Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

Malthus pronosticaba, preocupado, una hambruna de alcance mundial; pero su profecía no se ha cumplido en países con economías estables. Marx en este aspecto también ha sido un perdedor.


La línea del progreso supone el bienestar general de la sociedad. Desde los tiempos de Galileo, Newton, Descartes o Voltaire, parece cumplirse esta promesa. La humanidad tiene actualmente mejores niveles en su calidad de vida, a pesar de las guerras civiles y los perversos efectos de las crisis financieras.

Países hasta ayer postrados en la pobreza experimentan mejoras en salud, educación e ingresos. La calidad y las expectativas de crecimiento muestran cambios parecidos. Se pregunta Kennet Rogoff de la Universidad de Harvard, si las generaciones futuras pueden también realizar estas expectativas. Su respuesta es que probablemente sí, aunque los riesgos del cumplimiento de este pronóstico sean reservados.

En este sentido, profetas económicos de la modernidad (negativa) como Thomas Malthus y Karl Marx, al parecer se equivocaron. La línea del progreso en tecnologías —por ejemplo— ha mostrado saltos cualitativos de crecimiento económico. La sucesión del poder político y las democracias también han extendido sus beneficios para toda la sociedad. Ahora no estamos ante sistemas políticos homogéneos, pero los cambios globales de las democracias hacen parte del progreso.

Recordemos que Malthus pronosticaba, preocupado, una hambruna de alcance mundial; pero su profecía no se ha cumplido en países con economías estables. Marx en este aspecto también ha sido un perdedor. Su hipótesis sobre el impacto de la precariedad del trabajo sobre los ingresos confronta un desafío con el capitalismo. Contra Marx, puede observarse que en sociedades capitalistas, a pesar del empobrecimiento del trabajador, los niveles en la calidad de vida de la mayoría han aumentado.

Muy a pesar, debemos aplicar al tema del progreso el principio de Hume. Un crecimiento económico constante no ofrece garantías de que vamos a continuar así. Excepto si abandonamos la inestabilidad que pueden generar los choques políticos internacionales. Los gobiernos locales y una política de lobos hobbesianos puede también causar graves daños en estas expectativas.

Además hay barreras al progreso económico determinadas por daños al medio ambiente. Cuando los derechos de propiedad quedan indefinidos, o el derecho al agua se disputa entre consorcios privados y poblaciones afectadas. A las generaciones futuras les quedan entonces obligaciones descomunales para restablecer los equilibrios que necesita la naturaleza.

Otro problema acusado por Marx (no el profeta) relaciona la redistribución de la riqueza. Mucho más acertado. Ningún sistema político es sostenible donde los recursos quedan mal distribuidos. El economista tiene argumentos para que actualmente evaluemos las bondades de la globalización. Hay países en donde los cambios derivados del libre comercio lejos de mejorar la calidad de vida, han exacerbado las desigualdades sociales.

Los desarrollos en tecnologías avanzadas no son homogéneos; lo que ha causado "progresos" relativos. Algunos países obtienen ventajas absolutas si se comparan con la disparidad de ingresos en países receptores. Los más ricos se han hecho poderosamente ricos. Como efecto de estas desigualdades las sociedades protestan políticamente, frenando de paso su crecimiento.

Dos economistas de nuestro tiempo, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, han propuesto soluciones de corto y mediano plazo. El primero propone generar impuestos a las grandes compañías encargadas de deteriorar el medio ambiente, de modo que se consiga aliviar la deuda que los gobiernos tienen con ecosistemas locales. El segundo sugiere abordar los problemas de desigualdad exigiendo una mejor redistribución de los recursos. Los gobiernos deben tener mayor influencia en asuntos fiscales de modo que se puedan promover mejores programas de educación y el acceso con bajos costos a las tecnologías avanzadas.

En una mayoría de economías capitalistas los mercados han sido eficientes mejorando los bienes de consumo. El imperio del comercio internacional ha impuesto normas de competencia. Y quienes tienen dinero pueden comprar en un mercado con suficiente oferta.

Pero la otra cara del progreso es oscura.

Bienes públicos como la educación, la salud, el medio ambiente y la igualdad de oportunidades, se han deteriorado. La brecha entre estos derechos y las ganancias de los capitales es impresionante. Mientras crece la privatización de bienes de consumo, bajan las condiciones de acceso a los servicios públicos.

Las profecías de Malthus y Marx no se cumplieron. Y en general, como profetas los economistas son un fracaso. En cambio el diagnóstico que proponen sus teorías sigue siendo un desafío.

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