Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

En la ciudad nadie encuentra trabajo. Desde hace seis meses, Luis Raimundo se ha marchado para Bogotá. Todo lo que ha enviado son dos fotografías.


1964: Dolores de parto

—No resisto un minuto más, por favor, ¡llévenme al Hospital! —Fueron las palabras que recuerda, observando la angustia de sus familiares. Mientras en Palmira eran las 6:06 p.m., en Praga el reloj marcaba las 12:06 p.m. La distancia es lo de menos, el cuerpo llevaba el alma sellada por esos lugares. Aunque el nacimiento de Edilberto fue a las 11:11 p.m.

En una cantina el padre de la criatura jugaba póker con sus amigos.

Salma Acevedo, de profesión tabaquera, estaba casada con Luis Raimundo: campesino, sastre, vendedor, mecánico, vigilante, jugador, universitario y profesor. Con su esposo, Salma tuvo once hijos; tres murieron sin conocer el mundo. En el taller de sastrería, reducido a dos cuartos de alquiler, levantaron los primeros hijos; luego consiguieron pagar el arriendo de una casa por setenta mil pesos al mes. Salma había tenido un sueño la noche antes de los dolores de parto, en medio de una lluvia torrencial, observaba a un jorobado vendiendo almanaques Bristol, casa por casa.

Siete años después: La pregunta

Los dos hijos mayores se presentan ante su madre, el primero lleva una cartilla encontrada en un basurero; el segundo, un juguete de navidad. Salma tiene entonces veinticinco. Ha pasado dos años lavando ropa ajena y haciendo de comer a trabajadores.

—Madre, ¿qué significa esta letra? —el mayor abre la cartilla en la página 17.

—No es una letra, hijo, es una frase: "Nube" —F pide que le amarren los zapatos.

En la ciudad nadie encuentra trabajo. Desde hace seis meses, Luis Raimundo se ha marchado para Bogotá. Todo lo que ha enviado son dos fotografías; en la primera se observa delante de un monumento a Jorge Eliecer Gaitán; en la segunda, Luis Raimundo lleva un cigarrillo Pielroja en su mano izquierda.

Un año luego, 1972: Rubén Blades

Las deudas con el tendero han ascendido a cincuenta y cinco pesos. Quedan negados los créditos, además, con Ofelia, la vendedora de ropa infantil; con Ramón, el carnicero y Julián, el lechero. Salma reparte sus hijos entre la familia: James y Antonio se van con Rita; Raimundo Junior y Roger, con Lina, la tía que vive en Manizales; Tomás y Luis se van con el abuelo Luis Roger. Salma se emplea de sirvienta con la familia Kouri, la única condición que pone es que le reciban a Edilberto y F.

Con una desesperación que supera su edad, Edilberto trabaja llevando almuerzos a jornaleros en la Hacienda la Italia. En un bailadero, entre Juanchito y Metálicas de Palmira, da con una máxima que determinará su vida: "Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada".

Como no dispone de dinero para llevar sus hijos a la escuela, Salma se convierte en maestra de sus hijos. Dispone la disciplina escolar del siguiente modo: entre nueve y once de la mañana, números y gráficos geométricos: círculo, cuadrado, rombo... De las tres a las cinco de la tarde, lectura en voz alta. F se queda dormido, tanto en las clases matinales como en las vespertinas. Edilberto consigue un record que celebra toda su familia: durante una semana puede identificar los colores de uniformes escolares y los maletines que usan los niños que van a la escuela.

Gracias a los premios, Salma les compra la cartilla Alegría de Leer.