Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

¿Qué retos le esperan a Néstor Humberto Martínez? Las expectativas, sin duda, son altas, máxime cuando recibe una Fiscalía a la cual apartaron de su función investigadora al haber sido convertida por su antecesor en palco de arenga política, en granada de mano mediática.


La elección, el pasado 11 de julio, de Néstor Humberto Martínez como nuevo Fiscal General de la Nación, tan solo pudo haber tomado por sorpresa a los incautos que se resisten a aceptar que las ternas, al igual que las listas abiertas de postulación al cargo, son nada más que un simulacro democrático, por no decir otra cosa.

Luego de que la Corte Suprema de Justicia anunciara el pasado lunes la ratificación de su elección, habiendo superado el proceso de verificación documental del hoy nuevo fiscal, no queda más que hacer frente a lo inevitable; aun cuando varios medios (entre ellos la Silla Vacía) advirtiera que quien asumirá la dirección del ente acusador era entre los ternados el “menos calificado para el cargo”, por lo que sería válido preguntarnos: ¿qué habrá motivado en su votación a la Corte?

El perfil del Fiscal, cuyo periodo se extenderá hasta el 2020, profesionalmente, a más de uno le resulta envidiable. Defensa de los intereses de los grandes poderíos económicos del país, una firma de abogados recientemente asociada con otra extranjera de gran renombre, varios ministerios recorridos en pasadas administraciones, incluyendo un Súper Ministerio en la actual presidencia de Juan Manuel Santos.

Todo un expertise de la más amplia naturaleza, además, ideológicamente, si recordamos que fuera entre otros uno de los fundadores de Alianza por el Cambio que, sabemos bien, se convirtió en el actual partido Cambio Radical —por lo que se presume sostiene simpatía por el partido, cuyo futuro candidato a la presidencia será Vargas Llegas.

Eso junto a los guiños que demuestra por el Centro Democrático al haber llamado a Uribe “gran patriota”; su amistad de antaño con el presidente del partido de la U, Roy Barreras, quien le expresó con ocasión a su renuncia al cargo de Súper Ministro, que “todo el que lo conoce lo quiere”; coqueteos de tiempo atrás con el partido conservador, del cual recibió apoyo para quedarse con el Ministerio del Interior, cuando la Casa de Nariño la ocupaba Pastrana, en fin, todo esto debe ser señal acaso de una personalidad desprejuiciada, multipartidista por lo conciliadora y receptiva...

Lo que verdaderamente importará de ahora en adelante, será que todos estos intereses, que van dejando en el trayecto la experiencia en el sector público como privado, no vayan a ser motivo de presión en la vital función que tendrá próximamente a su cargo; o sea, que no vayan a definir los amiguismos, los colegas, contactos y antiguos jefes, la apertura formal de una investigación en la Fiscalía por hechos que configuren la comisión de un delito, o incluso, el cierre de alguna que se encuentre en curso de existir pruebas que ameriten una futura imputación de cargos, ¿estaremos pidiendo mucho, o tan solo lo constitucionalmente legítimo y justo?

Ahora, ¿qué retos, pues, le esperan a Néstor Humberto Martínez?, las expectativas, sin duda, son altas, máxime cuando recibe una Fiscalía a la cual apartaron de su función investigadora al haber sido convertida por su antecesor en palco de arenga política, en granada de mano mediática. Mayor credibilidad, reestructuración administrativa, perspectiva de postconflicto, reducción de la impunidad, todo a un mismo tiempo. Algo muy parecido a un malabar.

Se dice por los medios de comunicación que esta Fiscalía tendrá que ocuparse, ante la firma del Acuerdo general para la terminación del conflicto y el establecimiento de una paz estable y duradera, de tres temas puntuales: Modernización de la Fiscalía, reducción de la impunidad, y acondicionamiento del aparato de investigación y acusación para la aplicación de la Justicia Transicional.

Pero aquí una advertencia para no pecar por reduccionistas: una Fiscalía para la Paz, en mayúsculas, será aquella interesada, sobre todo, en investigar y acusar con firmeza los graves desfalcos que aquejan al sistema de salud colombiano —caso Saludcoop—, y que son los mismos males con diferente victimario que se trasladan al sistema de alimentación escolar.

Los descalabros de tipo financiero —caso Interbolsa— y la revisión del principio de oportunidad aplicado a quienes, con tanto favorecimiento de parte de la Fiscalía, terminaron saliéndose con la cuya. Investigaciones en contra de funcionarios que presuntamente negocian con puestos en entidades del Estado; la reciente solicitud de Justicia y Paz en la que se pide investigar la relación entre Francisco “Pacho” Santos y la conformación del Bloque Capital; investigaciones congeladas en contra del “gran patriota” y varios miembros de su partido; contra todo cartel criminal de tipo público y privado, y en general, lo que atente contra el bienestar ciudadano que se encuentre lógico, castigado por ley.

La paz, nuevamente en mayúsculas, no deviene por el mero cese al conflicto armado pactado con una sola guerrilla, no.

La lucha frontal contra todo foco de corrupción, injusticia, incluidos los abusos en materia de salud, la privación de la vida de defensores de derechos humanos, la explotación ilegal de recursos ambientales, la afectación del patrimonio económico de la Nación a la cual contribuimos todos –silenciado caso Reficar y presunta desaparición de dineros recaudados por concepto del Cargo de Confiabilidad Eléctrica, que sí son recursos públicos, así el director de la Comisión de Regulación de Energía y Gas sostenga lo contrario, etc.—, son la fuente más directa, además de percepción de esa paz que tanto necesita el país.

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