Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Leer continuamente ayuda a corregir problemas de escritura. Más aún, leer supone escoger qué libros o autores leemos. Aquí la experiencia es insuperable.


El tema sobre cómo escribir ha recibido atención durante siglos. Desde la academia de Platón hasta los breves tuits de Bill Gates, se han dado consejos y recomendaciones. Llevo casi treinta años ejerciendo profesionalmente la escritura en la universidad. Y escribo para periódicos. Más aún, aunque en medios digitales tengo semanalmente mi opinión sobre temas de coyuntura, es en la experiencia académica en donde me desenvuelvo principalmente.

De hecho, escribo porque leo continuamente. No sólo en economía, sino en muchas disciplinas (física, matemática, antropología, historia, filosofía, informática, psicología, geografía). Lo hago porque estos campos amplían las posibilidades de conocimiento, mi estilo de escritura y porque me permiten escribir para auditorios distintos.

Escribo de manera diferente si el tema es historia del análisis económico o mercados de drogas, modelos tributarios o guerras civiles. Si un artículo está destinado para la Revista Análisis Político o la Revista Economía Institucional. La escritura varía dependiendo de los auditorios que leen. No es igual una columna de opinión en Palmiguía.com que un artículo dirigido al Journal of History of Economics Ideas. Las personas que leen estos medios tienen distintos intereses.

Durante todos estos años he acumulado experiencia no sólo personal, sino colectiva: mi madre, mis maestros, colegas, libros, conversaciones y demás. De modo que estos mismos comentarios no son de mi exclusividad. Así como Cervantes, Balzac, Diderot o Kundera y García Márquez, mi escritura refleja la inmensidad y la profundidad de las tradiciones culturales en las que me he formado. Hago lo mismo al escribir: prolongar una forma de observar la vida entre muchas formas de observar posibles.

Estos son algunos de mis principios:

1. Disciplina al escribir

Madrugo entre 4:30 y 5:30 todos los días. Pongo algo de café y dejo la cama tendida. Abro mi cuaderno de notas y escribo durante dos horas cada día de la semana (incluyendo sábados, domingos y feriados), paso luego al computador y voy corrigiendo las notas. Con el tiempo he tenido resultados extraordinarios. Ahora mismo escribo un largo ensayo al que he agregado 75 páginas a un solo espacio. Y en menos de dos meses llevo corregidas 115 páginas. Para lo que va del presente año, creo que son buenos resultados.

2. Rodearse del ambiente

El lugar donde vivo es una biblioteca (libros en el dormitorio, los baños, la mesa del comedor, las estanterías, la cocina, el balcón). Un computador con los servicios básicos de internet. Cuando viajo tengo precaución de llevar los materiales básicos de escritura. En Medellín, un amigo ebanista me elaboró dos atriles de lectura, uno de ellos lo tengo en la oficina y otro lo uso en mi escritorio. Tengo una silla relativamente cómoda. Y utilizo todo el tiempo Dropbox y los correos para guardar mis avances.

3. Habla como escribes

Mis amigos me reprochan el habla lenta. Y creo impacientar a quienes me dirijo cuando converso. Pero debo confesar que es un hecho provocado por la escritura. Mientras escribo siempre me voy imponiendo claridad y coherencia. Y contrario al periodismo, no escribo como hablo, porque mantengo la vigilancia de no ser ligero con las palabras. En consecuencia, cada que escribo tengo presente al interlocutor del diálogo en nuestros mejores momentos.

4. Pide lecturas contradictorias

Antes de dar a conocer un texto prefiero que me lean críticos. Tengo dos colegas, amigos, quienes ejercen su papel como jueces implacables. Y me retroalimentan. Ha sido muy difícil para mi orgullo propio, pero algunos borradores han ido a parar a la basura después de recibir sus observaciones. La escritura exige rigurosidad o especulación dependiendo del tema, el problema y los lectores destinatarios. Pero en general, uno tiene que avanzar hacia la frase clara, cortante; o la metáfora viva y la imagen deslumbrante.

5. Lee mucho y en disciplinas diferentes

En treinta años de experiencia académica, he compartido con muchos profesionales talentosos: economistas, filósofos, ingenieros, geógrafos, antropólogos, matemáticos, físicos. De todos he aprendido su forma de buscar, analizar y resolver problemas. Las fuentes digitales de la investigación ahora quedan a un clic, de modo que he elaborado archivos completos y sistematizados en tales áreas. Cuando requiero información especializada, sé donde encontrarla. Con el paso de los años practico una suerte de epistemología comparada. Cada problema puede ser abordado con muchas herramientas analíticas y la gracia consiste en identificar los medios apropiados.

Antes de escribir leo mucho, aunque no en exceso. El tiempo es un indicador necesario, pero limitado. Luego, me esmero en usarlo metódicamente mientras estoy trabajando en un proyecto. Leer continuamente ayuda a corregir problemas de escritura. Más aún, leer supone escoger qué libros o autores leemos. Aquí la experiencia es insuperable.

Yo leí a Platón en los periódicos que vendía y repartía en mi pueblo cuando tenía doce años. Y luego, Balzac, Dostoievski, Shakespeare y Tolstoi. Me transformó la vida una lectura de La metamorfosis de Kafka. Más tarde pude reconstruir con lógica formal un modelo visual de tipo carnapiano. Algo de matemáticas simples. Había leído mucho cuando llegué a la universidad. Y luego, las bibliotecas y la vida me daban las condiciones para el destino que escogí.

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