Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Edilberto regresa a la ciudad que lo vio nacer, sigue siendo un pueblo de mala muerte en donde "se acaban los chismes y sólo quedan piedras en las calles".


1978: Los cuadernos

Los demás vendedores se dan cuenta que Edilberto no parece estar conforme. Está siempre tan intranquilo que, tanto sus hermanos como sus amigos, se cansan de su compañía.

Lee un anuncio en El País sobre unas máquinas que han comenzado a llegar a Colombia. Se va a Cali y, en la Primera con Avenida Estación, se coloca trabajando en la limpieza de un almacén de repuestos automotores. Mientras parece condenado a salir en las tardes como si hubiera estado en un socavón del Pacífico, durante las noches hace anotaciones de memoria sobre lugares, referencias y repuestos. Ha grabado también la manera de atender a los clientes y un mal empleado le ha enseñado cómo lograr que los clientes vayan a comprar a otros almacenes. Durante ese período, conserva tres cuadernos: (a) deudas familiares pendientes; (b) referencias de rodillos, platinos, condensadores y demás repuestos, y (c) ejercicios espirituales.

Llama su atención que en Cali hasta los niños de clase quieran ganarse la vida. Quien más le sorprende es un adolescente que pasa diariamente por el almacén con un costalado de huesos podridos camino al depósito de reciclaje. Sus ojos tienen el azul profundo del mar, y sus zapatos de charol, como si las calles fueran una pista de baile.

Ha escrito en su diario: "En mi barrio algunos están muriendo en la miseria, mientras sus madres hacen empanadas y las venden en los parques, o agua sucia con colorantes de frambuesa frutiño. En Cali, he visto que la gente se aglomera ante cualquiera que ofrezca un espectáculo callejero. Cali tiene teatros, cine y bailaderos".

Desde Palmira se había llevado trescientas preguntas para las que buscaba respuesta. Durante su trabajo como limpiador, escuchando a sus patrones y compañeros, le habían surgido veinticinco preguntas más. Edilberto aprende que el nivel de vida en las capitales se debe a que la gente no se resigna con hacer lo mismo. Conoce una mujer que cumple con cinco oficios en un solo día: ama de casa, madre, amante, vendedora y estudiante en la Santiago de Cali.

1979: Time is money

Estando solo, Edilberto aprende mejor el lenguaje de los vendedores, mecánicos, almacenistas, comerciantes y propietarios. Un día oye hablar de Herscu Rossu. Un empresario judío que estaba convencido de que la mayoría de la gente no sabe como ganarse el pan de cada día, y menos como llevar una buena vida. Y tuvo una idea. Dividió la geografía de la ciudad localizando talleres de mecánica y almacenes cercanos. En lugar de enseñar a un trabajador un centenar de oficios, decidió colocarle en un solo lugar y proponerle una única actividad para todo el día; enviando mensajeros con promociones y aliviando a los vendedores de cargas laborales adicionales. (Pasaría mucho tiempo antes que el ingreso del dinero sucio ingresara al negocio del parque automotor).

En Cali, Edilberto aprende con judíos a contar el tiempo por minutos y segundos, no por días según las costumbres familiares. Sobre la pared del almacén en donde lo habían ascendido a vendedor, el reloj con un sonido agudo les recordaba a los empleados la unidad básica del trabajo: la producción. Los judíos americanos formaban al personal con palabras que tenían grabadas en Hebreo, Inglés y Español: "ביצזעים", "efficiency", "rendimiento". El adolescente comenzaba a experimentar nuevos fetiches en expresiones que imitaba con una disciplina ortodoxa. La jornada laboral dejaba de depender de amaneceres y atardeceres.

6 de marzo de 1980: Segundos de vida

Su padre padece un primer infarto durante la noche. Antes de su muerte se le contabilizaron tres. La mejor clínica de Palmira no contaba con cardiólogos, las pipetas de oxigeno para auxiliar al paciente nunca estuvieron cargadas; todo parecía acechar los segundos de don Raimundo.

Edilberto regresa a la ciudad que lo vio nacer, sigue siendo un pueblo de mala muerte en donde "se acaban los chismes y sólo quedan piedras en las calles". Pinta con grandes letras la pared posterior del rancho en donde vive con su familia: "En tu mano están mis tiempos" Salmo 31,15. En su cuarto, sobre la pared frente a su cama, escribe:
"El día tiene 86 400 segundos". Los vecinos que observan por fuera se detienen a meditar por un momento; quienes leen la frase en su cuarto comentan que a Edilberto los libros lo están volviendo loco.

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