Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

El papel heurístico en Carpentier es realzado y sugerido todo el tiempo, una y otra vez, al saber mezclar lo simple y lo maravilloso, lo real y la fantasía, la percepción y la ilusión.


Quisiera tomar como punto de partida para el presente ejercicio de argumentación, el valor de la heurística; entendida aquí como la capacidad de inventiva o de innovación y resaltar, dicho sea de paso, su valor al tiempo y necesidad dentro del género literario. La heurística es magistralmente desarrollada a lo largo de la obra titulada Concierto barroco. Dicha obra es formulada y desplegada en espacio y tiempo por parte del escritor de nacionalidad cubana, Alejo Carpentier.

Pues bien, ambientes geográficos bastante puntuales tales como México, España o Italia, en sí mismos no son sugerentes más que por su propia historia, por su abolengo y por la noción que manejamos de sus culturas respectivas, sin embargo, estos parajes, como escenarios de fondo que permiten el desarrollo de la trama por parte de Carpentier, cobran vida y fuerza, en un sentido literario, a través de la innovación en cuanto a lo que cada situación puede generar en un personaje y las historias que allí habrán de tener lugar.

Así, por ejemplo, una posada para un hombre común y corriente es solo un alto transitorio en el camino, un simple lugar para detenerse y descansar, pero con Alejo Carpentier un hospedaje cobra vida, forma y se transforma en la escenificación misma de un espacio bastante particular, un espacio para expresar emociones y vivir las acciones, en el cual se funde la música, el amor, los cuerpos, la camaradería y todo esto es y se hace posible gracias al manejo heurístico que del lenguaje se hace en la obra Concierto barroco.

Los personajes no pueden ser ya monótonos si estamos resaltando el arte no solo de inventar y contar historias, sino, más aún, el arte de narrar y de innovar, esto es justamente lo que genera emoción y pasión, fuerza y tensión en la obra de Carpentier. No se trata de contar una historia de forma lineal y ceñirse al estado de cosas como tal, sino todo lo contrario, se trata de realzar la imagen de cada momento y producir un cambio significativo a través de la sorpresa que genera el innovar, el crear y recrear lugares, personas y dotarlos de elementos inusitados que le confieran una nueva identidad, una lógica particular.

Es así, justamente, como el escritor del concierto nos sumerge como lectores en una obra cuyo punto de partida son los hechos históricos, para adentrarnos en un mundo donde prima la liberación de los sentidos por medio de la música y el lenguaje, que rápidamente se vuelve también lenguaje corporal, emocional y es insertado en cada uno de los personajes de la obra.

El papel heurístico en Carpentier es realzado y sugerido todo el tiempo, en el texto específico que aquí nos ocupa, una y otra vez al saber mezclar lo simple y lo maravilloso, lo real y la fantasía, la percepción y la ilusión que es generada por la misma composición musical. Ahora bien, una vez señaladas las anteriores consideraciones, es imperativo resaltar un elemento presente dentro de esta obra, el cual, a mi entender, constituye la piedra angular en torno a la cual Carpentier construye su obra y que a su vez es el pretexto para el desarrollo de estas líneas; hablo, pues, de América Latina y la confrontación que realiza el autor y expone a lo largo del Concierto barroco.

A simple vista se trata de una confrontación no tanto de carácter ideológico entre Europa y América Latina, sino más bien de una exaltación de los sentidos a través de la exposición y desarrollo de una apreciación estética del lenguaje que surge a partir del reconocimiento de América Latina como surtidor de novedades, como tierra fértil en historia e historias, que permite a través del lenguaje exaltar y resaltar su belleza ineluctable y por lo demás inherente.

Alejo Carpentier ciertamente no es cubano, en un sentido nacionalista, pero su formación y educación preliminar, así como sus viajes por Haití y estadía posterior en Europa, le permitiría cotejar y encontrar una hermosa y simple verdad; a saber, que el continente americano en sí mismo encierra y posee una riqueza autóctona que vale la pena mencionar y describir de forma particular, de ahí que se dé a la tarea de ensalzar a través de su obra la belleza y el sentido mágico de una cultura por medio del uso del lenguaje como punto de partida.

América Latina contiene en sí misma elementos que la dotan de ese valor heurístico que se pretende probar con esta exposición como tal, la innovación y la inventiva son el rasgo definitorio de nuestra cultura y no precisa ser reacomodado o construido artificialmente. Es esta sugerencia la que se aprecia, claramente formulada a través de los personajes de Carpentier en su Concierto barroco y cuya referencia queda suficientemente manifiesta entre la visión que de una misma historia tienen individuos (los personajes dentro de la narrativa) de diferente etnia, como lo son un mexicano, un cubano (Filomeno) y un músico Italiano.

Si bien podría hablarse aquí de transculturación, o mejor aún, de fusión cultural entre América Latina y Europa a través de la fusión de estos distintos personajes que forman parte de este Concierto barroco, es más imprescindible aún apuntar hacia la música y el lenguaje como catalizadores de la prosa concebida de forma heurística en Carpentier, pues es la razón de la novedad que introduce el escritor en su relato al lector, lo atrapa y lo sumerge en un mar de posibilidades. Se aprecia como gracias a la inventiva e imaginación es posible la conciliación de disonancias.

A modo de colofón, y a fin de lograr dilucidar esta ultima apreciación, es preciso puntualizar el por qué la inventiva es fundamental y posee en sí misma un papel rector a lo largo del relato; pues bien, como es sabido, esta obra particular del escritor cubano presupone la conciliación entre una contradicción, la cual figura en el título mismo de la obra y que será desarrollada a través de la trama misma: hablamos de la frase “concierto barroco”. Un concierto como composición musical presupone la idea de armonía, en tanto que lo barroco, más que un período histórico, comporta un sentir característico que alude al desorden, la heterogeneidad, y si se piensa, a la innovación o inventiva.

Así, pues, se plantea de entrada en esta obra dos conceptos contrapuestos: la armonía u orden y el desorden o caos; pero es justamente a través del caos como surge el orden y viceversa, es gracias al establecimiento del orden que es posible la generación del caos.

He ahí el carácter magistral y heurístico presente en esta obra de Carpentier, más que la conciliación de los opuestos se trata de mostrar que en realidad estos dos elementos se necesitan mutuamente, puesto que son complementarios. Solo en el caos tiene lugar el orden o la armonía, este habrá de ser el papel heurístico que resalta, según Carpentier, un espíritu, un sentir que es propio de la cultura latinoamericana y que a su vez es preciso para complementar al pueblo europeo, y ello se manifiesta claramente en dicho concierto; pues de que otra forma se explica la fusión de músicas tan dispares como la sajona (Handel), la veneciana (el propio Vivaldi) y la improvisación cubana (Filomeno).

Se trata, pues, de encontrar lo bello, lo sensible; en pocas palabras, lo estético en su punto más simple y demarcarlo a través del lenguaje que narra fielmente todo aquello que es nuevo.

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