Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La abuela afirmaba que se trataba de alucinaciones. Y lo cierto es que por momentos nadie sabía si Salma estaba dormida o despierta.


Han pasado cuarenta y siete años después del sueño de Salma, y noventa y cinco años desde que Benjamin escribiera el escolio sobre el lenguaje del sueño.
En una copia conservada por Scholem, Walter Benjamin menciona el lenguaje del sueño:

El lenguaje del sueño no está en las palabras, sino debajo de ellas. En él las palabras son productos accidentales del sentido, el cual se encuentra en la continuidad sin palabras de un flujo. El sentido se encuentra dentro del lenguaje de los sueños a la manera en que lo hace una figura dentro de un dibujo misterioso. Es incluso posible que el origen de los dibujos misteriosos se encuentre en esa dirección: en calidad de estenograma onírico. [OC II/2,209;1916/17].

El escritor suena sus narices. La humedad del ambiente ha afectado su alergia con los cambios de la temperatura. Pensando en Salma y soltando estornudos, piensa:

—La analogía de la figura dentro de un dibujo misterioso, ¿lenguaje del sueño?

Pero un lenguaje sin palabras. Se sueña de manera muy diversa según lugar y calle, pero sobre todo de manera enteramente distinta según los meses del año y la meteorología. Así el tiempo lluvioso en la ciudad, con su astuta dulzura y su invitación a regresar a la primera infancia, tan solo es comprensible para quienes viven aglomerados en la urbe. Aquella noche lluviosa vuelve todo uniforme; las gentes dentro de sus casas juegan a las cartas, charlan, comen o ven televisión. El sueño de Salma, que precedió su maternidad, es como una figura dentro de un dibujo misterioso. El ambiente igualmente parecía opaco, sin luminosidad. No es el día, sino la noche lo dominante. Benjamin considera, que debido a esto, quienes sueñan deben levantarse temprano para tener buena conciencia "cuando llega la hora de no hacer".

Sugerir que los sueños son una extensión onírica del deseo es limitarlos demasiado. Si bien, Sigmund Freud suscribe esta afirmación. Al preguntarle a Freud cómo hacía los sueños desagradables compatibles con su teoría, dio como respuesta: "Tales sueños satisfacen el deseo de consolarnos de las desazones que nos acarrea el despertar. Despertando de ellos encontramos unas condiciones que, en comparación con las soñadas, no son soportables". Aunque resulta tentador someter el sueño de Salma a la teoría de Freud, el escritor prefiere suspender el juicio.

Justo con el nacimiento de su primogénito, aparece el hombrecito jorobado. Alfa y omega, la vida y la muerte, es curioso en todo caso el contexto freudiano. Teniendo en cuenta que Salma no tuvo una niñez normal como las niñas de su tiempo, los horrores pronto aparecieron entre sus sueños. La abuela afirmaba que se trataba de alucinaciones. Y lo cierto es que por momentos nadie sabía si Salma estaba dormida o despierta. ¿No sería que el sueño con el jorobado era una forma de mitigar a la muerte, que nos asegura, con un horror más profundo ante otras cosas inciertas que evitamos?

Salma tuvo sueños en los que su cuerpo quedaba petrificado. Intentaba mover un dedo meñique o dar un paso, pero no podía. Lo mismo sucede con su lengua, tiene deseos de gritar y, sin embargo, queda pegada sobre su paladar. ¿En donde queda la zona de la experiencia inconsciente que diferencia entre el sueño y la pesadilla? En el umbral de esa zona, Salma empleaba todas sus inervaciones corporales luchando para salir del espantoso sueño. En ese umbral podía quedarse experimentado una pesadilla de la que salía como enferma, o bien luchando era capaz de lograr su liberación. Cuando esto no sucedía, la pesadilla se volvía más opresiva.

Las pesadillas tienen relación con casos ilustrados de posesión; pero Salma no creía en esas cosas.

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