Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Vargas Lleras usa recursos del Estado para promover su estilo politiquero, Rodolfo Hernández, por el contrario, ha usado su cargo al comenzar su gobierno para liberar deudas y depurar los malos manejos de las administraciones anteriores. Lo que ha dicho el alcalde sobre el Vicepresidente es lo que todos sabemos, pero los capitalinos callan.


Las declaraciones de Rodolfo Hernández, alcalde de Bucaramanga, contra el vicepresidente Vargas Lleras, de convertir la política pública en mercado electoral no es un simple episodio. O como lo han reflejado los medios capitalinos: “Las reacciones de un mandatario desprestigiado de provincia”, siguiendo las declaraciones de la bancada de Cambio Radical. En realidad, es la diferencia entre la politiquería convencional y un genuino sentido de responsabilidad ciudadana. Como David contra Goliath, el cuento tiene su misterio.

Los medios capitalinos y el periodismo regional han rodeado al Vicepresidente. Y en su notable desconocimiento del contexto expanden la versión menos comprometedora. Aunque mentirosa. Hacen eco de los mediocres contradictores del alcalde al evaluar su gestión en Bucaramanga, mientras se empeñan en ocultar la siniestra campaña de Vargas Lleras hacia las presidenciales del 2018. El alcalde es malo, Vargas Lleras es bueno. Seguimos en un juego maniqueo.

Lo expresado por el alcalde de Bucaramanga desnuda el modelo de política convencional que la élite bogotana pone en práctica en la provincia: el voto amarrado por el plato de lentejas, i.e., el plan de vivienda social que constituye una responsabilidad del Gobierno, usado en beneficio propio, de partido, de clase, etcétera. Vargas Lleras usa recursos del Estado para promover su estilo politiquero, Rodolfo Hernández, por el contrario, ha usado su cargo al comenzar su gobierno para liberar deudas y depurar los malos manejos de las administraciones anteriores. Lo que ha dicho el alcalde sobre el Vicepresidente es lo que todos sabemos, pero los capitalinos callan, a saber: que la vieja politiquería abusa del poder en función de los votos.

La trayectoria política de Vargas Lleras tiene además dos agujeros negros. El primero formado por sus contradictorias posturas frente a las negociaciones de paz. Su antagonismo con el presidente se ve reflejado en esa psicología de discreta distancia y parquedad con el postconflicto. Los llamados de atención de Santos no han hecho más que exaltar la soberbia tan propia de quien trata a sus subalternos como un capataz. El carácter del Vicepresidente nos recuerda la ostentación del poder que tuvo hasta mediados del siglo XX la élite cachaca con respecto a los patisucios de la provincia.

El segundo agujero del Vicepresidente es su obsesión por el poder. De modo que ha usado sus posiciones a la sombra del Gobierno, los programas de inversión social, vivienda y obras para lograr empoderamiento regional. Alcaldes, concejales, ediles y políticos en municipios y departamentos, todos, conforman una red de apoyo a sus planes. Y los programas, que son la responsabilidad del gasto social del Estado, quedan como una deuda que los políticos de provincia tienen que pagarle. Vargas Lleras convirtió las inversiones del Gobierno en un cheque en blanco que los mandatarios locales deben pagarle.

En Santander, el Vicepresidente ha presentado los programas de inversión en vivienda y obras públicas de la mano de reconocidos parapolíticos. Con la clase social procedente del narco y los carteles regionales. Los mismos que promovieron y compraron campañas electorales en las ciudades más importantes del departamento. Y que vendieron al país el espejismo de Bucaramanga como la ciudad rica de Colombia. Son esos políticos los que realmente corrompieron el manejo de los recursos públicos y endeudaron a la ciudad. De modo que la campaña de Vargas Lleras en esta región es la mezcla del viejo clientelismo con el estilo del parapolítico. La resurrección del manzanillo y el narco con sus siniestros planes de poder.

Fue Alexis de Tocqueville antes que Marx quien nos descubriera esas sutilezas del poder. Y, mucho antes que ellos, Goethe. Lo demoníaco como parte de un proyecto racional, planificado, medido, calculado. La política es tan solo excusa, medio o forma. Personalidades como la de Vargas Lleras reproducen esa tipología de estilo mediocre, pero eficaz. No son gran cosa, sin embargo, la masa los convierte en modelos ejemplares. No hablan ellos, pero tienen voceros para hacer creer que son semidioses.

Como en el cuento del Rey Desnudo, el alcalde Rodolfo González hizo ver al vicepresidente Vargas Lleras.

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