Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Las innovaciones en los modelos financieros deberían someterse a la prueba de ensayo y error. Probar las fórmulas bajo condiciones extremas, exige organismos independientes que evalúen las propuestas.


JP Bouchaud ha referido cómo el Black-Scholes fue un modelo ingeniado en 1973 con el propósito de explicar cómo las opciones se mueven dentro de una distribución de Gauss, concebir que la probabilidad de eventos extremos (caídas) resulte insignificante. Hace dos décadas se utilizaba el modelo para explicar los riesgos de variaciones de precios en las acciones de los mercados. Hubo hechos financieros para los cuales no se justificaba el uso de la campana de Gauss, pero no hacerlo representaba un descrédito para el analista financiero. La campana de Gauss se convirtió en un caballito de batalla para explicar la confianza en los mercados.

Hasta que sobrevino la espantosa caída en las bolsas en 1987. Tan sólo en un día la bolsa de Nueva York cayó el 23 %. Durante los años 2007 y 2008, el problema radicaba parcialmente en el desarrollo de productos financieros estructurados, que se etiquetan como los subprime, y que tuvieron la apariencia de una inversión con altos rendimientos. Los modelos que se usaron para valorar los precios de los subprime fueron estrictamente erróneos: por cuanto subestimaron la probabilidad de que varios de los prestamistas, en forma simultánea, no pagaran sus deudas. De nuevo, los problemas no estuvieron reflejados en los modelos porque la realidad resultaba comprendiendo una mayor complejidad.

En otras palabras, los modelos descuidaron la posibilidad de que estallara una crisis mundial y contribuyeron a desencadenarla. Los ingeniosos analistas que desarrollaron estos modelos no cayeron en cuenta de que estaban colaborando con traficantes del crédito de la industria financiera para facilitar el contrabando de sus productos en todo el mundo —sus facultades no les entrenaron para interpretar este tipo de premisas—. Sorprende que dentro de la economía neoclásica no exista un marco de referencia para explicar las condiciones de un mercado hobbesiano, aunque nuestra vida cotidiana se desenvuelva diariamente en él.

Varios analistas en teoría de redes (Rapoport, Barabási, Watts) han desarrollado modelos para explicar cómo dentro de un sistema las pequeñas perturbaciones pueden originar efectos fenomenales. La teoría de redes se ha expandido lo suficientemente como un marco explicativo aplicable en varios campos del conocimiento científico. En física teórica, por ejemplo, muestran que un sistema puede ofrecer un estado óptimo (i. e., un estado de baja energía) que difícilmente resulta identificable. Dicho estado —como una solución óptima— es bastante sensible a los pequeños cambios, pero no se comprenden con relativa frecuencia. La teoría de redes constituye un paradigma central para la explicación que podemos tener sobre la economía y los mercados financieros, en particular. Los modelos lineales y el cálculo de probabilidades, con todas sus variaciones, resultan disfuncionales para explicar fenómenos como la crisis presente.

Necesitamos una ruptura con la formación académica limitada a los manuales de tradición formalista. Mientras la economía neoclásica continúe girando alrededor de modelamientos matemáticos, no serán robustas las explicaciones. Las facultades y escuelas de economía deberían entrenar a los estudiantes en física teórica, literatura, historia y poesía. Una ampliación sobre las imágenes del mundo consigue hacernos ver nuevas relaciones para comprender mejor el comportamiento humano. Las desviaciones en la acción colectiva pueden aparecer más pronunciadas en la economía real que en una campana de Gauss.

Las innovaciones en los modelos financieros deberían someterse a la prueba de ensayo y error. Probar las fórmulas bajo condiciones extremas, exige organismos independientes que evalúen las propuestas. Mostrar cuantos falsadores potenciales puede tener un determinado esquema analítico y cuáles pueden ser sus efectos. Un falsacionismo metodológico sofisticado, nos dice Imre Lakatos (discípulo de Popper), combina varias tradiciones diferentes. Hereda de los empiristas clásicos la necesidad de aprender, fundamentalmente, de la experiencia. De los kantianos adopta el enfoque activista de la teoría del conocimiento. De los convencionalistas han aprendido la importancia de las decisiones en la metodología de la investigación científica. La ingeniería financiera busca agotarse autorreferencialmente, no es una ciencia, aunque presume serlo.

Sobre todo existe la necesidad fundamental de cambiar la mentalidad cerrada en las facultades y escuelas de economía. Popper estuvo convencido de la importancia que en las sociedades abiertas tenía el conocimiento científico. Pero también cuestionó la veneración idolátrica de las ciencias naturales. Detrás del marco de referencia compartido por una comunidad de investigación, la realidad puede comprender algo esencial. Un excesivo formalismo y una educación dogmática sobre modelos tiene ciegos a muchos analistas. Los datos falsables de una teoría son preferibles a las ecuaciones y los axiomas. A los economistas les hace falta menos soberbia y más sentido común.

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