Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Medidas monetarias ambiguas pueden generar extralimitaciones de la autoridad económica en países con bajos equilibrios institucionales como Colombia.


Los pronunciamientos del Gobierno sobre el estado de la economía son optimistas. El ministro Cárdenas afirma que al reducirse la inflación el país va por buen camino. Las cifras del Banco de la República indican que, en lo corrido de 2017 hasta el mes de marzo, la tendencia decreciente de la inflación había continuado, debido a los menores incrementos en los precios de los alimentos (5.97 % en enero, 5.21 % en febrero y 3.65 % en marzo). En particular, las caídas cercanas al 10 % anual observadas en los precios de los alimentos perecederos dando una clara señal de que los efectos del choque climático más reciente estarían desapareciendo. Por contraste, los gremios reunidos en Cartagena afirmaron sus críticas a los excesos del gasto público y el bajo crecimiento. Las cifras, dicen, son contradictorias con lo que sucede realmente en materia de consumo e inversión. El ambiente es ambiguo en términos monetarios.

Esta ambigüedad puede afectar la política monetaria de varias maneras. Por ejemplo, cuando la ambigüedad se relaciona con una tendencia al pesimismo por parte de empresarios y exportadores. Medidas monetarias ambiguas pueden generar extralimitaciones de la autoridad económica en países con bajos equilibrios institucionales como Colombia. Las condiciones difieren cuando el objetivo principal de la política monetaria es contener la inflación. Ha sido una de las funciones centrales en las decisiones tomadas por el Banco de la República al reducir durante este último semestre las tasas de interés.

Pero la ambigüedad registrada también en las intervenciones del Banco de la República durante este último período tienen, obviamente, impacto sobre la inflación. La inflación causada puede reducirse si la política monetaria es orientada por comunicados creíbles. Cada vez que la junta directiva del banco se pronuncia, genera procesos de persuasión que afectan a los mercados en su conjunto. Recordemos que la información en la economía no es monotónica. Y es preferible una autoridad monetaria que se comunique, a una Banca Central que asuma decisiones arbitrarias.

Algunos analistas no toman en cuenta preguntas sobre las medidas tomadas por el Emisor durante este último semestre; una de ellas, ¿qué tipo de proyección económica contiene la expectativa general creada por la autoridad monetaria? Una interpretación básica de la respuesta supone preguntar si las variables de equilibrio con este tipo de decisiones guardan una relación proporcional con las expectativas creadas por el Gobierno.

Resulta curioso que las declaraciones del Gobierno sobre estas medidas, así como las contrariedades de los empresarios, no se relacionen con la ambigüedad que padecen quienes deben tomar estas decisiones. Porque es la ambigüedad monetaria la encargada de distorsionar las funciones de equilibrio en las creencias que tienen los mercados. Si habitáramos el mundo feliz de Aldous Huxley, las decisiones restrictivas en materia económica nos encantarían a todos por igual. Pero en un mundo macondiano, las previsiones perfectas se descomponen en distribuciones sesgadas de probabilidad. Aquello que encanta a los unos resulta una ruina para los otros.

La medida de reducir nuevamente la tasa de interés de intervención no afectará gravemente la inflación, de modo que la ambigüedad monetaria no tendrá repercusiones. Mientras se mantenga cierto grado de confianza en la economía, no habrá cambios desastrosos. Sin embargo, dos cosas merecen atención. En primer lugar, una política monetaria no puede expresarse todo el tiempo en forma ambigua. Los mercados responden sensiblemente a medidas que puedan ajustarse a condiciones razonables de cambio. Un incremento progresivo en la devaluación del dólar y el deterioro en el comportamiento de la canasta de alimentos pueden transformar la confianza del país.

En el contexto de la economía, como afirmaba Keynes, la confianza genera una reducción de las tasas de inflación y los niveles de producción tienden a proyectar un ritmo normal. Después de todo, con los gobiernos anteriores, los colombianos recorrimos un camino demasiado marcado por la incertidumbre. Con este gobierno la confianza proclamada resulta ahora desbordante. Pero la ambigüedad monetaria parece disponer de razones que limitan nuestra felicidad.

Sintetizando. Hemos argumentado que la ambigüedad monetaria podría relacionarse afirmativa o negativamente. Lo que complace a una mayoría es que la tasa de inflación real corresponda a la tasa de inflación esperada. La inflación anual en junio se situó en 3.99 %. Según el Banco de la República, su aceleración durante el mismo mes del año anterior se debió principalmente al fuerte incremento de los precios de los alimentos y los paros. En tales condiciones, las reacciones del público hacia la ambigüedad pueden tomar un rumbo distintivo. La autoridad monetaria no queda en entredicho, aunque la confianza económica puede cambiar.

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