Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La agricultura libre de insecticidas y procesos proteínicos a pequeña escala hicieron de la economía del campo una mesa generosa de la que todos nos servíamos. Pero la agricultura se volvió un negocio de ricos para alimentar a ricos.


Los precios de los alimentos orgánicos exhiben hoy las ventajas del capitalismo salvaje. ¡Un absurdo entre tanta población mundial con hambre! Y nos recuerdan que los mercados alimentarios en manos de poderosas cadenas y empresarios solo contribuyen a abrir las brechas entre ricos y pobres.

El valor alimentario de hortalizas, legumbres o granos que sembraban y cosechaban nuestros campesinos para darnos de comer. La agricultura libre de insecticidas y procesos proteínicos a pequeña escala hicieron de la economía del campo una mesa generosa de la que todos nos servíamos. Pero la agricultura se volvió un negocio de ricos para alimentar a ricos.

La comida chatarra era entonces costosa; McDonald's fue un lujo gástrico de gente rica. Hasta que se les ocurrió que los alimentos no procesados, orgánicos, eran una fuente de negocios, una renta. Entonces el capital comenzó a invertir en tierras, territorios y países. Monsanto (fuera) y grandes tiendas de superficie (dentro): Jumbo / Almacenes Éxito / Frugar, etcétera, se montaron en los márgenes de utilidad.

¡Qué ironía con los precios! Una libra de zanahoria con empaque al vacío o unos espárragos, por decir lo menos, cuestan el precio equivalente a tres o cinco libras del mismo producto en la plaza. Más aún, si los mismos productos orgánicos son importados, te valen un ojo de la cara. Los precios no los impone el mercado, eso es un sofisma neoclásico.

Explicarse estos fenómenos relacionando términos aprendidos: "sociedad de consumo" o "capitalismo" es insuficiente. Los factores causales de nuestra descomposición como sociedad pasan por la pasividad y el servilismo. Una crítica en cadena y una negación radical a comprarles sus productos es necesaria. Negarse a consumir productos que procedan de compañías que destruyan los humedales, las cuencas y los afluentes de los ríos es necesario.

Como necesario respaldar y luchar por la agricultura de pequeña escala, las zonas de reserva campesina y los proyectos que busquen restaurar los equilibrios entre la naturaleza y nuestra humanidad. Comprar directamente a los campesinos en sus lugares y defender la necesidad de sus iniciativas es parte de este esfuerzo.