Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

El capitalismo mafioso se expresó de diferentes maneras, incluyendo la moral. El trabajo duro y esforzado del principio del ahorro calvinista, correspondería a generaciones posteriores a los grandes carteles.


Desde Adam Smith hasta Bill Gates, la historia del capitalismo contiene su narrativa moral, con la que argumentan a favor de las riquezas de pocos y la pobreza de muchos.

La narrativa es moral. Toda forma de riqueza en circulación depende de tres principios morales declarados: (1) todos deberíamos trabajar más duro; (2) todos deberíamos ahorrar más; (3) todos deberíamos pagar al predicador. James Buchanan describe con detalles la continuidad de los tres principios en su brillante ensayo Ethics and Economic Progress (Ética y progreso económico), University Okahoma Press, 1996.

La moral capitalista es extraordinaria como credo. Fue usada por los calvinistas reformados durante los siglos XV y XVI, pietistas ingleses y mercaderes durante la época de Thomas Hobbes; usada en los ensayos sobre el gobierno civil de John Locke; en La democracia en América (De la démocratie en Amérique) de Alexis de Tocqueville y textos clásicos comentados por Milton Friedman, John Rawls y Michael Sandel. Todos ellos entonan, con variaciones, las alabanzas a la moral fundadora de naciones ricas y estados poderosos.

El primer principio reproduce el lenguaje protestante (evangélico) del sacrificio; el trabajo esforzado, dedicado y duro. La consigna se relaciona con el tiempo; de ahí metáforas coloquiales como "no perder el tiempo" o "el tiempo es oro". Trabajar más duro significa prolongar horas de trabajo dentro de las empresas sin rechistar. El trabajo forja el carácter, concede gracia ante los ojos de Dios. La persona que se dedica a jugar tenis o a mejorar su aspecto en salones de belleza no está incrementando la oferta de esfuerzo al mundo económico.

El segundo principio se relaciona con el ahorro. La pregunta no es si debemos ahorrar (se supone), sino, ¿cuánto deberíamos ahorrar? Mientras más ahorro, mayor flujo de capital y ampliación del mercado. La escalera del capitalismo es ascendente: un peso ahorrado es un peso ganado. La comparación es cuantitativa. Todo el capitalismo bancario y financiero depende de la moral del ahorro. Y el argumento descansa en incentivos individuales que obran ventajas para el resto de la sociedad.

El tercer principio se relaciona con los deberes de pagar al predicador. Yo estaré mejor si todos los demás acogen los preceptos morales que predican el capitalismo. Y viceversa. Todos ustedes estarán mejor si yo me adhiero y cumplo con el conjunto de normas morales que determina la sociedad. El argumento significa que tenemos interdependencia moral. Lo predicaron David Ricardo, Friedrich Hayek y economistas ortodoxos del tipo Milton Friedman. El llamado a la conciencia es comportarnos cada uno bien para que a la sociedad le vaya bien.

Todo el ensayo de Buchanan es como el sermón de la montaña. Regreso a las fuentes del capitalismo y exclusión de expresiones bastardas. Una de ellas, los capitales del narcotráfico.

El capitalismo mafioso se expresó de diferentes maneras, incluyendo la moral. El trabajo duro y esforzado del principio del ahorro calvinista, correspondería a generaciones posteriores a los grandes carteles; porque los narcos de segunda y tercera generación tenían su moral católica. Una moral calvinista, pero al revés: derroche, lujos, licor, mujeres. El individualismo del capitalismo mafioso reemplazaba al individuo egoísta en La fábula de las abejas de Mandeville.

El segundo principio promueve el ahorro, con inversiones en fondos de capital. La moral del narcotráfico, en este caso, superó problemas de conciencia. La pregunta no es cuantitativa —como el calvinista—, ¿cuánto debemos ahorrar?, sino cualitativa, ¿en qué podemos invertir? Tierras, propiedades, finca raíz, archipiélagos y países. Un peso invertido son cien pesos ganados. La estrategia del segundo principio se cumple, además, gracias a un estado comprado, funcionarios y autoridades extorsionadas. La aplicación del principio del ahorro convertía a los ciudadanos en prisioneros del miedo.

La meta del tercer principio es doble. Primero destruir la interdependencia moral de la sociedad. El narcotráfico fragmentó relaciones de confianza. Si yo estoy mejor, todos ustedes pueden estar peor. Y viceversa. Con el trabajo de socavar principios de interdependencia moral, el narco creó redes de confianza alternativa, pero endógenas. Pablo Escobar relacionaba extremos: odio en redes sociales normativas (legales); amor en redes sociales vinculantes: la familia y el barrio.

Entre la moral calvinista y la moral del usurero, la diferencia es de grados. Como el capitalismo weberiano, las estructuras del narcotráfico han sabido traer a su catecismo mandatos de fe. Los principios morales del estado constitucional moderno: trabajo, ahorro y pagos al predicador; contienen valores que no se han perdido, como afirma el sentido común, sino que han transmutado mediante expresiones contrarias, degradadas, pero útiles entre quienes acceden al poder y las riquezas del sector bancario y financiero.

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