Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Luis Fernando García Núñez

Dicen las noticias que América y España le deben mucho. Con seguridad muchísimo. Más de lo que él mismo, tan desinteresado, podría saber.


No es mentira. El presidente del Banco Santander, quien acaba de fallecer, era Emilio Botín. Nada más desconcertante y extraño. A los 79 años de un infarto fulminante se fue este poderoso financista español. El mundo del capital —del dinero— estará de duelo, pero saben que su sucesora, su hija, la banquera Ana Patricia Botín, sabrá, con lujo de detalles, cómo seguir adelante. Ella mejor que nadie conoce este seductor y lucrativo ejercicio: "Es la persona más idónea dadas sus cualidades personales y profesionales". Tendrá que seguir el milagroso ejemplo, el que contó uno de los hermanos del fallecido Botín cuando se supo la infausta noticia: "No le importaba nada el dinero aunque nació con el talento de multiplicarlo". Ficción o no toda esta historia parece una comedia o una tragedia.

Dicen las noticias, además, que América y España le deben mucho. Con seguridad muchísimo. Más de lo que él mismo, tan desinteresado, podría saber. Su hija lo sabrá y pasará las cuentas de cobro. Imagino que Lula da Silva también sabe a cuánto asciende la deuda, pues allá, en Brasil, estaba el mayor número de clientes de esta poderosa empresa bancaria, de una de las que más se ha lucrado de trabajar y vivir del dinero de los demás, de cobrar por cualquier diligencia financiera, de cobrar —hasta la usura– intereses, de vender ilusiones, de descuartizar familias enteras que confiaron en la benevolencia de Emilio Botín. Y los cobros de las tarjetas de crédito y los intereses, y los otros intereses: todos los intereses. Cientos de desahuciadas familias españolas tendrán motivos suficientes para sentir tristeza por este repentino viaje al más allá.

¿Qué pensarán los 182.958 empleados de uno de los 20 bancos más grandes del mundo? ¿Qué querría decir Mari Luz Peinado en El País, cuando dijo que "la actividad del mayor banco de España, de la zona euro y uno de los veinte más importantes del mundo afecta cada día al bolsillo de buena parte de la población: tres de cada 10 españoles son clientes del banco de Botín y la compañía da empleo a uno de cada 635 españoles que está trabajando"? ¿Qué es eso de que afecta al bolsillo de buena parte de la población? ¿Una ironía o un elogio? ¿Y cómo funcionan los miles de becas que da cada año? O quizás mejor, ¿qué entendía Botín por becas? Si funcionan como las del Icetex en Colombia, pues entendemos su filantrópica actitud: es otro gran negocio del Banco Santander. Lucrativa industria, jugando con las ilusiones de miles de personas, de tantos jóvenes.

Este famoso personaje tenía —dice la prensa española sacudida por el deceso—, una admirable "capacidad de impulsar ambiciosas iniciativas culturales, las locales de Santander —su Fundación Botín, su permanente apoyo a todo lo referente a las cuevas de Altamira, entre otras—, y la gran proyección iberoamericana con proyectos hoy tan cuajados y extensos como Universia, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y su estandarte cultural, la cátedra Vargas Llosa".

Poco más se puede decir de esta infausta noticia. A pocos colombianos les importa. Este Banco se fue hace ya unos años y vendieron sus oficinas a unos chilenos. Pasó sin pena ni gloria, pero se llevó bastantes dólares para engrosar las arcas del caritativo don Emilio. Ahora esas oficinas están en manos de banqueros chilenos. Los banqueros, que no son muchos, se parecen, y mucho más de lo que podemos imaginar, incluso así no tengan el apellido de don Emilio.

Ironía o pleonasmo me han preguntado los estudiantes de retórica. ¡Quizás otro eufemismo! Pero ha muerto otro banquero: don Emilio Botín.

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