Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Con los gobiernos de Uribe y Santos las reformas tributarias que se aprobaron solo han conseguido mantener y extender las desigualdades sociales. Aunque sus funcionarios (economistas) mantienen el mismo discurso con curvas de crecimiento y tendencias de desempleo.


El celebrado Thomas Malthus introdujo la idea de medir censos poblacionales y relacionar la geometría del crecimiento y los alimentos. Con David Ricardo los números de la economía empezaron a servir con fines tributarios. Ambos contribuyeron a convertir la estadística en asunto de Estado. Aunque su uso técnico llegaría muy posteriormente.

Más tarde, Quesnay, un médico, terrateniente y cortesano, en el siglo XVIII inventó una tabla numérica de las relaciones económicas entre los campesinos (productores), los artesanos y los comerciantes (intermediadores) y los terratenientes, el clero y el Estado (improductivos). La tabla de Quesnay se propagó oficialmente como ejemplar de mediciones en econometría hasta el siglo XX.

El filósofo David Hume menciona el trabajo en sus ensayos monetarios y critica la idea de juzgar a los artesanos y comerciantes como “zánganos”. Su amigo, Adam Smith, en La riqueza de las naciones, se rehusó a utilizar la tabla de Quesnay, así como tampoco el cálculo. Adam Smith fue consciente que la economía podía explicarse sin complejidad numérica.

Finalizando el siglo XIX, León Walras logra una teoría matemática del equilibrio en los mercados. Su trabajo en economía es comparado con la misma Mecánica Clásica de Partículas de Newton. Un discípulo suyo en Italia, Vilfredo Pareto, logra realizar el primer análisis econométrico. Desde estadísticas fiscales, este autor muestra que el número de contribuyentes con ingresos superiores a x es inversamente proporcional a x elevado a una potencia que está entre 1.35 y 1.73. Pareto juzgaba la desigualdad económica como un destino natural de las sociedades humanas. Sus teorías se adaptaron políticamente para reaccionar contra las revoluciones. Y los paretianos creyeron que toda revolución no era más que el derrocamiento de una aristocracia en nombre de otra.

Los contadores y administradores leen a Pareto de otro modo. Y lo resumen en una fórmula abreviada: 80/20. En pocas causas (20%) se concentra la mayoría de los efectos (80%), el veinte por ciento de los propietarios poseían el ochenta por ciento de las tierras, mientras que el restante 20% de los terrenos pertenecía al 80% de la población restante.

Con los sistemas computacionales, ¡llegaba la ley de grandes números! En 1949, Leontief, economista ruso refugiado en Estados Unidos, transformaba la tabla de tres sectores de Quesnay en una tabla de insumo–producto de 500 sectores de la economía. En adelante, insumo–producto se convertía en un performativo (Austin), una frase capaz de convertir a los incrédulos. El modelo insumo–producto se coronaba como el modelo para medir cómo iban las economías nacionales.

Pero faltaba algo para hacerlo casi perfecto, a saber: transformarlo en un modelo que permitiera pronosticar el futuro. Esta fue la obra de Lawrence Klein, quien recibió el Premio Nobel en 1980 (siete años después de su otorgamiento a Leontief). En Colombia el gabinete de Hacienda de César Gaviria (Rudolf Hommes) adoptaba un modelo análogo tras los dictados del Consenso de Washington.

Los funcionarios de hacienda fomentaron una econometría basada en proyectar tendencias observadas. Por desgracia, sus modelos entraban en contradicción con la realidad; y las relaciones de causa/efecto hicieron su propia crisis. Muy a pesar, todavía se forman estudiantes que repiten como loros que si esto o aquello la economía crecerá equis por ciento. El colmo de algunos es fijar números decimales.

El ideal del modelo legaliforme (causa/efecto) introduce supuestos simples, por ejemplo, A, B, C. Si el modelo arroja resultados diferentes a A, B, o C, tanto peor para el modelo.

En enero de 2016, el ministro Mauricio Cárdenas anunciaba que el crecimiento de la economía sería de 3.5% y en 2018 de 5%, con la seguridad del científico. Pero no hace ciencia. Como todas las afirmaciones de un político, un economista como funcionario se comporta como funcionario, no como economista.

En 2016 se propuso la “reforma tributaria integral” que pondría la economía al día y por fin permitiría superar el período crítico de bajo crecimiento. Pero esta reforma ha resultado semejante a las reformas A, B, C, y D, o una combinación de AB, AC, AD, BC, BD; o A,B,C sin saber con precisión sus efectos estructurales.

Una objeción a todo lo anterior, es que ninguna econometría propone modelos legaliformes. Pero, entonces, los economistas deberían evitar afirmar que con tales reformas se producen crecimientos de 3,5% en 2016 y de 5% en 2018.

Con los gobiernos de Uribe y Santos las reformas tributarias que se aprobaron solo han conseguido mantener y extender las desigualdades sociales. Aunque sus funcionarios (economistas) mantienen el mismo discurso con curvas de crecimiento y tendencias de desempleo. Los números no transforman los hechos, pero pueden adornarlos.