Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Si el gobierno quiere reducir el desempleo, tiene que pagar el costo de una mayor inflación, y si por el contrario busca disminuir la inflación, tiene que aceptar un mayor desempleo.


La anticipación es un rasgo distintivo de la economía. Y la anticipación depende de la psicología. Tan difícil de sondear como las paradojas de la mecánica cuántica.

La armonía preestablecida por el Banco de la República (BR) con la Reserva Federal (RF) para aumentar las tasas de interés tiene la aparente finalidad de limitar especulaciones del mercado cambiario e impedir que la inflación desborde niveles razonables del consumo. Así lo sugiere el salto cuantitativo del 0.5% que, acumulado, representa una tasa de interés negativa del 5.25% sobre el 5.35% de la inflación proyectada.

Como escribiera D. H. Robertson: “La noción que comparten el 90 por ciento de los fanáticos monetarios es que cada conjunto de bienes ha de nacer con una etiqueta monetaria de un valor equivalente alrededor del cuello, y llevarla colgada hasta la muerte”. Del mismo modo las expectativas inflacionarias, como etiquetas, terminan determinado el comportamiento de los agentes que fijan precios y salarios. Los mercados responden así menos al cálculo que a variaciones psicológicas. Son los espíritus animales de los que hablaba Keynes.

Las causas de estos fenómenos relacionan devaluación, precios del petróleo y cambios climáticos como La Niña. Dentro del mismo orden, elevados costos en materias primas, recortes al gasto e incrementos en las tarifas de la energía. A la inflación básica del 4.9% deben agregarse incrementos en los precios de la canasta familiar que terminarán afectando, indirectamente, el índice de precios al consumidor. La relación entre inflación y consumo podría describirse entonces como un espejo cóncavo. Arriba lo deseable y abajo la imagen distorsionada en miniatura.

Jorge Iván González ha señalado el cruel dilema: elegir entre inflación o desempleo. Si el gobierno quiere reducir el desempleo, tiene que pagar el costo de una mayor inflación, y si por el contrario busca disminuir la inflación, tiene que aceptar un mayor desempleo. Es claro que al aumentar la tasa en forma significativa, el BR pretende anticipar la enfermedad inflacionaria; pero extirpa dos órganos vitales: producción y empleo. En Precios y Producción, F. Hayek defiende una política monetaria “elástica” [1] que permita aumentar el nivel de precios. Lo cierto, sin embargo, es que el BR continúa aplicando políticas monetarias a realidades complejas como la desindustrialización y las reducciones del mercado agrícola.

De nuevo. Los pronósticos de crecimiento parecen el cuello de botella. La aritmética estadística de los técnicos del BR indica un crecimiento entre 2.8% a 3.0%. Sin hacer estimaciones del efecto Noé y el efecto José, como les llama Mandelbrot. Oscilaciones abruptas de los precios y la dependencia a largo plazo. Los mensajeros del BR se muestran menos interesados en el crecimiento de la economía que en las expectativas sobre la tasa de cambio y la inflación. O mejor, más atentos al modelo normalizador de la política monetaria de la Reserva Federal que a los factores de crecimiento propio.

A esto mensajeros del Banrepública convendría recordarles la sentencia de Benoit Mandelbrot: “La anticipación alimenta sueños y depresiones”.


Referencia:
[1] Hayek Friedrich A. Precios y Producción. Una explicación de las crisis de las economías capitalistas. Edición española al cuidado de José Antonio de Aguirre, Ediciones Aosta. S. A. 1996. Pág. 97–111.

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