Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Pablo Moreno

El Sí y el No manifestado en el pasado plebiscito por parte de las iglesias es diverso y confuso, por lo que habría de tenerse más cuidado al señalar a las iglesias evangélicas de Colombia como la impulsadoras del No.


Los medios y algunos pastores han producido un imaginario llamado "La Iglesia Cristiana" en Colombia, con el que procuran incluir a todas las iglesias no–católicas de Colombia como impulsadoras del NO en el pasado plebiscito sobre el acuerdo entre Gobierno y FARC. Este imaginario se fortalece, con estadísticas no probadas ni sustentadas, cuando dicen que "La Iglesia Evangélica" con diez millones de miembros inclinó la balanza hacia el NO y ahora es una fuerza que el Gobierno no quiere desconocer y que la oposición, liderada por el uribismo, quiere reivindicar como propia.

Pero hay otra cara de las iglesias que los medios de comunicación han mencionado poco. Esta cara manifiesta la diversidad que existe al interior del protestantismo que desde su origen se dividió en varias corrientes que hoy están tan vivas como al principio. Esta diversidad también se manifestó en el plebiscito, en el que unos votaron por el SÍ y otros por el NO, siendo esta opción la adoptada por la mayoría.

Algunas de las grandes iglesias se han reunido en el Pacto Cristiano por la Paz impulsado por la Misión Carismática Internacional y la coalición apostólica en la que participan líderes de megaiglesias de Bogotá y otras ciudades. Su impacto numérico es indudable, no obstante, hay muchas otras iglesias, incluyendo algunas megaiglesias que no se sienten representadas en este pacto.

Un segundo grupo, son aquellas megaiglesias que dieron un respaldo implícito al Acuerdo, esto se evidencia en sus declaraciones. Aquí, por ejemplo, cabe mencionar la iglesia Avivamiento, casa sobre la Roca y El Centro Cristiano de Cúcuta. Sus pastores expresaron discernimiento sobre este momento histórico del país, animaron a los fieles a votar a conciencia, discutieron el acuerdo y lo respaldaron.

Un tercer grupo de iglesias, las asociadas al Consejo Evangélico de Colombia, Cedecol, tuvieron una postura repartida entre el NO y el SÍ. Su presidente emitió un comunicado a mediados de septiembre diciendo que Cedecol no apoyaría ni uno ni otro voto porque respetaba las diferencias existentes en su membresía. Esta posición no ha sido fácil de sostener porque los del NO han querido unirse a un movimiento más amplio de iglesias no afiliadas a Cedecol para aprovechar el posicionamiento que se logró después del plebiscito. No obstante, el presidente de Cedecol ha procurado mantener la unidad y ha defendido la importancia de reconocer la diversidad y las diferencias al interior de la organización de evangélicos más antigua de Colombia.

Otro sector de iglesias están agrupadas por la asociaciones de pastores, que desde los años 1980 reúne a las llamadas iglesias independientes. En este período se ha destacado la gestión de la Asociación de Ministros del Evangelio, ADME, que representa iglesias en Bogotá pero que se ha extendido a otras ciudades e incluso a nivel internacional. Estas en su mayoría votaron por el NO y procuran impulsar su participación política de manera abierta. Esta organización ha estado cercana al político evangélico, Ricardo Arias, del movimiento Libres.

Un quinto grupo de iglesias son las llamadas iglesias históricas. Estas se han caracterizado por su trabajo social, algunas por su compromiso con la construcción de paz. Es presumible que dentro de estas iglesias hubo un predominio del SÍ. Aquí están iglesias como la Luterana, Presbiteriana de Colombia, Menonita, Bautista y la Asociación de Iglesias Evangélicas del Caribe.

Estas iglesias han apoyado el trabajo por la paz desde hace más de 25 años, tanto al interior de la Comisión de paz de Cedecol como por fuera de esta organización en espacios como la Red Ecuménica de Colombia y ahora el Diálogo Intereclesial por la Paz, DIPAZ, en el que participan varias organizaciones cristianas. En estos espacios ha habido acercamiento y trabajo conjunto con sectores de la Iglesia Católica y respaldo de organizaciones internacionales como el Consejo Mundial de Iglesias y otras organizaciones ecuménicas.

¿Cuáles fueron las razones para que estas iglesias se orientaran por el SÍ o por el NO? Se pueden identificar al menos dos variables.

Una es la variable política. Algunas iglesias tienen vínculos con sectores políticos, partidos o movimientos que han estado cerca de las iglesias y las consideran como su "sector eclesial". Esto es evidente y público en el caso de la Misión Carismática Internacional en relación con el Centro Democrático, su antiguo Partido Nacional Cristiano se ha aliado con diferentes partidos y movimientos durante los años de existencia jurídica y política. Otro ejemplo, la Iglesia Ministerial de Jesucristo Internacional y su partido MIRA, que votó por el SÍ en el plebiscito.

En otras iglesias no es muy clara esa asociación, pero desde luego que sus opciones políticas se pueden orientar en una amplia gama de tendencias de centro izquierda y centro derecha. No siempre la feligresía es consciente de estas filiaciones políticas.

La otra variable es la teológica. El discurso religioso manifestado en la predicación y en los estudios bíblicos también ha influido para que las iglesias se inclinen hacia un lado u otro. Algunas iglesias se orientan por un discurso teológico en el que el mundo es malo y se debe luchar con el mal que lo está dominando. En estas iglesias la comprensión del mal se abarca desde la "microética", que se ocupa de temas como la familia, el aborto y la eutanasia, entre otros.

En el debate sobre el plebiscito el tema “ideología de género” estuvo en el centro de la discusión. Lo que ha quedado claro, hasta hoy, es que la gran mayoría de iglesias no aceptan que la corriente del movimiento LGBTI haya intentado usar el Acuerdo como una plataforma para promover sus proyectos. Además se vio como una amenaza a la existencia de la familia, el “enfoque de género” por las implicaciones futuras que pueda tener al legislar sobre algunos temas como educación o estigmatización de la que podrían ser acusadas las iglesias por su predicación. La posición de las iglesias y organizaciones del SÍ entendieron el “enfoque de género” como una reivindicación de los derechos de las mujeres y además aceptan que los derechos de todos(as) deben ser igualmente reconocidos sin distinción alguna, incluyendo la orientación sexual.

Otras iglesias (conocidas como neopentecostales) tienen un discurso más positivo del mundo malo, porque la ven como un campo que puede ser conquistado; para eso hay que dejar la timidez e irrumpir en la política. En el horizonte está la transformación de la sociedad por la imposición de los valores cristianos bajo el liderazgo de la Iglesia. Algunos pueden ver este modelo como una nueva versión de Cristiandad no católico–romana.

Esta variable teológica tiene también otras miradas. En iglesias históricas el mundo es visto como algo pasajero, pero posible de ser transformado, no hay una visión negativa del mundo, sino que es la casa que Dios ha dado a todos para vivir. De ahí que entre estas iglesias haya más apertura, no sólo a la participación política, sino a la promoción del ser humano, de sus cualidades y el desarrollo de su potencial. La educación, la acción social y la organización política son prioridad en la proyección de estas iglesias. Los temas éticos son analizados más desde la perspectiva de la "macroética", la pobreza, la injusticia, la desigualdad y, por ende, las transformaciones sociopolíticas están dentro de su horizonte.

Tres corrientes teológicas de los últimos cuarenta años pueden ser el paraguas de estas variables teológicas. Por un lado, la teología de la liberación nacida en los años 1970, que promovió la opción por los pobres y animó las posibilidades de transformación social, la Teología de la Misión Integral que revisó el concepto de Misión y su alcance a todas las dimensiones del ser humano tanto en lo individual como en lo colectivo (social); y por otra parte, la teología o "evangelio de la prosperidad", que ha sido la opción de muchos pobres animados por la posibilidad de transformar su situación socioeconómica surgida a mediados de los 1980.

El SÍ y el NO manifestado en el pasado plebiscito por parte de las iglesias es diverso y confuso, por lo que habría de tenerse más cuidado al señalar a las iglesias evangélicas de Colombia como la impulsadoras del NO. Sólo si se reconoce esta diversidad se podrá comprender mejor por qué estas iglesias no estarán completamente unidas en 2018, cuando estemos de nuevo en las urnas definiendo el próximo gobierno. Las iglesias es un mejor término para usar que el singular de “Iglesia”, aunque este sea el que define teológicamente su ser, pero en la historicidad de ésta hay una enorme variedad que no debería menospreciarse ni tratar de suprimirse.

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