Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Las condiciones potenciales de reactivación paramilitar o una paz duradera en Colombia dependen menos de hechos políticos concretos que la mentalidad que tengamos los mismos colombianos.


Con la marcha del uribismo en ciudades intermedias como San Alberto (Cesar), Bucaramanga (Santander) o Jamundí (Valle) y manifestaciones ampliadas en Medellín, Bogotá o Cali, se puede observar una tendencia política que a muchos les parece democrática y pluralista. Otras voces como la de la senadora Claudia López dice, por el contrario, que hay coincidencias entre el paro armado de los Úzuga y la campaña de Uribe contra las negociaciones de paz. Quienes juzgan a Santos traidor, desprecian la ley de restitución de tierras, y quienes juzgan a Uribe señor de la guerra, condenan su silencio cómplice con las masacres de sindicalistas y líderes regionales asesinados por las bacrim (paramilitares). En política, Colombia no es un país de extremos, aunque parece.

Hay zonas intermedias del bien y del mal que son invisibles. Y eso sucede con el uribismo. Me explico mejor, Uribe no es Carlos Castaño ni Mancuso, Uribe no ha ordenado masacres ni posee tierras despojadas por Jorge 40, pero se ha rodeado por quienes han asesinado, perseguido y desplazado a cientos de víctimas de la guerra. Su propio hermano tuvo apostolado paramilitar. Alguien podría replicarme que si la izquierda tiene su expresión política en la Marcha Patriótica, la derecha está en su derecho de tener la Marcha del Centro Democrático. Empate, equilibrio o simetría de fuerzas y movimientos políticos. Todo eso suena razonable, pero no creo que explique la compleja nube que pesa sobre el fondo oscuro en que está Colombia.

¿Qué hay entre los extremos del crimen paramilitar y su expresividad política? ¿Algo nos pueden revelar estas marchas sobre la confrontación política entre los extremos? Yo pienso que sí. Y tengo tres argumentos: (a) la mentalidad reaccionaria del colombiano medio; (b) la poca movilidad de ideas; (c) la geografía política.

  1. La marcha del Centro Democrático es un hecho político. Muchos uribistas salieron a las calles y manifestaron su desencanto con el gobierno Santos. Algunos expresaron rabiosamente su indignación con las negociaciones en La Habana, y creen que estamos en peligro de quedar en manos de las FARC. Otros odian que se les devuelva tierra a los campesinos y a las familias despojadas de sus bienes. Todos estos son hechos. Pero son hechos que responden a una mentalidad y la misma mentalidad es reaccionaria. ¿Y esto qué significa? Significa que el uribismo no es Uribe, pero lo contiene. La mentalidad contagia como los virus, como en el caso del uribismo; y se hace reaccionaria, justamente, porque Uribe odia los cambios a su modelo de gobierno. De modo que las marchas del uribismo solo son manifestación de una mentalidad que en Colombia tiene historia. Con independencia de los trapos azul o rojo, la mentalidad reaccionaria ha motivado acciones contra el cambio, el progreso, la democracia o los derechos humanos.

  2. Mi segundo argumento es que en Colombia se ha cultivado una razón pública demagógica. La poca movilidad de ideas obedece a la incapacidad para trazar mejores argumentos y avanzar. Las marchas del uribismo como los discursos de Uribe son eso. Ciclos interminables con expresiones de primitivismo: tierra, familia y moral. Observemos las causas de la derecha o la izquierda y encontramos los mismos ideales etiquetados con nombres diferentes.

  3. El tercer componente para comprender estas paradojas en Colombia se relacionan con su geografía. Y esto podemos verlo en las marchas con sus resultados. Los territorios con predominio de la mentalidad conservadora coinciden con zonas en donde las poblaciones han sido atemorizadas por los paramilitares o guerrilleros. No es Bogotá, Cali o Barranquilla, pero sí Medellín, San Alberto (Cesar) o Palmira (Valle). La geografía política diseña los mapas territoriales de la derecha o la izquierda. Y viceversa. En el sur de Bolívar y Córdoba se suspendieron las marchas, pero esas poblaciones han experimentado una historia de predominio paramilitar. No salen a las calles ciudadanos libres, sino poblaciones intimidadas por quienes ordenan sus gobiernos.

En resumen: las condiciones potenciales de reactivación paramilitar o una paz duradera en Colombia dependen menos de hechos políticos concretos que la mentalidad que tengamos los mismos colombianos. Las marchas del Centro Democrático (derecha) o las Marchas Patrióticas (izquierda) reflejan mentalidades. El uribismo y Uribe tienen una mentalidad reaccionaria que, sumada a una pobre movilidad de ideas y a una geografía política conservadora, reflejan lo que somos.

Salir de estas condiciones nos exige juntar principios de cambio con acciones concretas, pero es tema para otra ocasión.

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