Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

Transitar por el luto del plebiscito, a la indignación por la mentira, el desconcierto ante la ausencia por todos de Plan B, incluyendo a los abanderados del No; a la resistencia civil en las calles comandada por la juventud; quizá nos permita ver con claridad por primera vez.


¿Habríamos imaginado este escenario postplebiscito que nos sucede, como efecto positivo del resultado que se coronó con la victoria en las urnas el pasado 2 de octubre?, el tiempo parece probar una vez más que en nuestra probeta de ensayo de la “cosa política”, la incertidumbre, la sorpresa y la incógnita en este laboratorio llamado Colombia son los únicos factores que no varían.

A la lista de efectos positivos nadie habría sumado, por ejemplo, la revelación de “Timochenko” como hombre sensato y de creíble semblante político, quien a diferencia de algunos otros, avocó con seriedad y actitud pacifista al mantenimiento del diálogo y el consenso para no desechar un Acuerdo que ha puesto a prueba la voluntad de todos.

Y si de lo que se trata es de ser justos, debe serle reconocida también su congruencia, tan escasa por estos días en nuestro país, al insistir una vez más en el desacuerdo que tuvo el grupo de las FARC en la realización de un plebiscito que consultó al pueblo colombiano si quería o no el cumplimiento de lo que resulta ser, a fin de cuentas, un deber constitucional que tiene a su cargo cumplir el Presidente de la República: la paz.

Desacuerdo que no se propuso invitar al desconocimiento del resultado por todos hoy conocido y que, al contrario de lo esperado, permitió reconocer los beneficios del No como una oportunidad valiosa para revisar y corregir lo negociado con el Gobierno en La Habana. ¿Ven ahora la clara diferencia entre los actos políticos y los de mera politiquería?

Tampoco se encontraba en los cálculos de nadie, que el artífice del marketing detrás del No que patrocinó a ciega ultranza el Centro Democrático, fuera a desvelar con tal rigor de detalles la estrategia (o más bien, treta vil) de manipulación y engaño del que más de uno puede declararse hoy víctima, ante el único tribunal que no archiva una sola investigación abierta, el de la conciencia.

Esta campaña de mitomanía absurda tan sólo le valdrá al expresidente y senador A. Uribe Vélez una denuncia por fraude al elector ante la Corte Suprema de Justicia y su bancada, lo que no deja de ser una amenaza irrisoria contra quien cuenta ya con más de 230 denuncias ante el Alto Tribunal de la Jurisdicción de la gaveta. Esto último suma como triste efecto positivo, al menos para los del Centro Democrático.

Y qué decir ahora de las marchas estudiantiles que se empoderaron con entereza de las calles, verdaderas tribunas que dignifican a las democracias cuando las urnas se convierten en juegos de uno, el de las minorías con tradición dominante. Marchas que han demostrado que los deseos de paz exceden por intención y número a la clase política colombiana.

Otro efecto positivo que se suma a la lista. El inesperado (o muy esperado y a la final descartado) premio Nobel de Paz que concedió un nuevo aire a la caída imagen del presidente Santos, pero que valga decirlo, no hará cesar por su propia cuenta a la horrible y más prolongada de las noches, la del conflicto armado interno.

Este muy amplio balance muestra, en parte, las etapas de un experimento democrático que, hasta ahora, diríamos con franqueza, no va nada mal.

Transitar por el luto del plebiscito, a la indignación por la mentira, el desconcierto ante la ausencia por todos de Plan B, incluyendo a los abanderados del No; a la resistencia civil en las calles comandada por la juventud; quizá nos permita ver con claridad, por primera vez, que la paz no debe participar de la polarización del Sí y el No, ni ser relegada al entendimiento que logren en la Casa de Nariño dos hombres, ni mucho menos creerla un acto instantáneo que logra la implementación del Acuerdo Final que llegue a ser modificado.

Viendo quienes así lo quieran, que la paz es un camino complejo, continuo y colectivo, podremos cantar con orgullo y justa causa algún día, acerca de la gloria inmarcesible, del verdadero júbilo inmortal.

Comentarios

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Comentarios  

+1 #1 rubén 13-10-2016 07:00
lograron buscar la paz en paz. Nada mal. Allí su mayor logro, Colombia. Una manifestación evolutiva hacia un humano mejor. Es fundamental para nuestra región sudamericana lograr la paz, nos da la posibilidad de una integración real.
Buen artículo, transmite paz.

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