Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La práctica de política monetaria del Banrepública dirigida únicamente a regular la inflación, se ha mostrado ineficaz. Uno esperaría ver al gobierno en condiciones de poder calcular la eficacia marginal de las reservas con criterios de largo plazo e inversiones de política social.


Aparentemente el fenómeno variable de cambios en los mercados financieros ha terminado afectando el diseño de políticas monetarias, en particular, los tipos de cambio y elevación de las tasas de interés por parte del Banco de la República. ¿Y eso es malo? Sí, porque al adoptar este comportamiento la economía dependerá menos de criterios de inversión de largo plazo que de repentinos choques de tiempos del corto plazo. Es la consecuencia inevitable de organizar los mercados con la finalidad de conseguir la llamada liquidez.

Posiblemente no existe nada que tenga mayor aroma de fetiche. Entre las máximas de la ortodoxia financiera esta doctrina ha cobrado fuerza. Y se encuentra arraigada en la economía del ahorro y el crédito: concentrar todos sus recursos para mantener la liquidez de los valores. Sin embargo, se olvida que no hay una cosa tal como la liquidez de la inversión de toda una comunidad de ahorradores. Del mismo modo que no existe una liquidez de los fondos de inversión o los fondos privados. Por no decir que los pensionados no tienen como pedir sus mesadas todos al mismo tiempo.

En realidad, la trampa de liquidez se aloja en una falacia engañosa. Podemos conocer nuestro futuro. Y el objetivo social de la inversión de los expertos debería ser tratar de vencer toda la ignorancia y toda la oscuridad que rodea el futuro; pero el objetivo real en los mercados es otro: ver como pueden tumbar a la gente con sus ahorros y depósitos. Los casos Interbolsa y el Fondo Premium son patéticos, pero se extienden de manera semejante a las quiebras en las EPS. Las modalidades de estafa se relacionan con la adquisición de dinero constante en tiempo record.

Keynes usaba la analogía para ilustrar fenómenos semejantes. La inversión entre intermediarios y agentes de bolsa puede compararse a esos concursos en los periódicos en que los participantes tienen que seleccionar las seis caras más guapas entre un centenar de fotografías y el premio lo recibe aquel que más se aproxime a lo seleccionado por el promedio de los participantes, de manera que cada uno de ellos no selecciona la que le parece mejor, sino aquella que tiene más posibilidades de agradar a los demás y todos enfrentan el problema de la misma manera. No se trata de elegir a la más guapa, según lo que cada uno considera, ni siquiera a la que el promedio considera la más bella.

La moraleja que se oculta tras esta analogía es que hemos llegado a un punto en el que nuestra inteligencia se dedica a tratar de averiguar lo que la opinión media piensa que es la opinión media. Las exageradas encuestas son apenas la muestra de un extremo cuyo contrario son los medios de opinión. Y la economía ha sido afectada por esta enfermedad.

Medidas como la Regla Fiscal están articuladas dentro de ese estilo. El gobierno y el Banrepública pretenden anticipar el futuro estrechando el gasto público. La inversión sobre bases auténticas de largo plazo es tan difícil hoy como poco practicada y el que la intenta tendrá que trabajar y correr riesgos mayores. Igualándonos en ese mismo sentido, podemos cometer los mismos errores. Tampoco se tienen pruebas concluyentes para decir que la inversión APP ofrece más ventajas que pérdidas. Es decir, no contamos con certeza absoluta.

La vida no es tan larga como deseamos, aunque la naturaleza nos pide resultados. La gente quiere hacer dinero con rapidez y las ganancias remotas son descontadas a tasas muy altas por la persona común. Si comparamos la economía con los corredores de bolsa en los mercados financieros, observamos mejor las diferencias. El juego de un inversionista profesional como el juego del administrador público es intolerablemente aburrido; demasiado exigente como para poder liberarse de su instinto de jugador. Quien lo posee tiene que pagar el peaje correspondiente.

La práctica de política monetaria del Banrepública dirigida únicamente a regular la inflación, se ha mostrado ineficaz. Uno esperaría ver al gobierno en condiciones de poder calcular la eficacia marginal de las reservas con criterios de largo plazo e inversiones de política social. Un Estado que también asuma mayor responsabilidad con la organización de los impuestos al sector financiero, de modo que parte de sus capitales se hagan menos especulativos.

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