Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La sociedad debería observar con escepticismo a los economistas. Principalmente a quienes tienen notable influencia en los gobiernos.


La metáfora de la puerta giratoria es correcta; y explica visualmente lo que sucede con economistas nombrados por los gobiernos en cargos poderosos como el Ministerio de Hacienda o el DNP. Por lo general, estos funcionarios deben actuar en condición de jueces de los recursos y su redistribución. Aunque en una mayoría de casos sus determinaciones del gasto no corresponden a la independencia esperada.

Bien sea que se consagren a aconsejar a los alcaldes y gobernadores para que cumplan con los protocolos de inversión o que desde su posición en la junta del Banco de la República hagan llamados a los bancos para bajar tasas de usura, la puerta giratoria enseña que rara vez los reguladores aplican con el mismo rigor las reglas y que terminan ablandando los controles a favor de ladrones de cuello blanco.

El caso más sonado recientemente, aunque no es el único, fue el desastre financiero de Interbolsa. Pasaron dos o tres ministros de Hacienda e igual número de superintendentes financieros y ninguno observó irregularidades en los movimientos que se hicieron pasando acciones de un fondo a otro. Juan Carlos Echeverri, una persona talentosa, se mantuvo sano frente a estos hechos. El punto entonces no es que sean incompetentes o corruptos (aunque aplica en algunos casos). Los ministros y sus asesores son seres humanos y tienen posiciones que pueden ser influenciadas.

El asunto es que —usando lenguaje de redes— en el mundo pequeño que es Colombia los funcionarios públicos se la pasan interactuando una mayoría de veces con aquellos que regulan, por lo cual el regulador termina siendo influenciado por quien debería ser regulado. Debido a esto, salen favorecidas grandes compañías y apellidos de las élites regionales. La metáfora de la puerta giratoria enseña que después de sus cargos esos funcionarios o ministros terminaron como asesores o consultores de las compañías que vigilaron.

Este fenómeno podemos explicarlo: digamos que en calidad de reguladores del gasto los ministros de Hacienda o los directores de Planeación necesitan información para realizar su trabajo; y la cooperación con alcaldes y gobernadores, secretarios de alcaldías y tesoreros es una buena manera —probablemente la mejor manera de obtener información, además, sucede también con el sector privado.

De modo que los funcionarios públicos tratan de llevarse bien con los que regulan, porque esto supone comprensión y algo de simpatía. Adicionalmente, recordemos que los salarios del sector público están por debajo de muchas empresas y los funcionarios no se quedarán para toda la vida en sus cargos. La posibilidad de un empleo más tarde juega un papel clave. La lógica de tales condiciones cede finalmente a lo que en inglés se denomina regulatory capture, es decir, captura del regulador. En realidad, se trata de un patrón de comportamiento que no sorprende, pero que nos permite observar mejor cómo se desarrollan las cadenas de corrupción en los cargos del poder.

La metáfora de la puerta giratoria es una buena imagen porque evoca lo que hemos sugerido. Los economistas, amantes de la teoría de juegos o estrategias, deben sentirse orgullosos mostrando los detalles de fenómenos de este tipo. Porque son un ejemplo ideal del comportamiento humano o sobre cómo la gente hace todo lo que está a su alcance para lograr sus objetivos, llevándose bien con los demás. Como afirma el economista Robert Axelrod: "Así opera la evolución de la cooperación". Lo que sucede es que los economistas rehúsan observar las anomalías dentro del equilibrio, la zona oscura del callejón. Y es allí donde suceden las peores cosas.

¿Qué pasa con la profesión de los economistas? ¿Especulan como teóricos en sus cátedras para negar sus enseñanzas cuando se hacen consultores? ¿Son los economistas unos individuos egoístas y camuflados que solo buscan sus propios intereses? ¿Por qué terminan llevándose al sector privado la información que lograron capturar del sector público?

La sociedad debería observar con escepticismo a los economistas. Principalmente a quienes tienen notable influencia en los gobiernos. En el actual estado de la profesión tienen responsabilidad las facultades, escuelas y departamentos que promueven las carreras con la única finalidad de hacer negocios.

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