Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

A partir del concepto de interdisciplinaridad se empezó a construir un nuevo método de investigación científica, una labor que aún sigue en desarrollo. Un modelo innovador y revolucionario que se basa en la construcción colectiva del conocimiento y no en la sumatoria de conclusiones parciales.


El concepto de interdisciplinaridad ha ido ganando importancia, desde hace varias décadas, en la reflexión teórica acerca de la investigación científica. Un hecho que demuestra la existencia de un cambio en la manera en entender qué es el conocimiento científico, cómo surge y de qué forma se construye.

En este artículo vamos a explicar brevemente el surgimiento de este concepto y los motivos de su importancia.

Hasta mediados del siglo veinte, la investigación científica giraba en torno a disciplinas especializadas que definían, ellas mismas, sus problemas de investigación, sus métodos de trabajo y su marco de actividad.

Por ejemplo, la física clásica estudiaba el movimiento de los objetos y las relaciones entre ellos que pudieran condicionarlo; mientras que la química estudiaba la composición interna de los objetos y las sustancias.

Aunque ambas disciplinas podían estar analizando el mismo objeto, por ejemplo, una bola de billar, se concentraban en aspectos diferentes de su naturaleza.

La física clásica (mecánica clásica) indagaba qué fuerzas condicionaban el movimiento de la bola de billar, cuál era la influencia de la superficie sobre la que se desplazaba y el efecto de encontrar diferentes obstáculos en su desplazamiento.

Por otro lado, la química investigaba la composición interna de esa bola de billar, tratando de responder a preguntas como ¿de qué material está hecha?, ¿cómo se organizan los átomos que la componen?, ¿qué propiedades tienen al contacto con el fuego y las altas temperaturas?, ¿qué sustancia explica su color?, etc.

La investigación científica consistía en diferentes disciplinas de investigación, que se especializaban en el estudio de un trozo concreto de la realidad; siendo el objetivo de los científicos encontrar respuestas cada vez más específicas y más profundas acerca de su objeto de estudio.

Puesto que cada disciplina estudiaba aspectos diferentes de la realidad, no les hacía falta conocer las conclusiones y descubrimientos hechos por las otras disciplinas para el desarrollo de su investigación. Cada campo de conocimiento se convirtió en una burbuja encerrada sobre sí misma.

Este modelo de investigación científica permitió alcanzar un conocimiento detallado y profundo de la naturaleza de los objetos, el descubrimiento de las leyes y procesos que explicaban el movimiento de los planetas, la formación de fenómenos climáticos, el ciclo vital de animales, plantas y personas, etc. En fin, fue el motor de todo el progreso que vivió la humanidad entre los siglos dieciocho y diecinueve.

A finales del siglo diecinueve y comienzos del siglo veinte, varios científicos detectaron algunas limitaciones del enfoque científico especializado. En concreto, investigadores como el biólogo austriaco Ludwig von Bertalanffy, se dieron cuenta que su objeto de estudio, en su caso los seres vivos, no podían ser entendidos solamente como una sumatoria de reacciones químicas e interacciones físicas.

Era cierto que cualquier ser vivo, desde una bacteria hasta un ser humano, desarrollaba una serie de procesos químicos que permitían su vida; así mismo cumplía una serie de leyes y principios físicos. Pero, ¿podíamos describir que era una bacteria mediante la sumatoria de ambos aspectos?, ¿podemos explicar que es un ser humano sólo a partir de su composición química y de anatomía?

Bertalanffy detectó que los organismos biológicos tenían una serie de propiedades que no eran explicadas por las disciplinas especializadas; pues estas características sólo aparecen cuando apreciamos al organismo en su conjunto, como si fuera un todo integrado.

Por ejemplo, al estudiar el cerebro humano descubrimos que está compuesto por neuronas, conocemos la estructura de estas neuronas, su composición química y su manera de interactuar unas con otras; pero estos conocimientos no nos dicen qué es el pensamiento.

Ello se debe a que el pensamiento no es algo específico que surja de una sola componente del cerebro: la biológica, la física o la química. El pensamiento surge cuando todas estas dimensiones se conjugan e interactúan. Por lo cual ninguna de ellas puede describirlo o explicarlo por separado.

Estas cualidades, que sólo se aprecian cuando abordamos un fenómeno desde su naturaleza global, se denominan propiedades emergentes.

Para la investigación científica resultan muy importantes porque ellas son las que hacen característico a un organismo o a un objeto de estudio. Dentro de esta categoría podemos encontrar conceptos como el pensamiento, la vida o la convivencia, que resultan fundamentales para el estudio del cerebro, los organismos vivos y la sociedad, respectivamente.

Comprender qué son estas propiedades emergentes, cómo surgen y cuál es su importancia para el estudio de un fenómeno determinado, demostró la necesidad de superar el modelo tradicional de investigación científica.

Este nuevo modelo debía ser capaz de abordar los fenómenos y los objetos desde un enfoque integral o global, debía tener en cuenta las aportaciones de las diferentes disciplinas que estudiaran dichos objetos y lograr una coordinación entre ellas en el marco del proceso de conocimiento, no una simple sumatoria de conclusiones. Siendo este el origen del enfoque interdisciplinario.

A partir del concepto de interdisciplinaridad se empezó a construir un nuevo método de investigación científica, una labor que aún sigue en desarrollo. Un modelo innovador y revolucionario que se basa en la construcción colectiva del conocimiento y no en la sumatoria de conclusiones parciales. Un método que, a nuestro modo de ver, resulta más adecuado para acercarse y comprender la actual realidad, caracterizada por la Complejidad, la emergencia y la Interconectividad.

En una próxima entrega explicaremos con más detalle qué es la interdisciplinaridad, cuál es su diferencia con la sumatoria de conocimientos y cuáles han sido sus aportaciones más importantes para el avance científico actual.


José Pablo Tobar Quiñones es licenciado en Filosofía con estudios de posgrado en Ciencia Política. Actualmente se desempeña como investigador en la fundación Sicomoro, entidad española dedicada a la difusión y el desarrollo del conocimiento en el campo de la Teoría General de Sistemas.

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