Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Leopoldo de Quevedo y Monroy

Mary, de Almanegra, rugido de ola libre y Circe erótica que invoca su amor con guasá y marimba en su piel de seda.


En los recodos del Valle o al entrar a una sala de poesía no es casual un encuentro con la Almanegra Mary Grueso Romero. Alta, gruesa de tanta poesía, con dientes de sonrisa y plata se mueve como una esfinge negra de la Mar Pacífica. No cabe en la ropa ni donde se sienta porque los versos la llenan como a la muñeca negra que un día, por fin, le regaló su mamá Eustaquia.

Llegó un atardecer por el llamado de una sirena llamada Águeda a esa isla encantada que es Roldanillo, donde una multitud de Circes cantan y bailan con versos y música. Y allí encontró el eco de su grito ancestral al lado de otras sirenas, entre los vientos y colores del arco iris. Llevó guasá y cununo, y elevó su voz por entre octágonos y cuadros del oro verde, rojo y negro de un Rayo con mano embrujada.

¿De quién era esa tromba de voz que brotaba de un mar en puja? ¿De qué maremoto salía y qué comía que entre su boca traía arena negra, rumor de río, ojos de calamar y una energía nunca sentida en los recitales del Museo Rayo?

Aparecieron, entonces, rumores de alcatraces en vuelo, corales con aristas rojas, conchas de piangua y un arenal negro con palmeras de cabellos verdes y ojos con pestañas de jaiba. De los esteros trajo su balada del palmar y los rayos de sol que pasean por entre juncos grises. Mary Grueso era voz tronante, cuerpo de sábalo entre la espuma y eco de gaviota negra.

Su palabra se meció sobre el arrullo del chinchorro y parece que se hubiera cubierto de chaquiras y cencerros para lucirlos en su voz y poesía. Sus versos están llenos de mar, sonidos de guasá y soplidos de ballena con joroba. Sus poemas dejan el sabor de costa pacífica, de mar reposado, lleno de augurios. No hay lugar a la exageración ni lamentos lagrimeros. Su estilo es transparente como las aguas de Piangüita o La Bocana. Pinta su origen como una madre teje la cobija de su nene y ama su entorno como el martín pescador con su banda roja y su gorguera de nieve.

Hoy Mary trae en su sonrisa un mar de palabras nuevas en su libro Tómame antes que la noche llegue. Su lenguaje tiene el sabor de sal marina, sudor de salitre, rumor de ríos milenarios y manglar de mariscos y cocoteros en las playas. Esta vez su canto brota de la sangre misma, del ardor de costa y de mar abierto. Habla de amor urgido, de aliento contenido, de piel de bahía que espera el roce con ansia sin límites.

La madeja de cabellos ensortijados de esta medusa negra es larga y brillante. Ediciones Embalaje del Museo Rayo la ha premiado con la impresión de este libro y con el estupendo prólogo en el que Águeda Pizarro descubre el intimismo de Mary Grueso y el valor de su nuevo trabajo poético.

Felicitaciones, Mary, de Almanegra, rugido de ola libre y Circe erótica que invoca su amor con guasá y marimba en su piel de seda.