Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La clave de la forma alegórica en Baudelaire debemos encontrarla en el significado que adquiere la mercancía debido a su precio. Si las cosas pueden ser tasadas como mercancías, se contrapesan con el valor inestimable de la novedad.


A Baudelaire le hace un genio su melancolía. También a Nietzsche y Hölderlin. “Soy hijo de la melancolía”, dice Kierkegaard. Todos ellos son poetas alegóricos. Pero Baudelaire es quien convierte a París en objeto de la poesía lírica. Su poesía local se opone desde entonces a todo género de poesía de provincia. Porque la mirada que el genio describe sobre la ciudad nos revela más bien el sentimiento de profunda alienación. Es la mirada de un flâneur, en cuyo género de vida se disimula la miseria de los habitantes de nuestras ciudades.

En Bogotá o París, Ciudad de México o Praga, el flâneur busca refugio en la multitud. La masa anodina es el velo a través de la cual la ciudad familiar para el flâneur se convierte en fantasmagoría. Desde allí la ciudad aparece unas veces como paisaje, otras veces como una habitación; más tarde, el flâneur se desenvuelve frente a las vitrinas de almacenes de cadena en los grandes centros comerciales. Las tiendas o boutiques localizados sobre inmensas plataformas exhiben la misma flâneire. Las cadenas y firmas comerciales quedan así al servicio de su volumen de negocios.

La personalidad del flâneur impone su inteligencia en los mercados. Los medios de que dispone son la propaganda y las marcas. En realidad, se busca encontrar un consumidor. En esta fase intermedia en donde la inteligencia aún tiene mecenas, pero en donde ya comienza a plegarse a las exigencias del mercado, concibe Baudelaire la bohemia. Estos son componentes de las metrópolis contemporáneas. Y el carácter de las generaciones posmodernas: una combinatoria de lo liviano, lo aparente, lo festivo y el capital. Todo encerrado en un espacio alegórico que da vida multicolor. Los domingos las familias prefieren visitar los centros comerciales.

A la indeterminación de su posición económica corresponde la ambigüedad de su papel político. Baudelaire observa prematuramente la época del nihilismo, asociada al consumo de lucro en los almacenes de cadena. También dentro de ellos la bohemia y los cafés–restaurantes sirven como escenarios a la figura del conspirador profesional, el político y el cliente. En París, durante el siglo XIX, Blanqui fue el representante más notable de esa categoría. Nadie tuvo una autoridad revolucionaria comparable a la suya. Por esto se trata de un sentimiento de profunda alienación. En las ciudades se confunden imágenes fantasmagóricas que atraviesan como relámpagos las Letanías de Satán.

No se olvide que estamos refiriéndonos a Baudelaire, el poeta no oficial, sin premios ni reconocimientos. La rebelión de su genio tiene que concebirse siempre por el carácter de persona asocial. No hay lugar a concesiones. Él no representa causa alguna, excepto la afirmación radical de su propia desesperanza. Al descubrir los antifaces del capitalismo emergente, en París —capital del mundo—, el poeta tiene como salida internarse en la mecánica de su naturaleza productiva. Los mercados del consumo en cadenas comerciales localizadas sobre grandes plataformas. El flâneur se convierte de este modo en un estilo de vida, una forma de vestir, caminar y figurar. Pero es antagonista y contradictor de lo mismo; de hecho, Baudelaire sostuvo una única relación sexual en su vida, y fue con una prostituta.

La clave de la forma alegórica en Baudelaire debemos encontrarla en el significado que adquiere la mercancía debido a su precio. Si las cosas pueden ser tasadas como mercancías, se contrapesan con el valor inestimable de la novedad. Lo nuevo, lo novedoso, lo innovador, representa aquel absoluto que no es accesible a ninguna interpretación ni comparación. Lo nuevo es una cualidad independiente del valor de uso de la mercancía. Es el origen de aquella ilusión de la cual la moda es la infatigable proveedora. Nos encontramos entonces con el interés propio del capitalismo. Su expansión y crecimiento dependerá en adelante de la insaciable curiosidad del consumidor.

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