Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Pablo Moreno

En 1991, cuando se aprobó la ley de libertad religiosa, los evangélicos y otras expresiones religiosas minoritarias celebraron lo que habían esperado por décadas. Quienes habían sufrido la noche oscura vieron un nuevo amanecer y soñaron con un futuro diferente.


Después de una pausa ya extensa regreso para publicar en este medio independiente y abierto a la libre expresión del pensamiento. Siempre leo las columnas tan variadas, críticas y relevantes que aquí se divulgan, creo que alientan la formación de una sociedad deliberante y abierta; por eso me dejé animar una vez más por Fernando Estrada para publicar lo que pienso. Gracias por esta nueva oportunidad.

Esta semana fue firmado el decreto que establece el 4 de julio como Día de la Libertad Religiosa en Colombia. Junto a Brasil, Argentina y Chile, Colombia es parte de los pocos países en América Latina que han reconocido este derecho como componente de una sociedad democrática, moderna y progresista. La ley de Libertad Religiosa y de Cultos en Colombia fue aprobada durante la Asamblea Constituyente de 1991 y quedó como tal en el artículo 19 que dice: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”. El decreto firmado, este lunes pasado, fue una respuesta a la solicitud que hace ya tres años había hecho al presidente Santos, la Confederación de Libertad Religiosa en Colombia (CONFELIREC) conformada por religiones y diversas expresiones cristianas; por otro lado, fue anunciado por los medios como una de las acciones del Gobierno para iniciar la campaña de apoyo al plebiscito. Al respecto, los participantes se dividieron entre quienes recibieron como coherente la petición y entre quienes quedaron con un sabor agridulce por la solicitud de dicho apoyo.

Analizar estos dos elementos me lleva a mirarlos en perspectiva hacia el pasado, como experiencia del presente y como proyección hacia el futuro cercano.

Hacia el pasado, porque durante más de cien años Colombia no pudo asimilar la presencia de otras expresiones religiosas diferente a la Cristiana–Católica. Esta historia dejó cicatrices que se han ido borrando con la muerte de quienes sufrieron la intolerancia y persecución por sus creencias religiosas, aunque ha permanecido en la memoria histórica de sus descendientes y herederos. Es fácil subvalorar la importancia de este hecho si no se vivió o no se conoce esa historia, pero la irracionalidad de la intolerancia política y religiosa entre 1950 y 1958 fue tal que familias enteras tuvieron que huir dejando sus casas y territorios, edificios como templos y escuelas fueron apedreados y la difusión de ideas religiosas no católicas fueron impedidas. En 1991, cuando se aprobó la ley de libertad religiosa, los evangélicos y otras expresiones religiosas minoritarias celebraron lo que habían esperado por décadas. Quienes habían sufrido la noche oscura vieron un nuevo amanecer y soñaron con un futuro diferente.

Valorar esta ley en el presente, significa mencionar los cambios que el campo religioso ha experimentado en los últimos 25 años. Este se diversificó, aparecieron nuevas iglesias, expresiones religiosas y organizaciones basadas en la fe. El escenario es otro, con todo lo bueno y detestable que trae cualquier cambio. Hay competencia religiosa, hay escándalos de corrupción, pero el espíritu de esta época, caracterizado por el auge de la espiritualidad ha sido el apropiado para acoger este auge que modificó el paisaje, otrora dominado por el catolicismo. No obstante, hoy las relaciones entre católicos, protestantes, evangélicos, pentecostales y carismáticos son diferentes, hay más diálogo, algo impensable en el pasado; hay atención al diálogo interreligioso y una nueva valoración a las expresiones de fe de todo tipo. Eso debe apreciarse como un avance, no es perfecto pero es mejor convivir con las diferencias que tratar de anularlas con idealismos e intolerancia.

Mirando hacia el futuro, el ejercicio de la libertad religiosa y de cultos en estos 25 años también han servido para crecer en las relaciones interreligiosas y ecuménicas. Algunos a regañadientes, otros con entusiasmo y al final todos han constatado que estamos en un mundo más comunicado e interactivo. La vivencia de la libertad religiosa puede facilitar la entrada al aprendizaje de la convivencia con las diferencias, la controversia sin violencia y la discusión sin agresión.

Así como el campo religioso ha sido caldo de cultivo para guerras, odios y resentimientos, ahora podría ser un terreno abonado para la construcción de la paz. El posacuerdo que se avecina demandará que todos aportemos y desde el campo religioso se espera la animación de las diferentes espiritualidades. Aunque las religiones y las iglesias también viven en conflictos, porque esta es una característica del ser humano en sociedad, la fe en Dios y la creencia en la trascendencia impulsan un aliento que podría aportar a la reconciliación, el perdón y la restauración de vidas y comunidades.

Ya hay experiencias que anuncian que esa posibilidad no es una utopía; iglesias y organizaciones basadas en la fe apoyan la reintegración, organizaciones eclesiales por la paz, que han participado en la verificación del fuego unilateral de las FARC, ahora se están preparando para acompañar la verificación del cese definitivo al fuego y la desmovilización. En fin, no es imposible que las religiones puedan dejarle a la siguiente generación una historia más amigable.

Es posible que ni los mismos actores religiosos presentes en la casa de Nariño, ni el presidente sean conscientes de la manera como el factor religioso actúa en una sociedad, por eso algunos tratan de demostrarle a sus seguidores que no estaban apoyando el plebiscito y el Gobierno tenga la impresión que se ganó ese apoyo. La política y la religión son muy diferentes, pero ambas se parecen en que son dinámicas, cambiantes e insospechadas.

Escribir un comentario

Este es un espacio de participación de los usuarios. Un espacio para las ideas y el debate, no para fomentar el odio, el desprecio, la violencia o la discriminación de cualquier tipo.
Los comentarios aquí registrados pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de Palmiguía. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos comentarios que se consideren impertinentes.

Código de seguridad
Refrescar