Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La agencia principal del paro no son realmente unos pequeños propietarios. Se trata de estructuras y carteles organizados en redes que operan a nivel nacional e internacional. Dueños y compradores de un parque automotor que supera las quinientas y hasta mil tractomulas.


El paro camionero es el tema de la semana; pero sus causas han sido un problema que nos permite explicar el incremento en la canasta de consumo familiar, el estancamiento de la economía, las desigualdades heredadas, las malas políticas, los fallos en los tratados comerciales, los poderes regionales, los carteles, las pobres soluciones negociadas y el lavado de activos. ¿Todo eso? Sí, en realidad, el paro camionero es reflejo acumulado de problemas críticos que tiene hoy Colombia. Voy a exponer algunas de mis razones.

La primera es conceder a sus defensores voz. Dicen quienes defienden el paro (incluyendo al senador Uribe) que el Gobierno ha desarrollado un proceso de chatarrización en beneficio de grandes empresas y en contra de propietarios menores. Además de facilitar condiciones para el ingreso de un parque automotor por vía de los tratados comerciales y en desventaja de la industria nacional. Del mismo modo, alegan que las medidas del Gobierno afectan principalmente a los pequeños camioneros al imponer cobros altos por peajes y bajos precios en fletes. Las transnacionales obtienen ganancias en contra de las políticas de protección al parque automotor de los pequeños propietarios del transporte. En síntesis, los defensores del paro asumen que trabajan a pérdida condicionados por restricciones a sus derechos de incrementar cobros por carga, descarga, rutas, etcétera.

Una lectura del paro camionero en lenguaje de teoría de juegos ayuda. La estrategia del gremio es ganadora. Han logrado extremar al oponente (Gobierno y hogares) hasta bloquear el ingreso de alimentos a las ciudades. Como en las Guerras del Peloponeso, descritas por Tucídides, asedian a los pueblos hasta negarles derechos básicos de supervivencia. Tomate, cebolla, plátano, arroz, pimentón, carne, i.e., alimentos básicos que golpean inclementemente a los más pobres. La estrategia del Gobierno ha sido reactiva: decretos y medidas como la de imponer sanciones a los conductores con tractomulas estacionadas en las carreteras, partes e inmovilizaciones; digamos que no logran contrarrestar al poder agremiado. La fuerza relativa está de parte de los grandes propietarios camioneros, aunque tengan razones.

Lo segundo es valorar aspectos invisibles, pero determinantes del paro camionero. Aquí el diablo son los detalles. Descontando las razones de inequidad y desactualización de fletes, peajes, deudas por chatarrización efectiva, etcétera. La agencia principal del paro no son realmente unos pequeños propietarios. Se trata de estructuras y carteles organizados en redes que operan a nivel nacional e internacional. Dueños y compradores de un parque automotor que supera las 500 y hasta 1000 tractomulas. La cadena de un negocio que enriquece a intermediarios en los procesos de falsa chatarrización, secretarías de tránsito, transporte intermunicipal y puertos de salida y destino comercial.

Leyendo las medidas y decisiones del Gobierno, es evidente que el pulso no es con camioneros pequeños, propietarios menores. Ni se trata de una estratagema de Santos y su ministro favoreciendo un tratado comercial específico. No es que una multinacional pretenda vender a precios de oro camiones que no pueden comprar familias cuyos ingresos dependen de su trabajo. Ni mucho menos. Lo que se propone con el sector camionero es semejante a lo propuesto en el sector salud con resultados a medias: transparencia en los procesos, depuración en los trámites, institucionalización de los gremios. En pocas palabras, el Gobierno da una batalla contra la corrupción en la economía del transporte. Aquí reside el meollo del problema. Las contrariedades entre los camioneros y el Gobierno son de mayor alcance. Es una pelea del Estado contra las mafias del transporte de carga y no el Esmad dándole palo a unos pobres choferes.

El paro camionero ha logrado agotar la canasta de ingresos familiares. Llevando la economía a una inflación desbordante y provocando el desabastecimiento en las plazas. Pero sus agentes principales no padecen hambre. Paralizar el país ha sido propio de fuerzas divergentes, i.e., no podemos hacer lecturas ingenuas o en apariencia simples como las que proponen populistas de izquierda o derecha. De modo que no resulta extraño que quienes dominan el mercado automotor se relacionen con bandas capaces de multiplicar amenazas en las terminales de transportes, quemar camiones de propietarios menores o soñar con el regreso del gobierno de mano firme y corazón grande.