Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

El análisis de milicias reclama claridad conceptual como empírica. Conceptual, porque el propio término en la literatura especializada es polisémico. Algunos analistas prefieren por esto el término de Grupos conexos.


El impasse de los resultados del Plebiscito y los Acuerdos con las FARC son contradictorios. Y exponen, además, las tensiones entre la llamada democracia de mayorías y los logros alcanzados por los negociadores. Una tensa calma reina en los cuarteles. El Ministro de Defensa ha reiterado ante los medios la coherencia con el alto al fuego por parte de las FARC. Todo lo anterior es relativo. Porque depende del tiempo y que los correctivos que se introduzcan a los Acuerdos apacigüe las manifestaciones airadas de quienes atizan los extremos. Políticamente la remoción ocasionada por el No tiende a diseminarse. Y militarmente las tropas cumplen el precepto moderno de Maquiavelo, el estratega, mientras reine algo de paz su misión está del lado del ciudadano.

Lo que pasa con las FARC es correlativo. Su repliegue en zonas de presencia convencional busca protegerse ante el riesgo de ruptura que, aunque distante, es posible. La organización dispone, sabemos, no sólo de hombres y mujeres en armas, sino también de redes de apoyo. Los milicianos han tenido un papel clave durante la guerra. Y ahora con mayor razón, cuando se abren las posibilidades de cerrar este ciclo del conflicto. Pero, ¿sabemos realmente quiénes son los milicianos? Algo, desde luego. En las propias conferencias de las FARC, en sus documentos y comunicados. Sin embargo, nuestro conocimiento es muy provisional. ¿Cómo operan en zonas locales? ¿Cuál es su modo de organización? ¿Cómo se sostienen? Y ¿cuál es efectivamente su papel político en la organización?

Claridad conceptual

El análisis de milicias reclama claridad conceptual como empírica. Conceptual, porque el propio término en la literatura especializada es polisémico. Algunos analistas prefieren por esto el término de Grupos conexos, y lo definen como la existencia de grupos formales o informales que brindan apoyo financiero, logístico y delictivo a los actores no estatales del conflicto armado.

En este sentido, los Grupos conexos son identificados con las milicias, algunas de ellas creadas al margen de la ley por parte de civiles a lo largo del territorio nacional; se confunde en este análisis con bandas criminales, formadas por integrantes de las FARC-EP y el ELN, básicamente dedicadas a controlar el tráfico de estupefacientes, la extorsión, la minería ilegal, el secuestro y el reclutamiento de menores de edad. Estos grupos se caracterizan porque carecen de una ideología política y su función es la del control del territorio mediante la violencia. La otra categoría estilizada para conceptualizar el término milicias, son las redes de apoyo, integradas por campesinos, indígenas y miembros de la población civil. La idea aquí es que la estructura de las redes de apoyo soporta el accionar criminal de los grupos armados ilegales, ejecutando actos de terrorismo. La matriz que une a estos grupos es que comparten planes, realizan acciones colectivas y son redes de apoyo al terrorismo.

Ahora bien, cabe señalar que la formación de las milicias por parte de civiles surge con el fin de crear un aparato de seguridad suficientemente sólido para su defensa ante la amenaza que se recibe por parte de organizaciones del crimen, entre estos actores del conflicto armado interno. O bien ante las fricciones que se presentan para establecer un sistema de seguridad en las zonas donde se precipitan manifestaciones violentas de las organizaciones del crimen, así las milicias desarrollan un sistema de seguridad semejante a la mafia, desplazando a quien no se ajusta a sus reglas.

Milicias y redes de apoyo

Las milicias también pueden ser redes de apoyo para las organizaciones del crimen, es decir, hacen parte de la organización y operan dentro de ella, lo que difiere en ellas es el modus operandi, ya que las milicias no necesitan el camuflado para ejercer sus funciones, estas tienen una forma particular de participación en las operaciones, no necesariamente son las encargadas de vigilar y controlar zonas donde se realizan actos violentos, sino que operan en otras áreas, como en cabeceras municipales, zonas urbanas y aglomeraciones urbanas.

Según este enfoque, las milicias tienen una estructura en la distribución de apoyo para las organizaciones del crimen, ya que son las encargadas de vigilar y controlar un territorio, realizar acciones delictivas como el narcomenudeo, además tienen el poder para intimidar a la población civil y una relación de control con los narcotraficantes. Las milicias al servicio de bandas criminales cumplen funciones claves en la cadena de la extorsión y soborno. No desempeñan el mismo papel del sicario, pero pueden operar militarmente cuando sus jefes así lo requieren.

El término “Grupos conexos”

Regresemos de nuevo al concepto de Grupos conexos, según este enfoque, hay que separar la función y la estructura de las milicias dentro de grupos y redes de apoyo; es decir, las organizaciones encargadas de brindar apoyo a las organizaciones del crimen son las mismas milicias, por lo que no se pueden separar como organizaciones independientes. Mi punto es que el fenómeno de configuración de las milicias debe estudiarse de forma menos excluyente, por lo que separar la terminología no resuelve los problemas conceptuales. Antes bien, creo que esto podría causar distorsiones a la hora de entender las dinámicas de su accionar, sus funciones y su formación.

La complejidad empírica del fenómeno es evidente. Las milicias no se caracterizan por depender (necesariamente) de organismos de dirección, pueden seguir operando bajo la clandestinidad mientras entregan armas y también pueden ser las encargadas de sembrar y cuidar cultivos ilícitos. Ese carácter multiplicado de sus funciones responde a la naturaleza flexible de su formación. En este sentido, el concepto abarca diferentes dimensiones en cuanto a su estructura y la distribución de las organizaciones criminales. Por lo anterior, sustituir el concepto de milicias por el término inédito de Grupos conexos, contrario a resolver un problema, lo hace más confuso. La categoría de Grupos conexos ofrece dificultades a otro nivel quizás más importante. Se trata del lenguaje y los principios que enmarcan los Acuerdos. El término conexidad se ha relacionado en La Habana al tema del narcotráfico. Por lo que estaríamos de regreso a un debate relativamente superado en el texto de los acuerdos.

La necesidad de diferenciar

De otra parte, el concepto de bandas criminales ha sido definido en este enfoque como el tipo de organización encargada de realizar actos delictivos como la extorsión, la minería ilegal, el secuestro y el reclutamiento de menores de edad. Estas organizaciones son agentes del crimen organizado que operan tras el poder abandonado por los paramilitares en las regiones que dominaban. El relevo de agrupaciones paraestatales surge para ejercer el control territorial y social. Y aunque las bacrim hagan parte de organizaciones del crimen, no pueden tratarse como milicianos, dado que cada fenómeno relacionado con las estructuras criminales debe especificarse de forma separada en función de sus diferencias.

Grupos conexos es un término que si bien vincula diversas áreas del conflicto armado, incluye a los grupos de apoyo como una organización distinta a las milicias, es decir, fenómenos derivados de la violencia que deben investigarse por su origen y evolución de forma independiente.

Una investigación completa debería mostrar la estrecha relación entre estas organizaciones y sus diferencias, vinculándolas al contexto social y económico, observando la trayectoria de su ideología política y sus estrategias de apoyo militar.

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