Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Eduardo Palma nos recuerda en su obra la importancia del debate social en Colombia. Una república que históricamente fue excluyendo amplios sectores sociales, marginando a las minorías, las mujeres y partidos políticos distintos al bipartidismo.


He recibido generosamente el libro Los igualados, la rosca y la malicia, de Eduardo Palma. Esta obra reúne una muestra ejemplar del diseño gráfico y crítica social rigurosa, trabajo en fotografía e interpretación de imagen singular. El trabajo de Palma es la síntesis de su tesis for the degree of Master of Fine Arts, Communications Design, School of Art and Design, Pratt Institute. Trasladándose a Nueva York luego de sus estudios de pregrado en la Universidad de los Andes, su autor es uno de los pocos colombianos en el área en darnos muestra de su talento y su profunda creatividad. Más aún, Palma quiso plasmar en este trabajo el entrañable compromiso del artista con las diversas realidades del país.

Vinculando su trabajo a la mejor tradición en teoría del arte, Wittgenstein, Adorno, Benjamin, el autor elabora una selección de imágenes iconográficas que reflejan las diversas tonalidades de la realidad colombiana durante los duros años de la confrontación armada. Palma descubre esas otras voces en la lucha por la memoria contra el olvido. Aunque no se limita a ello, su marco de análisis es amplio y permite conjugar otro tipo de realidades.

No obstante, es la realidad colombiana reflejada en variados campos semánticos aquello que consigue con singular maestría. De modo que su trabajo logra romper el velo tras la noticia o el ícono imaginario de la literatura política, pero sin caer en los penosos lugares comunes del panegírico. Su elaboración crítica me ha recordado mucho los ensayos de Theodor Adorno, antes y después de la Escuela de Frankfort. Aunque no estoy seguro que Palma comparta este criterio. Y no creo porque sus imágenes y el trabajo de interpretación avanza desde categorías clásicas hasta llegar al repertorio de las investigaciones de George Lakoff sobre el papel de las metáforas en la vida cotidiana.

Eduardo Palma nos recuerda en su obra la importancia del debate social en Colombia. Una república que históricamente fue excluyendo amplios sectores sociales, marginando a las minorías, las mujeres y partidos políticos distintos al bipartidismo liberal/conservador. Situando las representaciones posteriores a la Constitución de 1991, podríamos alegar que justamente ese imaginario ha cambiado. Digamos que la república es más habermasiana y que los actos comunicativos han mejorado también gracias al poder emergente de medios de comunicación alternativos. A diferencia del papel subordinado de la sociedad civil antes de los años noventa, la participación pública en Colombia ha mejorado sus niveles de deliberación. Pero, ¿cuánto y en qué aspectos?

El autor describe esos esfuerzos no oficiales por conservar la memoria. Y, en particular, el papel de las narconovelas. En un análisis panorámico del campo nos exhibe parcialmente los alcances de la serie televisada “El patrón del mal”, dentro de una interpretación poco explorada entre los analistas: la teoría de los actos de habla.

Siguiendo trabajos luminosos de Pierre Bourdieu sobre las relaciones simbólicas del lenguaje, Palma insinúa que los depósitos de la mentalidad colombiana estuvieron fuertemente influenciados por tales prototipos. Y en efecto, así fue para buena parte de las nuevas generaciones, lo cual aplica no sólo en Colombia, sino para países con problemas semejantes como Brasil y México.

Del mismo modo, Palma aborda la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985 y los efectos perlocucionarios de los graffiti. Ahora que en Bogotá y con la alcaldía de Enrique Peñalosa resurgió el debate en este terreno sobre ¿qué es arte y qué es vandalismo? Los pasajes reflexivos del autor contribuyen a despejar al menos parte de los graves prejuicios que pesan sobre el tema. Sobre frases como “Es mejor ser Rich que Poor”, Palma extiende un tejido cuidadoso de análisis social, que antes también habíamos encontrado en la literatura de Fernando Vallejo y en la historiografía de Marco Palacios, a saber: la explosión de los valores del capitalismo moderno por medio del capitalismo del narcotráfico. De modo que al trabajo y el ahorro se le superponen estratagemas del tipo sicario: dinero fácil y gastos suntuosos, como fue el caso de Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela y todos los narcos.

Los igualados, la rosca y la malicia es la obra de un talento colombiano escondido en Nueva York. Sus reflexiones, su fotografía y el diseño creativo le dan a su estilo mucha singularidad. Creo que Eduardo Palma ha logrado con este trabajo dar el primer paso en una carrera que promete ser luminosa. Es un logro suyo el haber desentrañado dentro de la mejor tradición del lenguaje estético la más cruel comedia real que hemos conocido: Colombia.


Página web de Eduardo Palma.
Eduardo Palma. Portafolio Universidad de los Andes.

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