Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La existencia es un instante, un eslabón, un vínculo, pero es un vínculo entre lo que sucedió en el pasado y lo que viene. La existencia es un instante de eternidad entre la vida y la muerte.


Soy Birdman

Días y noches cuando experimento una carga pesada en el alma de mi corazón, me acongoja saber lo que pude ser y no fui. Me duelen los recuerdos. Días que se van inútilmente hacia el vacío, noches ciegas a la creación. Hubiera querido ser como el señor Groucho Marx o haber estrechado la mano de Baruch Spinoza. Haberme sentado como un Marcel Proust ante el fresco de la tarde. Ser el mismo Montaigne para escribir los Ensayos. Creo que he vivido muchas vidas de otros. Las he podido vivir en el pensamiento. ¡Pero he llorado mucho por no haber nacido entre ellos! En las novelas de Musil, las mujeres son estéticamente hermosas, porque piensan por ellas mismas y juegan con tal ironía que hacen ridículo el poder de los hombres. Mi dolor es haber nacido en este mundo irreal. Me identifiqué con Birdman, en la película de Alejandro González Iñárritu, porque su protagonista es más real que todo lo demás. Soy también Birdman.

Noches

Noches para olvidar, noches cuando todo está perdido, noches cuando no existo. No he podido leer, porque el exceso de mi crítica no descubre más que errores y defectos en los libros, y mi convicción que pudo ser mejor. No puedo dormir, porque siento vivamente el sueño como si fuera la realidad, y siento que no es real. Se me disipa el sueño y paso en vela. No puedo recordar, porque todo lo que veo es la superficie de las personas, sus caras, sus sonrisas y su apariencia. Y el recuerdo sin profundidad no es recuerdo. Noches cuando no puedo leer ni dormir, ni recordar. No soy.

Decidirse

Creo que nuestros temores tienen sus raíces en un instinto infantil del cual no logramos liberarnos definitivamente. Hasta el más orgulloso, y con excepción de los locos, buscan la mano paternal o maternal que los guíe. Aunque luego nos guíe mal o regular, buscamos quien nos oriente a través del misterio y el caos del mundo.

Somos como ligera arena del desierto que el viento de la vida eleva para luego dejar caer. Tenemos que aferrarnos a un árbol o estirar nuestra manecita a una mano, porque el temor a ser nosotros mismos nos acobarda. La vida que vivimos nos resulta siempre ajena. Y los temores nos permiten el refugio en los demás.

Vencer los temores que nos ha dejado la vida (pasado, familia, amigos) significa decidirse a experimentar de cerca lo vacío y lo incierto de todo. Ningún temor se vence sin vértigo. Quienes nos han guiado son las ilusiones de otros, sin embargo, no nos ha guiado la profundidad.

Cambio

¿Cómo concebir la metamorfosis?, ¿cómo darle a nuestra vida profundidad?, ¿cómo existir?, ¿cómo pensar por nosotros mismos? Estas son preguntas fundamentales. No porque interesen al mundo ni a la ciencia, ni a la vida, sino porque en algún momento cada uno es confrontado con ellas, como golpeándose contra un muro.

Metamorfosis significa cambio. Todo cuanto vive, vive porque cambia, cambia porque se transforma, y porque se transforma tiene que morir. La vida profunda es perpetuamente cambio, transmutación en otra cosa, en otros colores, olores y sabores de vida.

La existencia es un instante, un eslabón, un vínculo, pero es un vínculo entre lo que sucedió en el pasado y lo que viene. La existencia es un instante de eternidad entre la vida y la muerte. Con el pensar le robamos a la vida su sinsentido. Por esto, quien vive del pasado, vive de migajas, y quien vive del futuro, vive de fantasías.

Sensibilidad

Si lográsemos ser conscientes de nuestra sensibilidad, de todos los componentes sensibles de nuestro cuerpo, tendríamos una experiencia y una visión absoluta de nuestra propia existencia. Traeríamos el cuerpo a nuestra identidad consciente y lo transmutaríamos. Ya no seríamos prisioneros del cuerpo.

Odiar

Entre las inquietas nubes de esta mañana en Bucaramanga, estaba la nebulosa de mis sueños de ayer. Al fondo de mi biblioteca, un soberbio lomo de libro parece adobado para pertenecer a la eternidad.

Lo que me provoca el profundo sentimiento de extrañamiento en el que vivo, de incompatibilidad con los demás, es que la mayoría piensa con ligereza, y yo siento con el pensamiento.

Para una mayoría, apasionarse con el cuerpo es vivir, y pensar es saber disfrutar la vida. En mi caso, vivo por el pensamiento, y las pasiones no son más que incentivos de mi alma. Me comprendo menos que los demás se comprenden a ellos mismos. Sé menos de lo que ignoro. Y todo cuanto me puedo llevar a los otros, corresponde únicamente al trato individual y diferenciado.

Amo porque soy capaz de odiar. Pero el odio, en mi caso, es la contradicción profunda que experimento con los demás, no es el odio visceral ni sensitivo. Tengo como enemigo a Cioran, porque es mi contrario dialéctico. Asimismo a Adam Smith, Keynes, Platón y el señor Chesterton.
Asimismo, el amor que suspende la experiencia en los sentidos, no es amor. La sensación nos deja en la superficialidad, el romanticismo sensiblero y la cortesía mortecina. Para elevar el amor se requieren ideas, relaciones complejas y profundidad.

Imposibles

Todo aquello que busqué de niño he dejado de buscarlo; yo mismo abandoné buscar imposibles. Ahora soy como aquel que busca sin saber, distraído, olvidando aquello que buscaba. Ya no busco imposibles, tampoco sé lo que busco.

En mi caso, las cosas y las personas se vuelven más reales mientras no las busco, es como si fuera suficiente que estén ausentes para que en mí existan. Lo que proyectan las apariencias ha dejado de interesarme. Y soy como un obrero que deshoja los arbustos hasta encontrar los frutos.

Todo lo que he sido, lo que pienso que soy y lo que creo que seré, se pierde en mi memoria; tengo que recrear mi mundo cada día, cada hora y cada segundo.

Ahora lo que quiero puedo encontrarlo dentro de mí.

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