Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La sociedad que Thatcher elogiaba fue "victoriana", cerrada y conservadora. En nuestro medio es la sociedad soñada por el procurador, Alejandro Ordóñez.


Chesterton afirmaba que "hay una cierta tiranía que los vivos ejercen sobre los muertos", pero Margaret Thatcher será recordada por la tiranía que ejerció sobre unos y otros. Primera ministra de Inglaterra en un período que dejaba en crisis al comunismo de Europa del Este y las democracias emergentes de América Latina. Thatcher estuvo por debajo de los desafíos que reclamaba su tiempo.

Sus políticas de privatización lograron desmantelar al socialismo de Estado y demostrar los alcances neoliberales del modelo conservador de Reagan, imponiendo una agenda que colocaba a los empresarios del capital como los nuevos estadistas de gobierno.

Reconocida por su carácter polémico, Thatcher despertaba amores y odios. Despejó el camino a crueles medidas contra los sindicatos y los movimientos sociales, mientras endurecía sus convicciones al dividir el mundo en su texto bíblico favorito: "quienes no están conmigo, están contra mi". Sus máximas heredaban la vocación de misioneros ingleses en África durante el siglo XIX: "El error sólo puede cambiar con mi verdad".

Winston Churchill había aconsejado demostrar "en la victoria magnanimidad", pero Thatcher llegó más lejos al demostrar valentía y decisión sin magnanimidad. Su carácter se impuso por encima de sus ideas, nunca animaba la controversia política ni la discusión, sino decisiones que la hacían odiosa ante su pueblo y ante el mundo.

La mentalidad Thatcher/Reagan adoptada en países subdesarrollados durante 1980, correspondía a una geografía mental estrecha; entre el consenso de Washington, la escuela de Chicago y la doctrina de Friedrich Von Hayek, predicaban una variante de la evolución: "dejemos en libertad a las personas y los mercados, y todo crecerá espontáneamente". El Estado provoca inestabilidades cuando interviene en la distribución de ingresos y el gasto fiscal. En Colombia, durante este período, cambiábamos la economía del café por coca. La guerra contra las drogas comenzaba simultáneamente con el auge del neoliberalismo y la apertura económica.

Con los gobiernos de Barco/Gaviria la economía política a la Thatcher/Reagan, consistió en desmontar la industria que quedaba; clausurar la intervención del Estado en la educación pública y fomentar la privatización; se inició la liquidación del Seguro Social y se abrieron progresivamente empresas de salud administradas por particulares. Desde entonces, la brecha entre ricos y pobres fue asimilando la parábola bíblica: "los pobres recogen los sobrados que caen de la mesa de los ricos".

Recuerdo que mientras terminaba mis estudios en la Universidad del Valle, Thatcher declaraba la Guerra de las Malvinas. Le apodaron la "Dama de Hierro"; la Primera ministra ablandaba todo el generalato de dictadores del sur. Tenía agallas contra quienes Carl Schmitt llama "enemigos externos" como el "enemigo interno". Entre 1984 y 1985 ella sola arrasó con las manifestaciones y huelgas de los mineros en Inglaterra.

Si la Guerra Este/Oeste quedó para la memoria, Thatcher pretendía erigirse como modelo personal de aspiraciones de una clase media ascendente: austera para el gasto público, compartía con Buchanan la necesidad de fomentar el ahorro y el trabajo como fuentes de capital. El Estado debe recortar el gasto público, generar oportunidades mediante asistencia de protección social. La idea del Estado Mínimo defendida por Nozick, correspondía a esta política. Los derechos sociales fueron presentados como amenazas, y movimientos sociales como el feminismo o la unión de parejas del mismo sexo como una reacción contra natura.

Ante los fracasados esfuerzos para promover la industria en Colombia, los economistas propusieron recetas monetaristas. Reducir la inflación, controlar el gasto y privatizar las empresas del Estado. Alejar la economía del juego de intereses hasta llegar a convertirla en instrumento del capital financiero. Tales proyecciones durante los años ochenta contrastaba con los dólares que ingresaban con negocios de lavado de activos. La bonanza económica disparó sectores de la economía hasta entonces quedados: inmobiliario y construcción.

La herencia thatcheriana tiene aspectos presentes. Muchos siguen juzgando que la economía debe ordenar el destino de los gobiernos. La economía es el método cuando el objetivo es cambiar almas. No obstante, por eso ha fracasado el thatcherismo.

Aunque su influencia continúa en el sector financiero; capitales orientados a comprar tierras y propiedades, consumo lucrativo, dinero que fomenta la cultura del nuevo rico, el empoderamiento de gente extravagante que se muestra ejemplar. En Colombia el boom procede de dos tipos de grupos: una clase emergente que saca provecho del negocio de la guerra contra las drogas y apostadores de capital en un medio económico desregulado.

La sociedad que Thatcher elogiaba fue "victoriana", cerrada y conservadora. En nuestro medio es la sociedad soñada por el procurador, Alejandro Ordóñez. Un mundo de valores recontragodos. Y en su extremo opuesto la celebración descontrolada de una cultura mafiosa, que materializa la vida individual, la codicia y el dinero.

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