Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

El Supremo debe dar la vida antes de entregar las reservas al pueblo, intentando acallar la rebelión, por eso la Casta sigue reinando, esa es la tradicional forma de perdurar, de mantener el equilibrio dentro de esta sociedad.


—La comida escaseará este invierno. El informe climático de los voladores es contundente.

— Sí, lo leí, plantea un panorama desolador.

— Deberemos comer la que come el pueblo.

—Sí, Supremo, lo lamento.

—Es una porquería asquerosa.

—Lo siento, señor, pero no se preocupe, solo será por este ciclo. El Monajar volverá a dar frutos para el próximo.

—El próximo ciclo, claro..., dos eclipses, puede ser; pero debemos pasar este. Las criás nuevas no resistirán y morirán enfermas. Los vientres abortarán. El caos social estallará tarde o temprano.

—Debe ser fuerte, señor. Dar el ejemplo.

—¿El ejemplo al pueblo?

—Sí, señor, al pueblo.

—El pueblo exigirá comida una vez que se haya deglutido y defecado mis ejemplos. Representante, escuche, cuando cunda la noticia que el Monajar no dará frutos y sepan que será el más crudo invierno del que se tenga memoria, vendrán a matarnos: así pasó siempre durante los inviernos duros. Vendrán a saquear nuestras reservas y a comernos.

—No, si se lo explicamos.

—¿Explicaciones al pueblo? Estás loco. Tienes miedo porque tú también morirás, Representante. Intenta explicarle a tu clase lo que me estás pidiendo. Te matarían, incluso antes que llegue el invierno.

—No, señor, al pueblo no todavía; a la Casta, me refiero.

—¿Y qué debemos explicarle a la Casta? ¿Que deben defender a su Soberano? No lo harán, Mogulis, no lo harán. Jamás lo hicieron. Soy el Supremo de mi clase, por lo tanto, debo dar mi vida antes de entregar las reservas al pueblo, intentando acallar la rebelión, es la única manera de matar a muchos del rebaño, especialmente a los más violentos y a los más débiles, por eso la Casta sigue reinando, es nuestra tradicional forma de perdurar, de mantener el equilibrio, Representante.

—Insisto, señor, hay una manera, que creo, salvará la vida de su familia y funcionarios: un plan.

—Estás desesperado por salvar tu vida y la de tu familia, te comprendo. La ley dice que debo escuchar todo lo que me diga el Representante, dignatario del pueblo, la manada; su líder y bla, bla, bla. Así que dime, Mogulis, te escucho. Comencemos con el ritual de buscar soluciones.

—Bien, señor, gracias. Si usted convence a la Casta que cada una de las familias debe entregar el setenta por ciento de sus reservas para que se alimente el pueblo, yo conversaré con la manada para explicarles que está en marcha un plan.

—Este es un ritual que viene sucediendo desde tiempos inmemoriales. Tú me pides, por favor, que nosotros accedamos a la entrega de reservas, tú vas a decirle a la manada que me tienes casi convencido hasta el desenlace fatal del asesinato, primeramente, de tu persona.

—Es cierto, pero no me entendió bien, Supremo. Les diré que está en marcha un plan, no un acuerdo de entrega de reservas; un plan, que es distinto.

—Un plan. ¡Ah, sí! Claro, un plan, como el de Frazcauso “el Ingenioso”.

—Algo parecido, pero mi objetivo principal no es el que Frazcauso llevó adelante. Frazcauso inventó ese plan para salvarse él mismo y, si era posible, sus hijos y algunas de sus hembras, las más jóvenes; ni siquiera sus esposas y padres de crianza. Mi intención es otra, Supremo.

—Dímela.

—Es cierto que intentaré salvar mis antenas y mis patas, pero, a diferencia del plan de Frazcauso, no seré la prioridad, ofreceré mi vida por ello y la de mi familia.

—¡Ah! ¡Qué notable! ¿Y crees que alguno te creerá? Es más, ¿crees que la Casta creerá que tú y tu familia se entregarán para beneficio del pueblo?

—Claro que no. Sería un estúpido si así lo creyera. Pero piense esto, Supremo, soy Representante del pueblo en el período más largo sin inviernos crudos de la historia que se haya conocido. Diez generaciones, nada menos; en todo este tiempo logramos, gracias, primeramente a su inteligencia, la estabilidad climática y la buena cuida del Monajar. Eso permitió que el rebaño me siguiera sin ningún grito de protesta, casi sin chistar. Nunca un Representante tuvo tanta ascendencia sobre la manada como yo, Supremo.

—Eso es muy cierto, Mogulis, muy cierto, y por eso hemos sido generosos y condescendientes repartiendo artilugios para diversión y días libres de esparcimiento. ¡La población creció más que nunca en abundancia! Pero eso también jugará un papel decisivo en la crisis invernal. Son muchos, Mogulis, muchísimos, muchas bocas que alimentar, acostumbradas a comer de más.

—Los representantes de rebaños que fui seleccionando durante generaciones son inteligentes y tuve el tiempo de adiestrarlos, entienden de este gran inconveniente, que fue haber crecido en demasía y en abundancia, por eso están dispuestos a consentir eliminaciones voluntarias.

—¿Eliminaciones voluntarias?

—Sí, el factor desencadenante de “el Plan”: morir por propia voluntad.

—Sinceramente, me sorprendiste, Mogulis. Dime.

—Primeramente, debo decirle, Supremo, que las medidas que tomemos para propiciar la eliminación voluntaria de individuos de la manada, algunas de ellas, deberán aplicarse también para la eliminación de miembros de la Casta.

—¿De qué se trata, Mogulis?

— Cuatro cuestiones al mismo tiempo.

— Dime.

—Uno: ampliar el horario de programación de entretenimiento visual. Dos: permitir a miembros de la manada aparecer en esos programas como protagonistas. Tres: facilitar clandestinamente el acceso a la manada de altas dosis de Metclar puro. Cuatro: permitir el apareamiento durante el invierno.

— ¿Metclar a los trabajadores? ¿Altas dosis? ¡Eso los debilitaría al extremo! ¿Estás loco?¿Piensas que el Senado de la Casta permitirá semejante descontrol?

—No, claro que no; sin nada a cambio, claro que no...

—¿Y qué quieres que les proponga?

—Que será permitido el divorcio de sus hembras castas, que los machos tendrán tres veces más concubinas, a las que por ley reduciremos la edad de apareamiento a dieciocho eclipses, sin pagar más impuestos. Además, las hembras castas podrán consumir Metclar del especial en reuniones sociales y estudiar en la Academia de Ciencias.

—¡Pero durante el período de preñez esa droga provoca abortos! ¿Y hembras en la Academia de Ciencias? Eso propiciará una crisis de poder.

—Por eso mismo, Supremo, por eso mismo. De las crisis surgen las reformas, las hembras castas están luchando para aplicar enmiendas a los mandamientos desde hace centenares de eclipses. Deles el gusto, ellas lo apoyarán, incluso, hasta podría clausurar el Senado.

—Pero no tienen voto.

—Pero tienen voz.

—¿Me estás proponiendo un golpe de Estado?

—Una revolución es más épico... Piense: la situación con las hembras castas es muy delicada, hay muchos homicidios encubiertos de machos asesinados por sus hembras. Inclusive, se comenta que existe una logia de asesinas, por el tema de la violencia de género. Además, los castos machos bisexuales encubiertos, que no son pocos, lo apoyarán también.

—Sí, es cierto, muy cierto, Representante...

—¿Entonces?

—Lo pensaré. Consultaré algunas cuestiones con la Comisión de Corrupción. ¡Mogulis!

—¿Sí, mi Supremo?

—¿Podríamos reducir la edad de las hembras siervas de la manada a doce eclipses?

—No creo que existan inconvenientes mayores. Eso sí, solo para castos mayores de cincuenta eclipses...

—¡Ah, notable Representante!

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