Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

El populismo se presenta como un fenómeno que surge y se acentúa en Latinoamérica, pero no por ello se debe incurrir en el error de argumentar que se trata de un fenómeno exclusivo de esta región.


La base de las relaciones entre populismo como fenómeno emergente en el contexto latinoamericano y las debilidades o insuficiencias en los procesos de construcción del Estado en la región, resulta un tanto problemática, o mejor aún, algo difícil de establecer de forma precisa, toda vez que el populismo plantea una serie de cuestiones complejas derivadas de la falta de precisión respecto a una definición clara sobre el sentido, alcance y significado del concepto como tal. Siendo este el panorama general, es evidente que no existe un claro consenso por parte de autores y analistas, no solo en materia política y de relaciones internacionales, sino, en general, de todos aquellos estudiosos del fenómeno del populismo en relación con el esclarecimiento conceptual del término como tal, pese a que dicha noción es empleada con bastante liberalidad en la arena de los debates políticos para denostar los movimientos políticos de corte clientelista que apelan a las emociones y el sentimiento de insatisfacción presente en las masas sociales, particularmente de aquellas regiones en América Latina, donde se presentan crisis de tipo socioeconómico.

Ahora bien, la relación entre populismo y Estado, no obstante, es posible establecerla si se toma en consideración que pese a la disparidad entre los autores respecto a una definición precisa de lo que el populismo implica y abarca, convergen en la exposición de puntos comunes, derivados justamente de las características del populismo, esto es, de sus especificidades y formas de eclosión en las diversas sociedades latinoamericanas.

En primer término, el populismo se presenta como un fenómeno que surge y se acentúa en Latinoamérica, pero no por ello se debe incurrir en el error de argumentar que se trata de un fenómeno exclusivo de esta región; en segundo lugar, el populismo se refiere a una necesidad frente a las insatisfacciones de la sociedad civil en materia de aspiraciones e inequidades presentes en la construcción misma del Estado y la forma como el Estado ataca esta necesidad o, en su defecto, trata de dar respuestas. En tercer lugar, y ligado a los dos factores ya mencionados, el populismo tiene cabida y lugar en tanto que persista la sensación de una crisis generalizada en los diferentes niveles de manifestación social, es decir, a nivel económico, político y humano en general, dentro de una nación, lo cual usualmente es más que evidente en regiones donde aún se busca el desarrollo socioeconómico de cara a lograr estados de bienestar; geográficamente hablando, este hecho se manifiesta de manera puntual en toda la región latinoamericana.

Se aclara entonces que ante este conjunto de hechos y elementos que configuran el escenario ideal para el surgimiento del populismo como fenómeno social, se debe observar, a su vez, que existen muchos líderes como movimientos populistas. Para el autor Oscar Simmonds, el populismo supone la excitación de sentimientos nacionalistas y la cohesión social que deriva de una concepción, según la cual, lo externo, todo aquello que sea exterior, se concibe como algo de cuidado, en cuyo caso, aquello que es de cuidado, se torna peligroso, y para el caso de América Latina, lo peligroso puede ser, por ejemplo, Estados Unidos, cuya política usualmente se manifiesta bajo formas veladas de imperialismo comercial o político.

De acuerdo con esta última observación, se debe señalar lo escrito por Oscar Simmonds: “Hecha esta advertencia, un elemento fundamental que se debe tener en cuenta frente a una posible definición conceptual del populismo latinoamericano es que este ‘estilo’ de gobierno tiende, en la mayoría de los casos, a privilegiar los asuntos internos a los externos. Es decir, los gobiernos matizados fuertemente por el populismo le dan un lugar preponderante a sus políticas de carácter interno, lo que influye de manera muy fuerte en sus agendas externas, de tal manera que estas últimas terminan por ajustarse, en buena parte de sus componentes, a las de nivel interno”. (Simmonds, 2013, pág. 8).

Y más adelante, en relación con el Estado, este mismo autor expone: “En una generalización de la experiencia populista, se asumió la idea de que el manejo público era ineficiente y tendía a la corrupción, por lo que se establecieron instituciones fiscalizadoras con el objetivo de vigilar los manejos públicos y privados”. (Simmonds, 2013, pág. 31).


Referencia:

Paliz, Fabián. (2003). El presidencialismo y la gobernabilidad en América Latina. AFESE. Asuntos Internacionales.
Simmonds, Oscar. (2013). Populismo, dictaduras y Estado en América Latina. Módulo de política latinoamericana comparada. Universidad Militar, Nueva Granada.
Stanley, Myriam. (2000). El populismo en América Latina.

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