Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Los conectores de la actividad escolar son claves para el diseño del individuo que logra llegar hasta la educación superior. Pero la era del acceso digital ha eliminado tales condiciones.


Los procesos de formación temprana contribuyen con una de las claves en la experiencia de la lectura y la escritura. Y con su evolución se describe también una identidad personal y colectiva. Somos un reflejo de nuestro pasado y una proyección del futuro.

Mover la mano en dirección a una página en blanco y relacionar la actividad neuronal de modo que coincidan, es una práctica indeleble en la vida de todo ser humano. Así aprendemos las primeras vocales y el alfabeto..., copiando aquello que vemos en los demás. Inicialmente toda forma de aprendizaje es autoritaria: seguimos la autoridad de los mayores. Y no como creían Leibniz y Locke, desde una tabula rasa.

Conseguir mantener con el tiempo esa práctica de mover la mano sobre la piedra o el papel, no sólo excluye la posibilidad de enfermedades tardías, sino, y más importante, reactiva continuamente las interacciones entre la memoria y la inteligencia. Los conectores de la actividad escolar son claves para el diseño del individuo que logra llegar hasta la educación superior.

Pero la era del acceso digital ha eliminado tales condiciones, creando en su lugar un automatismo analfabeta desconcertante. La mano ya no se relaciona con el cerebro, es decir, se ha extirpado la sensación que lleva de la mano hacia las neuronas. La morfina del dedo sobre la pantalla ha creado una fantasiosa realidad virtual. Los homínidos han transmutado el esfuerzo por la comodidad y el placer del ocio vacío.

Jóvenes y adultos con sus móviles se mueven en las redes como bacterias en un plasma. El huevo digital es globalizado y todos los datos que circulan en Internet se han posado sobre la aguja de un alfiler. Los ángeles del medioevo ahora son microchips, la nanotecnología es la ciencia más angelical del hombre posmoderno.

Con lo anterior, la regla del menor esfuerzo terminó ocupando los hábitos de la lectura y la escritura. El sujeto del conocimiento en la Modernidad es ahora víctima de fetiches freudianos. Copiar y pegar es menos enojoso que llevar la mano hacia el cuaderno y apuntar los datos de la escritura.

Las universidades y colegios asumen el plagio como problema ético y se equivocan. Porque no es únicamente eso. La copia desautorizada forma parte de sociedades que han legalizado lo ilegal. Se trata de un comportamiento generalizado que proviene de los mercados de transacción, pero sin reglas. El envoltorio de la red contiene además una línea de apoyo al espíritu del menor esfuerzo. Quien plagia obras reproduce mecanismos tradicionales de la economía del contrabando. En realidad, es el efecto demoledor de la cultura de la satisfacción, en palabras de Galbraith.

La humanidad del acceso digital ha logrado la conversión en masa. El mercado del capitalismo ha conseguido engañosamente vender el simulacro. Desde su comodidad, el individuo posliberal cree poder transformar a la sociedad desde su iPad o su pantalla orwelliana. Pero se miente a sí mismo. Finge porque cree que todos mienten fingiendo, y así. Uno de los epigramas del mercado posmoderno: redistribuir la culpa es menos complejo que redistribuir el capital.

En realidad, lo que ha sucedido con este capitalismo de los mercados es que ha conseguido transmutar al individuo liberal Moderno en sujeto consumidor, interconectado y dependiente. Una tragedia experimentada como comedia. La sobresaturación es ahora su medio natural. Con muchos datos disponibles, el individuo no sabe qué hacer.

Las sociedades del presente son pasivas en grado extremo. La dinámica del cambio en red es como el río de Heráclito. Nada permanece igual aunque todo sea igual. En el fondo, las burbujas nacen primero en estos estados de la conciencia colectiva para luego llegar a los mercados financieros.

Vuelta de tuerca. El camino del progreso con las nuevas tecnologías es regresivo. Al perder los hábitos de la lectura y la escritura, hemos vuelto a un estadio primitivo. El Homo sapiens es tratado por los mercados del consumo capitalista como un nene de cuna. Avanzamos hacia la sociedad del vacío.

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