Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

Las únicas verdades que podemos encontrar entre las páginas de la Biblia son las verdades necesarias a la salvación. Pero, ¿de qué o de quién deberíamos salvarnos?


En lo que a mí respecta, cada vez que escucho expresiones tales como “la Biblia dice que...”, o peor aún, “el Señor me dijo que...”, mis glándulas suprarrenales generan la adrenalina suficiente para aprestarme a la huida. Porque si hay algo de lo que el mensaje de Cristo nos libera, es de todo fundamentalismo, y en particular de esa monumental contradicción en los términos u oxímoron del “fundamentalismo cristiano”.

Recordemos que la Biblia no es un libro sino una biblioteca, que pueden identificarse al menos cien autores distintos, y que sólo hacia los siglos IV y V fue definido el catálogo de los libros constitutivos del canon, y que en algunos casos, como en el del Cantar de los Cantares, su inclusión en la Biblia data del renacimiento medieval a instancias del visionario y beligerante Bernardo de Claraval, o que en otros, como en el del protestantismo Luterano, se suprimieron seis libros del canon, por considerarlos “apócrifos”. Y que no es un libro que contenga verdades científicas, ni tan siquiera morales, sino un abanico de géneros literarios utilizados con el único fin de mantener la cohesión de las comunidades a los que esos mensajes iban dirigidos. Las únicas verdades que podemos encontrar entre sus páginas son las verdades necesarias a la salvación. Pero, ¿de qué o de quién deberíamos salvarnos?

Cuando en la eucaristía se nos dice que comemos la carne y la sangre de Cristo, no estamos en presencia de un acto de antropofagia sagrada ni ante un mito más que, como tantos otros, ha pervivido hasta la muy docta y atea posmodernidad. Estamos celebrando no a un hombre hecho Dios, sino a un hombre que nos invita a reconocernos Uno, como Una es la vida que nos alienta al hacerse amor: porque la sangre es la vida y la carne la manifestación plena de la vida; se nos insta no a la condenación de la carne en nombre de un espiritualismo hecho de malos entendidos y falacias, sino a reivindicar la corporalidad como dádiva y gracia.

Si no fuera suficiente con esto, Cristo nos enseña a desacralizar la Escritura para sacralizar al hombre. Dios nunca le ha hablado a nadie si no es a través de los otros, del prójimo, de la comunidad, y de los nexos de esa comunidad con la tierra que la sustenta. Si Dios no está en el otro, tampoco estará en Cielo alguno. La que celebra la unidad de la Vida es la comunidad, no los sacerdotes ni los “maestros de la ley”. Si hay algún fundamentalismo en esa celebración, ese es el de la Vida, no el de las normas que encadenan la libertad de pensar, de reír, de sentir.

La salvación sería, pues, algo tan simple y tan arduo como liberarnos del miedo, raíz de toda amargura, de todo odio, de toda superstición y de todo dogmatismo. Liberarnos del pesado fardo de la Verdad con mayúsculas, y aproximarnos con humildad a las verdades de la Vida, en las que a la postre encontraremos nuestro rostro verdadero, que no es otro que el Suyo. Porque la espiritualidad, si es genuina, es transreligiosa: la religión, si se vive de modo genuino, conduce a la experiencia de la Unidad de la Vida, y nunca a la separación o a la exclusión. ¿Y del pecado qué? No hay otro pecado que el miedo a vivir la vida plenamente. Y el mensaje de Cristo nos libera de ese miedo, al decirnos que vino a traernos vida y vida en abundancia. Esa es su promesa, y con esa basta.

Comentarios  

+1 #2 Jorge Londoño Ariza 26-08-2015 22:36
La frase "Ama a tu prójimo como a ti mismo" no es de Jesús, ni de Moisés más atrás, ni de Abraham más atras. Es de Dios dada en la manifestación de la vida en elUniverso al entregar a su hijo amado para la redención de la humanidad. Y si lo dijo el Señor, lo cumplió y lo hizo. Los profetas lo transmitieron, pero sólo Jesús lo llevó al ejemplo, para que se cumpliera la promesa de la salvación: morir con el pecado y resucitar sin él para Vida Eterna. En Jesús termina la evolución el cuerpo humano, es a imagen y semejanza perfecta; y era el tiempo de inicio de la reconciliación humana con el Universo... así de fácil.
0 #1 Antonio 24-08-2015 01:22
No soy una persona religiosa ni miembro de una iglesia socialmente reconocida.Pero tampoco soy un ateo que niegue por principio o de principio la posibilidad de la existencia de un ser divino. Esto, a mi juicio, está a discusión. Sí creo, en cambio, que las palabras "ama a tu prójimo como a ti mismo" encierran un mensaje alentador,una voz o vía de esperanza para solucionar los problemas que aquejan a la humanidad.No es seguro que estas palabras las haya pronunciado Jesús (Cristo), ni tampoco es seguro que Dios se las haya comunicado. Si se cree en esto, es porque se cree en lo que la Biblia se dice. Pero la Biblia se escribió muchísimos años después de la muerte de Jesús por personas que se basaron en tradiciones orales y en lo que otras personas decían saber o haber escuchado,