Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

El capitalismo heredado del narcotráfico y la contratación público/privada son la más gigantesca organización del egoísmo que ha tenido Colombia.


El capitalismo heredado por medios ilegales, como el narcotráfico, o por medios legales, como la contratación PP (público/privada) se posicionó estructuralmente en la economía colombiana. De tal manera que luego de la segunda mitad del siglo XX, Colombia tuvo su época del capitalismo, pero sin los efectos del capitalismo moderno. Entre las generaciones de los años ochenta en adelante, el dinero se convirtió en la medida de todas las cosas. La conexidad de este capitalismo tuvo doble efecto sobre nuestra élite, le aseguró una posición de privilegios heredados y le concedió amplios poderes públicos.

Con el poder del dinero, la élite concentró ventajas y desventajas potenciales, es decir, un egoísmo ordenado. Y haciendo del capitalismo heredado un principio de clase, familias y apellidos convirtieron el egoísmo en el hecho más confiable de toda la sociedad. Los tejidos sociales de solidaridad y cooperación fueron reemplazados por los del individualismo y la posición de clase. Esto nos explica por qué en medio siglo este capitalismo construyó riquezas egoístas mientras destruía valores comunitarios.

Este capitalismo condujo a la extensa maquinaria paramilitar. Hacendados y ganaderos terratenientes, colonos y propietarios de tierras en el Magdalena Medio, los Llanos Orientales y el Urabá Antioqueño. Con el poder del dinero y los Castaño Gil, Jorge 40, don Salvatore Mancuso, este capitalismo lograba su segundo objetivo: intimidar al pueblo y subordinar al Estado. Luego, sirviéndose de ambos medios, el poder de la clase política y sus amenazas, instauraron la violencia. De tal forma que una expresión de la violencia es el capitalismo.

El capitalismo heredado del narcotráfico y la contratación público/privada son la más gigantesca organización del egoísmo que ha tenido Colombia.

Ese ordenamiento del capitalismo, desde luego, no es sólo colombiano. Si seguimos la historia y consolidación de los Estados modernos, según Charles Tilly, éstos fueron engendrados por las guerras y la imposición arbitraria del poder. El alma del negocio llamado Estado (gobiernos) era asegurar poder o lograrlo mediante engaños. Sin embargo, el ordenamiento capitalista de la sociedad colombiana tiene esa particularidad de presionar con la amenaza.

Cuando los defensores de esta visión —generalmente tecnócratas en Hacienda, Planeación u otros ministerios—, insisten en la evidencia (los hechos) lo que quieren decir es lo siguiente: sólo el espíritu que ha hecho grande a nuestra disciplina garantiza la evidencia (los hechos) que se traducen en más hechos y viceversa. Esto es más que un juego de palabras, el que en la vida humana sólo se puede contar con ventajas y perjuicios.

La relación de este capitalismo con valores morales fue todavía más crítica. Podríamos entenderlo mejor si nos damos un rodeo por las expresiones del consumo costoso. Juegos de azar, grandes extensiones de tierras, helicópteros, vehículos de gama alta, grupos musicales, modelos, reinas, etcétera. En ciudades intermedias con poca o ninguna industria productiva, como Bucaramanga, Tuluá, Palmira o Pereira, las cadenas comerciales e inmobiliarias crecieron a pasos agigantados.

Es decir, este capitalismo disolvió todas las teorías modernas desde Adam Smith, Marx, Max Weber o Schumpeter. Frases como “es mejor ser rico que pobre” encerraron proverbialmente la crueldad del efecto capitalista imposible de entender sin ella. La moral de mínimos fue asunto cómico para los hijos y herederos de este capitalismo.

Aunque no deberíamos ser injustos con sus herederos. Son tipos puros. Ideológicamente capaces de adaptarse con los cambios de gobierno y todo cambio de patrón. Su mensaje es un modo de pensar que produce personas exitosas, hombres de negocios y jóvenes empresarios con mucho dinero y poder, como los hermanos Jerónimo y Tomás Uribe.

La ética natural de estos capitalistas es actuar como piensan. Y sienten como piensan. Una ideología que logró superar a varios gobiernos juntos, desde Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Samper, Pastrana, los dos Uribe y los dos Santos. Al perdurar durante casi medio siglo este capitalismo, se entrelaza con la violencia de las FARC y el ELN.

En resumen. En Colombia el capitalismo heredado se encuentra lejos de ser un capitalismo moderno. La influencia del capitalismo centrado en el dinero y la maquinaria egoísta son a la vez causa y efecto del estilo de vida aprendido del narcotráfico. Y su extensión se refleja en una clase social que protege posiciones de privilegio desde el poder político.

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