Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

La obra Delirio marca una excepción a la regla en tanto que se entremezcla la investigación con la ficción para dar cabida a una nueva forma de percepción, y más aún, de interpretación de aquello que denominamos realidad social.


Para entender cuál es la intención al reseñar a un autor y su obra, más aún cuando de lo que se trata es de evocar algo que éste ha dicho o sugerido, resulta necesario establecer de forma progresiva y general la manera en que el rol de aquella extraña psicosis, denominada delirio, se presenta y expone a través de la narrativa en la obra titulada Delirio de Laura Restrepo. El delirio, se podría afirmar, sirve como punto de anclaje para desarrollar una reinterpretación de la realidad, que para el caso particular de la novela Delirio, emplea este tipo de psicosis (la del delirio) como un elemento clave en la construcción social de la realidad colombiana, la cual no deja de estar matizada por una relación dual entre la violencia y el amor.

Si bien es cierto que dentro de la narrativa colombiana, y en particular recientemente, la mayoría de novelistas y escritores se han dado a la tarea de recrear situaciones de marginalidad, donde priman las visiones deprimentes y decadentes de la sociedad colombiana, por medio de la composición y descripción detallada de zonas obscuras o grises, que a su vez permiten advertir lo más cruel y protagónico de una sociedad colombiana que se muestra patológica y cuyo rasgo más definitorio pareciera ser el odio y diversos tipos de violencia (realismo degradado). Resulta imprescindible entonces abordar desde otra mirada, desde otro sentir, aquello que acertadamente o no concebimos como la realidad nacional.

Indiscutiblemente, la obra Delirio de Laura Restrepo logra este cometido al marcar una excepción a la regla en tanto que, en parte debido a la labor periodística de su autora, se entremezcla la investigación con la ficción para dar cabida a una nueva forma de percepción, y más aún, de interpretación de aquello que denominamos realidad social.

Pues bien, el punto crucial a partir del cual es posible el presente ejercicio de reimpetración, se centra en torno al papel que desempeña el delirio como artífice en la construcción social de la realidad, esto es, respecto a la sociedad colombiana, lo cual implica de forma inherente no solo una percepción de la realidad nacional totalmente alterada, sino también la generación de realidades sociales bastante especificas a partir del manejo y uso que se hace de la información que es procesada por aquel que padece este tipo de psicosis, que para nuestro caso será una de las voces empleadas por la escritora y encarnada bajo la figura de Agustina (personaje principal).

Esta consideración, sin pretender ser un análisis exhaustivo, de entrada permite aclarar que no se cuenta con un conocimiento vasto y suficientemente logrado en el campo de la psicología clínica o psiquiatría, sin embargo, se adopta la figura del delirio como punto de partida para desarrollar una línea argumental, y a modo de pretexto literario, para establecer una reseña interpretativa de la obra Delirio del año 2004; la cual, pese al tiempo transcurrido desde su publicación, contiene muchos elementos válidos de análisis y extrapolación respecto al acontecer nacional, donde a veces pareciera imperar un caos o desatino absoluto.

Así pues, se va bosquejando de manera paulatina las posibilidades de configurar, en efecto, un verdadero problema de investigación derivado de los planteamientos de la autora Laura Restrepo en su obra, que es asumido inicialmente bajo la forma de preguntas o consideraciones a modo de reflexión sobre cuestiones que intentan darle sentido a lo que vemos a nuestro alrededor, y nos preguntamos: ¿cuál es la naturaleza del entorno que habitamos?, ¿cuál es nuestro lugar en él y qué papel desempeñamos (roles o rol social) y de dónde surgió éste y nosotros? ¿Por qué es como es y no de otro modo posible?

Siguiendo esta misma línea argumentativa, se infiere que para tratar de responder a estas preguntas terminamos adoptando una cierta imagen del mundo; y es justamente en este punto en particular donde surge y se identifica la labor comunicativa por parte de aquel que padece delirio o si se prefiere del delirante.

En efecto, en este caso el personaje de Agustina no solo debe comunicar sus impresiones, sus percepciones, en suma, su reinterpretación del mundo, visto a través de unos nuevos ojos, los ojos de la locura general, sino que además no solo debe limitarse a retransmitir o expresar una serie de datos y hechos, debe, ante todo, buscar articular puntos de interés para generar en el público, que para el caso de la novela será el lector, una imagen que permita definir de forma imparcial su entorno y el acontecer general (o representación, que para nuestro caso será una representación social que refleja casi al calco el acontecer nacional durante la época en la que el narcotráfico triunfó sobre la base de la sociedad civil y las consecuencias nefastas de aquel punto histórico para Colombia); en este sentido ha de entenderse que una imagen es siempre una construcción interna que se proyecta hacía el entorno más inmediato con el fin de configurar una explicación del mismo, obteniendo como resultado una visión provisional del medio circundante que hace posible la interacción con el mismo.

Esto, la imagen mental, es lo que ha de considerarse como el primer intento teórico por describir y explicar el mundo en el que nos movemos, involucrado, claro está, la idea de que los sucesos y los fenómenos sociales, por el simple hecho de ser observables, son susceptibles de, valga la redundancia, una explicación fidedigna de aquello que se intenta describir, tomando siempre, en cualquier caso, como referente fundamental el papel que desempeña un observador, o para el caso específico que aquí nos ocupa, un delirante, desarrollado y articulado a través de una construcción narrativa que busca comunicar, como en el caso de la obra Delirio.

En suma, podemos afirmar que resulta imperativo el sentido del deber y poder narrar, describir y transmitir los hechos, analizándolos a profundidad hacia los miembros de una sociedad. Finalmente, lo que se infiere a partir del encadenamiento argumentativo expuesto hasta este punto, es que siendo el proceso mental en Agustina altamente ideo–plástico, más que tratarse de una simple psicosis o alteración de su personalidad construida hábilmente por la escritora Laura Restrepo, se trata, como se sugirió al inicio del presente texto, de una herramienta tal vez usada bajo pretexto literario con el fin de transformar realidades, no solo para alterarlas, sino para, a partir de la base de una realidad monótona, deliberadamente rutinaria y simple, demostrar una cruda realidad, como lo es la de la sociedad colombiana.

Entonces, a través del delirio esta mujer encuentra cabida y expresión para una nueva forma de reinterpretar el mundo, es decir, el delirio en efecto permite llevar a cabo un proceso de reconstrucción de la realidad, o mejor aún, por antítesis, un proceso de creación, articulación de la realidad social, que de forma individual es vivenciada por el delirante, en este caso Agustina, en contraposición a aquella realidad experimentada en su desarrollo como mujer, como ser humano, y de la cual se derivaron en algunos casos experiencias nocivas que habrían de dejar una huella indeleble en este personaje.

Asimismo debemos agregar a modo de cierre, que siendo la realidad social un proceso de construcción intersubjetiva y el delirio el medio a través del cual es posible una forma de construcción alternativa a la convencional, Agustina no es la única delirante, pues como se advierte a lo largo de la obra, la locura es contagiosa, o por lo menos parece serlo, lo que se infiere entonces es que personajes como la tía Sofi, el hermano menor de Agustina, Bichi; el abuelo alemán de Agustina, Nicolás; e incluso el propio esposo, Aguilar; entre otros más, se encargan a través de la interacción directa o indirecta con Agustina de ampliar el universo simbólico de esta última o solo así en ese proceso de interconexión de los unos con los otros, esto es, de manera intersubjetiva, se terminará de formular y articular la realidad social que sirve como telón de fondo para el desarrollo de la obra e historias que se entretejen dentro de la misma y, como en la obra literaria, se habrán de reflejar en la vida misma.


Referencia:

  • Berger, L. Peter y Luckmann, Thomas. (2001). La construcción social de la Realidad. Amorrortu Editores.
  • Dávila, A. Eduardo. (2004). Representaciones Sociales. Diálogos, Universidad Nacional. Bogotá, Colombia.
  • Restrepo, Laura. (2004). Delirio. Editorial Santillana. España.

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