Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

Palmira se quedó prácticamente sin oposición política, ésta quedó en manos de las veedurías ciudadanas, porque los movimientos a los que les corresponde ejercerla no han estado a la altura de las circunstancias.


En el remedo de democracia que rige en Colombia, la oposición política, aunque no está exenta de intereses particulares y oscuros, en cierto modo sirve para controlar y limitar los poderes de los gobernantes.

En la "Villa de los Cotudos", para nadie es un secreto que la joya de la corona de esta Administración era la concesión del contrato para el manejo del servicio de acueducto y alcantarillado. Alrededor de ese lucrativo contrato, al que además se le sumó el dinero adquirido por el municipio con la banca, los jefes políticos del alcalde Ritter López optaron por conformar una alianza con el motoísmo, pues para ellos era mejor compartir las ganancias con sus tradicionales contradictores que exponerse a su oposición. (A Miguel Motoa y a su delfín les pudo más la ambición que su "amor por Palmira", como suelen pregonar).

Pero, para consolidar esa "unidad" y evitar cualquier tipo de sobresalto, era necesario controlar no sólo a los medios locales de información, sino también a los cultos e intelectuales que pudiesen representar una amenaza, cultos e intelectuales que aunque no necesitan llenar su estómago, sí necesitan alimentar su ego. Y el alcalde y sus jefes encontraron la manera de satisfacerlos. Fue así como Mauricio Cappelli, Idalia Calderón —que aunque no es culta ni intelectual, al menos sabe cómo hacer ruido— y Julio César Londoño, entre otros, terminaron alineados. Claro está, que formar parte de una administración, cobrar por el silencio, aceptar galardones mediocres, alinearse y hasta sobreproteger a un alcalde y su gestión, no es ilegal; pero cuando no se es consecuente con lo que se predica, se incurre en la hipocresía, en la falta de honestidad y ética, virtudes que le son ajenas a la culta sociedad palmirana. (El caicedismo le sacó provechó a las debilidades de sus opositores, los puso de su lado y al final consiguió ponerlos a comer en un mismo plato).

Palmira se quedó prácticamente sin oposición política, ésta quedó en manos de las veedurías ciudadanas (que no han contado con el apoyo de la comunidad), porque los movimientos a los que les corresponde ejercerla, el Polo Democrático Alternativo y el Partido Verde, no han estado a la altura de las circunstancias. De manera que Palmira quedó inerme y, por lo tanto, a merced del totalitarismo impuesto por el alcalde Ritter López y su máximo jefe, don Jorge Caicedo Zamorano, quien aspira a extender su dominio a través de Jairo Ortega Samboní, a quien empezaron a perfilar como futuro alcalde de Palmira.

En Palmira se está cumpliendo la teoría de la Espiral del silencio, propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle Neumann, la cual parte del supuesto básico de que la mayor parte de las personas tienen miedo al aislamiento y que al manifestar sus opiniones, primero tratan de identificar las ideas, para luego sumarse a la opinión mayoritaria o consensuada. También explica que la sociedad amenaza con el aislamiento a los individuos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias y que la tendencia de la espiral es a enmudecer a quienes prestan o tienen posiciones diferentes a las mayorías, pero para en seco cuando se encuentra con el "núcleo duro", aquellos individuos que, aunque pocos, se reafirman en sus posiciones y opiniones y no cesan en el empeño de que su voz sea escuchada. (Veamos si Ritter López y sus jefes son capaces de permear ese "núcleo duro").

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