarios dignos de un Chesterton. Porque se practicaban en ellas auténticas escenas de crímenes con arte surrealista.

El viejo portón significaba para nosotros una entrada a la historia. Teníamos que abrirlo y cerrarlo, aceitar sus bisagras y limpiarlo cada semana. Cuando lo abríamos podíamos acelerar la llegada de buenas noticias o una visita agradable.

Las posibilidades económicas que brindaba Colombia y la fertilidad y belleza de nuestro Valle, determinaron que la primera entrada del Japón a Colombia se hiciera a través de 28 familias.

Madre fue creciendo como una niña que tenía una hermosa sonrisa. Y cuando reía parecía una gata de los cuentos de Lewis Carroll.

Si de nombres mal asignados se trata, no resultó muy favorecida tampoco la etnia ancestral que habitó aquí en los primeros siglos de la era cristiana.

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