Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Las plazas y las calles son lugares del cambio. Las marchas de los universitarios introducen innovaciones en torno a los márgenes del poder político. Y lo hacen manifestando afirmativamente su respaldo a la paz en Colombia.


Cierto que el Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos abre nuevas esperanzas con los Acuerdos; cierto que el acumulado de mentiras de la campaña por el No responde a una estrategia de superior alcance: destruir las iniciativas de este gobierno por lograr la Paz y establecer condiciones duraderas de reconciliación. Cierto lo anterior. Sin embargo, entre los acontecimientos contradictorios de esta semana, el menos contradictorio o menos espectacular, se relaciona con los estudiantes. Específicamente con la marcha de las velas y el reclamo silencioso, pero extraordinario, del movimiento que comenzó en Bogotá y Medellín, pero que seguramente se extenderá hacia todas las ciudades capitales en Colombia. Es el poder en movimiento. Una manifestación pacífica de los universitarios y estudiantes reclamando por un país en Paz y el mantenimiento de los Acuerdos.

A diferencia de los partidos políticos, de las instituciones y las élites en Bogotá. A diferencia de poderes económicos, los movimientos de las velas encendidas y las marchas llenando las plazas en las ciudades capitales, estos movimientos masivos de jóvenes universitarios tienen un poder relativo, pero no por ello menos real. Recordemos que revoluciones como la francesa y la americana, el movimiento obrero, los movimientos étnicos y pluralistas, o sublevaciones como las ocurridas en Europa oriental, promovieron cambios fundamentales en el sistema político y la sociedad. Muy desde abajo, comenzaron insignificantes.

En Colombia, el poder en movimiento de los estudiantes interpreta que los cambios no dependen de los medios. Que si bien los medios digitales promueven aglomeraciones y crean expectativas, estos no son suficientes. Apoyar los esfuerzos de Paz del Gobierno y promover las reformas que contemplan los Acuerdos, exige manifestaciones públicas. Y los jóvenes, sumados a quienes apoyaron el Sí, y quienes no votaron, pero están comprometidos, han decidido tomarse pacíficamente las calles y las plazas. La Plaza de Bolívar en Bogotá y las avenidas principales de Medellín se colmaron con jóvenes, presionando por respuestas inmediatas.

Las marchas con velas encendidas, las marchas en silencio, las marchas sin denominador político hegemónico, es decir, sin ningún partido político reclamándose lo suyo, comprenden una clave del poder en movimiento. Y nos muestra que la acción política colectiva surge cuando se dan oportunidades políticas para la intervención de personas que normalmente carecen de ellas. No hay únicos protagonistas. Los movimientos estudiantiles de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y otras ciudades capitales han atraído a la gente a la acción por medio de repertorios pacíficos.

Las plazas y las calles son lugares del cambio. Las marchas de los universitarios introducen innovaciones en torno a los márgenes del poder político. Y lo hacen manifestando afirmativamente su respaldo a la Paz en Colombia. Críticamente reaccionando contra la prolongación de la guerra. Tales marchas vienen apoyadas por redes sociales densas y símbolos culturales a través de los cuales se estructuran nuevas formas de hacer política. La interacción de los estudiantes con los oponentes a los Acuerdos ha sido extraordinaria y pacífica.

Este poder en movimiento de los estudiantes es profundamente significativo por tres motivos. Primero, porque reclama de quienes dirigen el proceso y sus oponentes una mayor participación de amplios sectores sociales. Esto es, cualquier modificación de los Acuerdos debería contar con las Víctimas, con los del No y con los del Sí, además de tomar en cuenta a la mayoría de la abstención. Segundo, el poder en movimiento de los estudiantes comparte con los negociadores la necesidad de implementar los acuerdos. Lo que significa dar su respaldo a los puntos acordados: Reforma Agraria Integral, Participación Política, Desarme y Desmovilización. Tercero, los estudiantes y quienes marchan en las calles y plazas, buscan transformar a Colombia en tiempo presente. Por eso han protestado contra la manipulación.

Finalmente, los ciclos de acción del movimiento estudiantil dependerán del alcance y los cambios efectivos en los Acuerdos. Los efectos externos que logren las manifestaciones. Y, por supuesto, del tiempo. ¡Acuerdos Ya! Reclama su consigna. Las consecuencias de estos movimientos no dependen propiamente de la justicia de la causa alegada por quienes votaron el Sí, ni tampoco del poder de convicción de cualquier movimiento político en particular, sino de su amplitud y de la reacción de las élites.

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