Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Adam Smith como Maynard Keynes interpretan la economía desde el capitalismo. Smith ve en sus desarrollos el progreso de la humanidad; Keynes, sin embargo, duda sobre sus promesas y lo ve como un medio potencial de cambio para el bienestar de las sociedades.


El 5 de junio se conmemora el natalicio de Adam Smith (1723) y Maynard Keynes (1883), dos gigantes pensadores en la historia del análisis económico; ambos poseedores de una capacidad analítica que supera el estrecho marco del mundo académico; ambos creadores de las ideas que fundamentaron el edificio de la economía como ciencia; ambos con una sensibilidad moral profunda, humanista y justa. Y en ambos, la serenidad, la pausa, la claridad y el rigor se complementaron con su vasta cultura, sus obras y su huella imborrable sobre las artes y las ciencias.

El contexto de su influencia se relaciona con los problemas de su tiempo. Adam Smith inspirado por los desarrollos de las ciencias naturales, la mecánica de Newton y su amistad con humanistas críticos: Voltaire, Hume, Diderot. Maynard Keynes crece rodeado por el selecto grupo de intelectuales que le cambió el rostro al siglo XX: Russell, Wolff, Wittgenstein, Moore. Los problemas que confronta Adam Smith son propios del capitalismo europeo del siglo XVIII, la revolución industrial y la deconstrucción de las monarquías feudales. Keynes asiste a las consecuencias económicas de las guerras mundiales, la crisis del capitalismo y los desajustes derivados de la fase terminal del patrón oro. El mundo que decae con Adam Smith es el medioevo tardío; mientras que el mundo que decae con Keynes es el de la temprana modernidad.

Adam Smith como Maynard Keynes comparten una concepción de la economía como filosofía. La ciencia económica es una rama del árbol del saber. Su objeto son las sociedades y su bienestar, la felicidad, la vida buena, la solidaridad y el progreso de la humanidad. Smith fue profesor de lógica y filosofía moral en la Universidad de Glasgow. Enseñaba teorías del derecho, astronomía, filosofía y teorías del Estado. Su ensayo sobre la Teoría de los sentimientos morales (1759) es una reflexión amplia de la economía inspirada en las emociones morales: el egoísmo, el altruismo, el interés, la envidia, los celos. Adam Smith piensa en línea con autores como David Hume, Spinoza, Descartes, Hobbes, Kant y otros.

Keynes fue, antes que economista, filósofo, con una comprensión universal del mundo moral y político. Comparte con Russell la necesidad que tiene la humanidad de menos religión y más moral racional. Con Wittgenstein una visión meditada de la vida. Con Virginia Woolf disfruta las libertades ético–estéticas en la creación literaria. A Keynes le disgustaba el abuso de las matemáticas o las estadísticas en economía, porque creía que el lenguaje de la ciencia podía expresarse con algo de sentido común. De hecho, una de sus obras con mayor impacto en la política, Las consecuencias económicas de la paz (1932), se lee sin tener la formación de especialista.

Adam Smith como Maynard Keynes interpretan la economía desde el capitalismo. Smith ve en sus desarrollos el progreso de la humanidad; Keynes, sin embargo, duda sobre sus promesas y lo ve como un medio potencial de cambio para el bienestar de las sociedades. Keynes critica el capitalismo especulativo porque enriquece solo a unos pocos. La imagen que tiene Adam Smith de la economía se corresponde con los estados de equilibrio del mundo físico. Producción y precios, oferta y demanda tienden a su posición óptima mediante las leyes del mercado. El egoísmo es una emoción socialmente positiva porque mueve los intereses de los seres humanos. El interés individual trabaja en beneficio de los demás por cuanto aumenta los ingresos anuales de la sociedad. En síntesis, la mano invisible permite la coordinación positiva de individuos que actúan por su propia ventaja.

Para Keynes, por el contrario, las acciones de las personas en la economía pueden diferenciarse tanto como los intereses. Y los efectos del mercado abandonados a su suerte terminan beneficiando a los poseedores de mayores riquezas. Las rentas como los bienes heredados producen bienestar para una mayoría, siempre que existan oportunidades garantizadas por los gobiernos. No es Dios o un demiurgo el responsable de las condiciones de pobreza o riqueza, sino los mismos individuos y las sociedades que comparten. La economía del bienestar no es el resultado del egoísmo interesado de cada individuo.

En su tiempo, Adam Smith cuestiona las políticas mercantilistas por su defensa de los monopolios coloniales. Cree que el intercambio de bienes y servicios es necesario para la competencia, los bajos precios y la expansión de los mercados. Su obra principal, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), comprende una defensa de la especialización, las transacciones, la tierra, el capital y las fuerzas productivas en una economía moderna. Smith cree en el progreso del capitalismo, Keynes también, pero duda sobre las bondades intrínsecas de la economía de mercado.

En su Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936), Keynes juzga que al aumentar los ingresos no se produce un aumento en el consumo; y el excedente que se ahorra no necesariamente se invierte en mano de obra o maquinaria productiva. Este desbalance entre ahorro e inversión no corresponde a la economía clásica, no es Adam Smith, ni Pigou, ni Marshall. Y las consecuencias sobre la precariedad en la demanda y el empleo se traducen en la mayor crisis durante los años treinta y cuarenta del siglo XX. Keynes reivindica a Adam Smith a la economía de su tiempo, señalando de nuevo la trascendencia de la moral y los límites discrecionales del gobierno ante evidentes injusticias.

Al conmemorar el nacimiento de Adam Smith (1723) y Maynard Keynes (1883) este 5 de junio del año 2017, recordamos que son las ideas las que mueven la historia y la sociedad. El poder de sus ideas transformó la economía en un campo del saber y el bienestar de la humanidad.

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